ARTÍCULO

Los escritos de Gaudí

El Acantilado, Barcelona, 336 págs.
Laura Mercader (ed.)
 

Lo que debería ser una obviedad, algo normal, perfectamente posible, o sea, un libro sobre Gaudí para leer y aprender, y sin ilustraciones de colores rabiosos, se convierte en una excepción extraordinaria, en un auténtico atrevimiento. Sabemos que cuesta, y mucho, tal como están las cosas, intentar acercarse a la obra de Gaudí con intenciones científicas y con deseo de conocimiento, sin dejarse llevar por las leyendas de las que viven sus cuentistas, sin detenerse en los prejuicios que lo rodean, sin ceder a las presiones de los intereses que hacen de él una mina de tesoros económicos, ideológicos y políticos, y que lo han convertido en un objeto ideal de propaganda, de poder y de ignorancia interesada. Por eso tenemos que saludar, en primer lugar, la llegada de este libro.

En segundo lugar, porque los escritos de Gaudí habían sido hasta ahora, y salvo excepciones extraordinarias, tratados con una actitud que como mínimo deberíamos calificar de descuidada. Se habían publicado fragmentariamente, la mayoría de las veces sin un trabajo crítico que aclarase la situación de los manuscritos y sus referencias, o bien mezclados con las palabras de Gaudí que en forma de aforismos habían transmitido sus discípulos –o deberíamos llamarlos apóstoles y hablar de «la palabra»– como si de un oráculo se tratase, sin distinguir unas cosas de otras.

En dos ocasiones se había intentado reunir en un volumen la mayor parte de su producción escrita. Pese a sus méritos, el libro de Puig Boada (El pensament de Gaudí, Barcelona, 1981), además de traducir todos los textos al catalán y de su falta de aparato crítico, acababa dando más importancia a esos aforismos apócrifos a los que me refería arriba que a los textos propiamente dichos, de ahí que el título se refiriese, justamente y de un modo tópico, al «pensamiento» de Gaudí, y no a sus escritos; y el de Marcià Codinachs (Antoni Gaudí. Manuscritos, artículos, conversaciones ydibujos, Murcia, 1982) no era más que un resumen sucinto del anterior, injustificadamente incompleto, con los textos arbitrariamente recortados y sin indicación alguna de las fuentes.

Frente a esta situación, el libro de Laura Mercader tiene la virtud, entre otras muchas, de la discreción y el discernimiento. Con un criterio lógico, ni siquiera ha considerado los «aforismos» y las «conversaciones», tan queridas para los constructores del Gaudí anecdótico, popular y un tanto freak al que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación, y ha eliminado también los textos que, aunque se han venido atribuyendo a nuestro arquitecto durante mucho tiempo, e incluso con entusiasmo, parecen claramente no pertenecerle, añadiendo, sin embargo, nuevos documentos inéditos. Además, y a pesar de las dificultades que, como la misma autora reconoce, ello comporta, ha intentado distinguir entre los «escritos» y los «documentos» a los que se refiere el título, lo cual, frente a una producción «teórica» tan parca como la de Gaudí, resulta extraordinariamente útil, pues sirve para poner de relieve su actitud ante la escritura en los distintos momentos de su carrera, al principio entendida como medio de reflexión y conocimiento, y al final relegada a instrumento puramente funcional, casi funcionarial (y es impresionante ver, a este respecto, cómo en los «documentos» de su juventud Gaudí parece más interesado por el estilo, es decir, por el poder y la elocuencia de las palabras, de lo que lo estará luego en sus «escritos» de madurez). Y, en fin, con este libro tenemos por vez primera una edición crítica de la totalidad de los escritos conocidos de Gaudí, ya que, al contrario de lo que habían hecho sus predecesores, Laura Mercader ha contrastado los textos y los ha anotado, informándonos con precisa erudición de las fuentes, las referencias, los nombres o las fechas que en ellos aparecen.

Pero si desde ese punto de vista la edición de Laura Mercader es impecable, la presentación del libro, en cambio, resulta algo decepcionante por su convencionalidad y su falta de ambición. Hay, en efecto, una cosa muy importante que el libro de Laura Mercader podía haber hecho –o, al menos, podía haber planteado– y no hace: poner esos escritos en relación con la «mentalidad» artística de Gaudí y con su propia obra, o, por decirlo claramente, interpretarlos. Los escritos de juventud de Gaudí contenidos en el que la autora llama «Cuaderno de notas» y, sobre todo, dentro de ese cuaderno, los apuntes sobre ornamentación, fechados en 1878, son absolutamente esenciales para conocer el modo en que se forma y «funciona» esa mentalidad artística, y me atrevería a decir que toda la obra de Gaudí está marcada por el aprendizaje que puede deducirse de esos escritos. Sin embargo, para haber valorado eso, la autora debería haber sido más comprensiva –digámoslo así– con respecto a las aportaciones de la bibliografía, más bien heteróclita, que cita, y más desprejuiciada con respecto a la clasificación esquemática y apresurada que hace de la misma. Así, cuando habla de cómo la visión de un Gaudí misteriosamente genial ha impedido la valoración de sus textos saca a colación el libro de Tokutoshi Torii (El mundo enigmático de Gaudí, Madrid, 1983), como ejemplo más bien despreciativo de los «títulos que se multiplican en la bibliografía gaudiniana», sin tener en cuenta que el libro de Torii, precisamente, es el estudio más importante –yo diría incluso monumental: véase el impresionante material reunido en el segundo tomo de ilustraciones– de que disponemos respecto a las fuentes literarias y visuales de Gaudí, absolutamente imprescindible, por tanto, para comprender el sentido –y la atmósfera– de sus «escritos y documentos». O cuando justifica, debido a la dificultad de acceso a las fuentes, que «las últimas aportaciones (de la bibliografía gaudiniana) tampoco se hayan auxiliado de los textos de Gaudí», ignorando, entre otros ejemplos posibles, un libro mío que ni siquiera considera en su bibliografía (Antoni Gaudí.Arquitectura, ideología y política, Milán, 1992: espero que el lector pueda perdonarme esta debilidad), en el que establezco abundantes relaciones entre textos y obra, y en el que analizo concretamente los apuntes sobre ornamentación poniéndolos en relación directa con la cultura visual de Gaudí y con los mecanismos compositivos de sus primeras obras. Sin duda, la atención a los documentos es importantísima y, frente a ella, el libro de Laura Mercader cumple con creces sus objetivos, pero tan importante como eso es no dejar de lado todas aquellas cuestiones que hacen que los documentos «vivan» y «hablen»: las que, en definitiva, les dan importancia.

Esta edición crítica de los escritos y documentos de Gaudí, muy valiosa por las razones que ya hemos dicho, era, en fin, necesaria, pero no es suficiente. La autora, sin embargo, nos advierte de que sus investigaciones no han terminado, y nos promete nuevos documentos y nuevas publicaciones. Confiemos en que lleguen pronto; sin duda esa será la ocasión para poner en relación todos los elementos que conforman el complejo rompecabezas de la cultura de Gaudí, y para intentar explicar –apasionadamente, desde luego– el porqué de «lo que falta».

01/06/2003

 
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