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Paul McCartney, el Beatle tranquilo

John Lennon ha pasado a la posteridad como el principal genio creativo de los Beatles. Sus propias declaraciones contribuyeron a promover esa imagen: «Yo empecé la banda. Yo la disolví. Tan simple como eso». Paul McCartney siempre ha ocupado un lugar secundario, lastrado por la fama de blando y sentimental. La trágica muerte de John Lennon consolidó su condición de mito moderno. No ya sólo del pop, sino de la cultura, donde ocupa un lugar privilegiado como un espíritu inconformista, provocador y visionario. Su oposición a la guerra de Vietnam, su pacifismo militante y sus originales performances lo situaron más allá de la música, aproximándolo a una especie de santidad laica. Aunque algunas biografías han cuestionado esta interpretación, aireando sus flaquezas y sus miserias, el apego al mito ha prevalecido sobre cualquier intento de rebajarlo. Mientras tanto, la figura de Paul se ha mantenido en el plano de los mortales. Nadie ha negado su talento musical, pero su celebridad nunca ha disfrutado de una connotación mítica. Simpático, sencillo y avispado, podría ser el hijo de un vecino de escalera. Su éxito colosal produce asombro y quizás envidia, pero la fama no lo ha transformado en una leyenda. Podría ser el yerno perfecto, cariñoso y atento o, sencillamente, la estrella que no ha olvidado a sus amigos. ¿Verdaderamente es así? ¿Lennon debe ser recordado como un genio que ha trascendido el terreno de la música, y McCartney como un brillante compositor, pero con una mente mucho menos inspirada y una trascendencia artística notablemente menor?

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¡Qué noche la de aquel día!

Mi primer elepé –por entonces, no se hablaba de vinilos? fue Let It Be. Mi primer single –un formato maravilloso que desapareció hace mucho tiempo? fue ¡Qué noche la de aquel día! Aún conservo esas dos joyas, notablemente desgastadas por más de cuatro décadas de fervor musical. Todavía hoy, pincho de vez en cuando sus canciones en un viejo plato que desafía al tiempo, obstinándose en funcionar más allá de cualquier expectativa racional. Su sonido no puede competir con la tecnología digital, pero posee un encanto especial que permite rescatar recuerdos sepultados por el tiempo. No es la magdalena de Proust, pero se parece bastante. El single, comprado a principios de los años setenta en Galerías Preciados, contiene cuatro temas: «Tell my Why», «And I Lover Her», «I’ll Cry Instead» y «I’ll Be Back». En esas fechas, mis conocimientos de inglés no eran ni siquiera elementales, lo cual me ayudaba a disfrutar más de las canciones. Creo que aún no había visto Bienvenido Mr. Marshall, pero ya dominaba el inglés camelo. 

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