ARTÍCULO

Lo dice el silencio

Seix Barral, Barcelona, 1998
125 págs.
 

En 1992 Rodrigo Rey Rosa vio publicados en España sus dos primeros libros, que alcanzaron de inmediato una entusiasta respuesta por parte de la crítica. Se trataba de Cárcel de árboles/El salvador de buques (relatos cortos) y de Elcuchillo del mendigo/El agua quieta (novelas cortas). Más tarde llegaron Lo quesoñó Sebastián (relatos, 1994), El cojobueno (novela corta, 1996) y Que me maten si... (novela corta, 1997), que también obtuvieron opiniones favorables en diversos suplementos literarios, en donde se señaló la concisión, la brevedad, la desnudez, la oralidad, la crudeza del estilo y la economía expresiva de este autor guatemalteco nacido en 1958.

Ninguna de las características mencionadas ha desaparecido de la prosa del autor. Este volumen, constituido por nueve relatos, que aparece ahora bajo el título de uno de ellos, Ningún lugar sagrado, resulta, si cabe, aún más directo, más despojado. El telón de fondo de las historias es el ambiente urbano de Nueva York –elemento que diferencia esta entrega de las anteriores, ambientadas en Guatemala–, y Rey Rosa, instalado en un punto de vista singular e irrepetible –único; he ahí una de las claves más importantes de su literatura y, más aún, de la literatura en su totalidad–, descubre para nosotros lo que creíamos haber visto y, sin embargo, aún no habíamos mirado.

El título del volumen es revelador. En él están implícitos el «qué» y el «cómo». Es decir, tanto el escepticismo lúcido frente a un mundo bárbaro como la respuesta verbal y literaria ante el mismo, que elimina todo lo superfluo. Por no tener el título no tiene ni verbo que lo termine. El lector puede –quizás debe– preguntarse: «ningún lugar sagrado... ¿qué?». La respuesta –el verbo–, podrá ponerla al final de la lectura, de la que no saldrá indemne.

Si es difícil encontrar las palabras y las imágenes con las que construir un mundo –literario–, no lo es menos, sin duda, seleccionar los silencios, las pausas. Y es probablemente en ese terreno en donde Rey Rosa alcanza su más asombroso logro –no hay más que leer y releer el estremecedor cuento titulado «La niña que nunca tuve»–, en su sabiduría para callar, para no decir y, no obstante, crear sentido, significado. Todos los cuentos admiten, por ello, diversas interpretaciones. Porque, a pesar del carácter aparentemente lineal de los argumentos, lo que dice el silencio es ilimitado.

Como en general todo libro de relatos, los hay más y menos conseguidos, pero a buen seguro también en este caso cada crítico establecería en un orden distinto su lista de preferencias. Sea como fuere, todos ellos son honestos y exigentes, literariamente responsables. Los lectores que todavía no conozcan la obra de Rey Rosa buscarán más de lo mismo cuando acaben de devorar Ningún lugar sagrado. Y los que sí, ya saben qué les espera.

01/02/1999

 
COMENTARIOS

kevin 19/07/14 22:53
me parece bueno

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