ARTÍCULO

Relaciones personales

Mondadori, Barcelona
Trad. de Márta Komlósi
317 pp. 19 euros
 

Nos llega esta novela extraña sin que sepamos gran cosa de su autora, averiguamos que veterana no sólo por su edad sino también por su obra abundante. Nacida en Hungría en 1917, sus primeros libros aparecen a finales de la Segunda Guerra Mundial, momento a partir del cual, con el nuevo régimen, desaparece en el silencio de su trabajo como profesora y traductora. Resurge en los años sesenta, publica novelas, ensayos y poemas, y obtiene algunos premios literarios, tras lo cual es traducida en varios países. La puerta, relato semiautobiográfico de sus relaciones con la singular Emerenc Szeredás, su criada durante largo tiempo, apareció en 1987 y obtuvo en Francia el Premio Femina.
Comienza y finaliza la novela con la descripción de un sueño recurrente de la autora y protagonista, en el que aparece una puerta (la del propio domicilio en Budapest) «de cristal reforzado con alambres contra roturas», frente a la que tiene lugar un perturbador episodio de impotencia. La insistencia de la pesadilla, relacionada con otra puerta, la que guarda los secretos de la citada Emerenc, proporciona la medida de lo obsesivo que llega a ser el vínculo entre estas dos mujeres, pese a estar fundado en una relación en apariencia simple entre señora y sirvienta. Pero es que la segunda –de oscura procedencia campesina, aunque con unas extensas y varias relaciones sociales– resulta ser un personaje extraordinario y complejo, una mujer cargada de energía y de secretos, autoritaria y sagaz, inagotable y generosa, intransigente y comprensiva, extravagante hasta lo inverosímil.

En primera persona, a modo de relato confesional aunque también indagatorio de lo que acaba por ser todo un período crucial en la vida de su autora, la novela nos cuenta la evolución de ese vínculo entre ambas, cómo a partir del momento en que, por razones puramente pragmáticas, la anciana entra a trabajar (con numerosas y peculiares condiciones) en casa de la escritora, la vida de ésta experimenta una transformación radical, sin que sepamos a veces si para bien o para mal. Emerenc se convierte en la verdadera ama de la casa, juzga a su pretendida dueña, le organiza la vida, condiciona sus sentimientos y la obsesiona con los enigmas de su existencia, de su pasado, de sus gatos y otros animales, de su propia casa, en fin, en la que, tras arduos esfuerzos por ganarse su confianza, la escritora será el primer ser humano que traspase el umbral de la antecámara.

Szabó nos va pelando con buen pulso las capas de la cebolla que constituye la vida de Emerenc, al tiempo que indaga en sus propios sentimientos, reacciones y actitudes a propósito de ella, y es preciso decir que lo que más llama inicialmente la atención es el sometimiento, diríamos que rayano en lo patológico, difícil de creer pero sobre todo de aceptar, de la primera respecto a la segunda, aunque aquél resulta ser también uno de los atractivos del relato gracias a la sinceridad de la narradora y su talento literario para que el lector así lo perciba. Franqueza que la faculta para colocar ante nuestra vista, no sólo las seductoras interioridades y secretos, osadías y excentricidades de su criada-dueña, sino también las inseguridades, las dudas, obsesiones y flaquezas del ama-novelista, reducida a manos de Emerenc, pero merced a su propia agudeza como escritora, a un escasamente decoroso papel de satélite. Claro que, como no podía ser de otra manera, al final las cosas vuelven a su lugar, y la condición y la función sociales de la narradora acaban sobreponiéndose y restableciendo el orden debido que, por otra parte, la misma doméstica extraordinaria desea y termina por necesitar. De ese modo el rompecabezas se arma y la literatura cumple su «misión».Y siempre sobre las peripecias menudas a que asistimos, la amenaza, la desconfianza: la historia. Sin recuento ni descripción, los hechos terribles del pasado y del presente penden sobre las existencias individuales y marcan sus derroteros, aunque, en apariencia, nadie lo tenga particularmente en cuenta o le preste demasiada atención.

Esos y otros ingredientes, entre los que no es el menos relevante la propia ciudad de Budapest, no descrita pero presente en todo momento, el mundo humano que la compone, siempre de condición difusa, sugerido merced a unos cuantos personajes, nunca calibrado ni enjuiciado, visto con ese punto de vista casero, doméstico: todo ello compuesto con extrema delicadeza y aparente sencillez, lo que hace de ésta una novela singular y de sus personajes, seres perdurables en la memoria de quien los conoce en la lectura.

01/05/2006

 
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