Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 10 de Enero. ¡Feliz Navidad!

El reino de Dios

«Duerma tranquila, buena gente, todo es absolutamente falso y lo demás está controlado», dice la introducción del primero de los cuatro libros en que se divide 2084. El fin del mundo, una distopía ambientada en un mundo que supuestamente ocupa un solo régimen: Abistán. El nombre significa «el país de los creyentes»: tiene una religión oficial, la veneración del dios Yöhla, y un líder político que ejerce de «delegado» de la deidad, Abi. De él se derivan el nombre del territorio y el idioma que se habla (la abilengua). Hay un libro sagrado, el Gkabul («aceptación»: también es el nombre que lleva el culto); el texto incorpora algunos fragmentos. El país surge de una victoria en una «Gran Guerra Santa», en la que oficialmente «el Enemigo» «desapareció sin más. Nadie consiguió jamás hallar en todo el país la menor huella de él, de su miserable paso por la tierra. La victoria había sido “total, definitiva, irrevocable”, tal como se anunció oficialmente».

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Una visión histórica de la España de ahora

Este libro de Guillermo Gortázar ilustra a la perfección la idea de que la historia se escribe no tanto por curiosidad sobre el pasado como por una honda preocupación por el futuro, lo que al fin y a la postre, no es sino lo que de ella esperaba Cicerón, que nos enseñase a vivir. Se trata de un nobilísimo intento de dignificar y ampliar el debate político en el que nos movemos, tratando de encontrar las raíces de nuestros errores un poco más allá de lo que, bajo la niebla de un partidismo tan ciego como deshonesto con el interés común, suele considerarse de oficio.

Gortázar comienza su análisis partiendo de una circunstancia del presente, que bien podemos considerar histórica: el hecho de que cerca de nueve millones de votantes, un 34% del censo electoral, dieron la espalda en noviembre de 2015 a los partidos que se han alternado durante los últimos treinta años al frente del gobierno, tras el período que, muy estrictamente, conocemos como la Transición, que terminó en 1982 con el histórico triunfo del PSOE de Felipe González.

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Juan Luis Cebrián y el poder (aunque sólo sea el cuarto)

Estuve secuestrado por un comando de ETA dirigido por Arnaldo Otegui entre el 11 de noviembre y el 12 de diciembre de 1979. En algún momento del secuestro, y seguramente en su tercio final –durante aquel mes no tuve una noción exacta del tiempo transcurrido, privado como estaba de reloj, noticias o luz del sol?, los terroristas me transmitieron un mensaje de Juan Luis Cebrián, entonces director de El País, en el que mi antiguo y fraternal amigo me pedía que le concediera una entrevista para publicar en el diario. El mensaje incluía unas preguntas escritas y una referencia a Loredana Medeot, joven italiana que habíamos conocido ambos en Trieste en el verano de 1963 y cuyos castos favores nos habíamos disputado ambos. La mención de la italiana servía de contraseña identificadora. Ningún otro que no fuera Juan Luis podía conocer aquella historia y el nombre de su protagonista. 

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