ARTÍCULO

Mare Nostrum

Plaza y Janés, Barcelona, 1997
307 págs.
Debate, Madrid, 1997
169 págs.
 

Creo que el título que el escritor valenciano Rafael Chirbes le ha dado a su libro ilustra bastante claramente su contenido, Mediterráneos. No estamos ante un libro de geografía descriptiva, ni ante un manual de historia, ni de geopolítica. Tenemos con nosotros una introducción a las diversas maneras de mirar y sentir el Mediterráneo. Rafael Chirbes encabeza Mediterráneos –un conjunto de artículos escritos expresamente para la revista Sobremesa, pero reelaborados para darles a los mismos un tono unitario– con una cita de Ferdinand Braudel. El gran historiador francés pide en la cita, para la lectura de su libro capital El Mediterráneo y el mundomediterráneo durante el reinadode Felipe II, una recreación casi novelística. Chirbes acepta la invitación y nos guía por sus personales mediterráneos, tal vez tantos como riberas hay, como puertos, playas o ciudades. Todos los que recorrió el viajero Chirbes, y todos los que dimensionó como novelista. El método analítico del autor de Momoun tiene que ver con el ojo del redescubrimiento, del viajero que sale al Mediterráneo a confirmar una pertenencia y del novelista que pone su escritura y su imaginación para la conservación de ese periplo que es siempre esencialmente interior. El viajero visita Roma, recala en Génova, se adentra en Creta, se sorprende en Alejandría, reencuentra Denia. Su mirada indica no una posición en el mapa sino la pertenencia a un lugar del Mediterráneo que vive como un descubrimiento, casi como un milagro. El libro de Rafael Chirbes marca la distancia que hay entre el turista y el flanêur, entre el que camina para buscar y el que lo hace para encontrar. Por ello puede Chirbes escribir un libro con la seguridad del que ha experimentado un hecho intransferible. A medida que leemos Mediterráneo nos vamos dando cuenta que más que el producto de una mirada, su libro es el resultado de una visión. El poeta arrincona al turista, pero también al arqueólogo. Este hermoso libro se escribió sobre la piel de algunos de los múltiples mediterráneos.

De muy distinto calado estético es El libro de Michael, un viaje por la historia de las civilizaciones mediterráneas, del periodista cántabro Fermín Bocos. Aquí no estamos ante la narración de una experiencia personal sino libresca, con un criterio compositivo abiertamente pedagógico. Lo que en Rafael Chirbes es sugerencia, indicación poética, en Fermín Bocos es prestación escolar, no a la manera cronológica de las aulas sino al estilo del mejor propósito humanístico, que debería ser también el de las aulas. El libro de Bocos basa su existencia en unas circunstancias ideales, probablemente bastante alejadas de la realidad de los hogares españoles: un niño, Michael, con unas ansias poco comunes de conocimientos y un padre –en segundo término la madre, cuestión que un tibio feminismo ya encontraría patriarcal-siempre dispuesto a saciarlos. En realidad, el texto –nunca mejor dicho– se sustenta sobre una articulación dialógica en la tradición de los diálogos pedagógicos al estilo socrático. Michael pregunta aquello que su padre siempre contesta con presta rapidez, precisión y afecto paternal. Tenemos, por tanto, un padre que oficia del maestro que todos quisiéramos para nuestros hijos, y un hijo que oficia del voraz insaciable alumno que todos los maestros quisieran tener en sus clases. De esta manera la historia humana que tiene como referente el mar Mediterráneo pasa por estas páginas con soltura y agilidad didáctica. En este sentido, El libro de Michael cumple su objetivo primordial, que creo que es el de transmitir no tanto lo que el padre de Michael sabe sobre el Mediterráneo, como el de comunicar el tono y las maneras de aproximar a los niños la historia antigua, fundamentalmente la griega, aunque igualmente podría tratarse de otros períodos o espacios históricos, e introducirlos en la lectura de los poemas homéricos.

Aquí tenemos, pues, dos propuestas distintas acerca de una realidad común. No hay manera de encontrar en estos dos libros complementariedad posible. Cada uno es producto de un enfoque diferente. Chirbes compromete su escritura en un proceso de reencuentro con sus mediterráneos. Fermín Bocos, pegado a la arqueología del Mare Nostrum, echa mano de un método de exposición pedagógica, que ya comienza a parecernos familiar, con unos resultados todavía improbables, pero que yo me atrevería a regalar a cualquier niño con ganas de saber que pasó en el mundo mucho antes de que se inventara la televisión.

01/04/1998

 
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