Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 10 de Enero. ¡Feliz Navidad!

Familias infelices

Es materia opinable si las familias felices se parecen unas a otras, o si las desdichadas lo son cada una a su manera, pero la infelicidad es fundamental en cualquier drama que se ocupe de esa difícil unidad humana. Si la infelicidad es un pesar pasajero, un escozor que incita a la acción, tendremos una comedia, que termine en boda y, por ende, en una nueva familia; si no hace más que ahondarse, o extenderse, tendremos una tragedia, que, por supuesto, comporta la destrucción de una familia: Medea acuchilla a sus hijos, Clitemnestra muele a palos a su marido, Fedra se cuelga tras la muerte de su hijastro, etc. Las tres obras reseñadas son de este segundo tipo, aunque no se limitan a la tragedia familiar. Artaud, al referirse a la suya, afirma hablar «no de hombres, sino de seres, que son cada uno como grandes fuerzas que se encarnan y que conservan del hombre sólo lo que hace falta para resultar plausibles desde el punto de vista psicológico». Es una manera un poco exaltada de decirlo. Otra sería que los personajes de las tres, como miembros de una célula cerrada, se hacen eco de dilemas políticos y morales propios de la sociedad en su conjunto.

Leer más »

Un perfecto europeo.
De la ópera a la novela

Por lo visto, el libro de Peter Stephan Jungk es un libro sobre Disney. Desde luego, no lo vamos a negar. Quien prefiera una novela histórica a una biografía, descubrirá muchas cosas sobre el tío Walt. El americano perfecto está hecho de ficción, pero también contiene mucha verdad. Los datos que revela Jungk se conocían, pero la forma de organizarlos es imaginativa y reveladora. Las criaturas fabricadas por Disney, lo sabe el mundo, son entrañables, pero Disney fue un señor un poco raro. Probablemente, el libro de Jungk conecta más con las biografías de Richard Schinkel y Bob Thomas. Pero eso es lo de menos. Lo interesante es que Jungk tiene mucha imaginación, y lo llamativo es lo que acaba haciendo con los hechos, a saber: recrea los últimos meses de la vida de un Disney que presiente, pero de algún modo niega, su propio final. Un Disney que se empeña en ser inmortal (aunque sea congelado), pero que, por primera vez, se ve obligado a mirar hacia atrás y, sobre todo, a mirar dentro de sí mismo (algo a lo que no estaba acostumbrado).

Leer más »

Estado de derecho y justicia popular

El otro día, hablando de todo lo que pasa, un jurista de mucho peso me hizo dos pronósticos asépticamente profesionales: lo mismo Bárcenas que Urdangarín saldrán ilesos de las causas que tienen pendientes con la justicia. Esto no conviene a nadie, ni a la Corona, ni al sistema de partidos, ni significa en absoluto que esos dos señores no hayan hecho muchas de las cosas detestables que la opinión les atribuye. Pero unas veces defectos de forma en la instrucción de la causa, y otras el carácter objetivo de las evidencias y piezas de convicción, podrían impedir que el malo –por llamarlo de alguna manera: no reúno sobre el asunto más información que la muy desordenada que publican los medios– reciba su merecido. ¿Decepcionante? Sí. ¿Evitable? Según y cómo. Veamos, por ir haciendo boca, qué ha de entenderse por «carácter objetivo de la evidencia».

Leer más »

Un cuento chino

Hace poco se ha traducido al inglés el Diario de un funcionario (The Civil Servant’s Notebook), de Wang Xiaofang. No es la primera traducción de una novela china escrita dentro del país, ni es tampoco la mejor de esa procedencia, pero los chinos la han comprado como si fueran rosquillas. Su éxito no es una sorpresa. La novela traza un retrato despiadado de su burocracia actual y el lector aprecia que tiene en las manos el testimonio de alguien que sabe de qué está hablando. Wang Xiaofang fue durante años un burócrata de mediana categoría que llegó a secretario privado (en España lo llamaríamos jefe de gabinete) de Ma Xiandong, un vicealcalde de Shengyang, la capital de la provincia de Liaoning, que en 2001 fue condenado a muerte por haberse jugado –y perdido– 3,6 millones de dólares de la hacienda municipal en los casinos de Macao.

Leer más »

El perfecto neocón

Walt Disney estaba convencido de que, después de muerto, su nombre dejaría de identificarse con él –un ser humano con sus sueños, sus obsesiones y sus logros– para pasar a ser, simplemente, el nombre de una empresa. Era algo que le inquietaba: creía haber logrado tantas cosas como individuo que diluirle bajo el nombre de una marca comercial sería una tremenda injusticia. No es que no se identificara con lo que nació como Disney Brothers Cartoon Studio y hoy es The Walt Disney Company: de hecho, aunque en ocasiones se distanciara del día a día de la compañía para refugiarse en los trenecitos eléctricos, creía que toda esa gran maquinaria empresarial no era más que una prolongación de su imaginación (disciplinada, eso sí, por el control financiero de su hermano Roy). Él había hecho el primer esbozo de Mickey Mouse, él había representado ante sus dibujantes todos los papeles de Blancanieves y los siete enanitos para que estos supieran cómo quería que hablaran y se movieran sus personajes, él subía a las atracciones de su parque temático en Los Ángeles para cronometrar la duración de los viajes y asegurarse de que la experiencia era perfecta. Pero estaba seguro de que era algo más que un artista y un patrón de empresa (la ambivalencia entre las dos cosas también le atormentó): creía ser un visionario tecnológico, un gran ideólogo, el fundador de toda una cultura.

Leer más »

Últimas publicaciones

Reseñas