Tribulaciones de los chinos en China
Tenía que pasar varios días en Shenzhen y, aunque anteriormente había parado unas horas en la ciudad, sólo la conocía muy superficialmente. El tiempo justo para visitar a unos amigos o para un rápido paseo por la parte de la avenida Shennan donde se apiñan las atracciones turísticas: varios parques temáticos que tapan al Hexiangning, un mediocre museo de arte. Window of the World, Splendid China y China Folk Culture Village recuerdan al visitante que, si China es el imperio del centro, Shenzhen es el ombligo del mundo. En las cuarenta y ocho hectáreas de Window of the World, desde una diminuta torre Eiffel, puede verse todo lo que merece la pena en este bajo mundo. Y, en un par de horas, pasarse por el Taj Mahal, el Matterhorn y la isla de Pascua o la de Manhattan sin grandes fatigas. Splendid China sigue la misma lógica a escala nacional: salte usted del Templo del Cielo a la Gran Muralla y, de allí, en un pispás, al santuario tibetano de Potala, y así hasta los cien monumentos que se agolpan en sus treinta hectáreas.







