ARTÍCULO

La obra de un estilista

Siruela, Madrid, 1998
256 págs.
 

Desde que Bernardo Atxaga comenzó a realizar sus abecedarios, resucitando una vieja técnica medieval, ha sido largo el camino recorrido, y, ahora, en el libro Lista de locos y otros alfabetos se han reunido algunos de los artículos realizados con esa técnica. Es bien cierto que el alfabeto ha servido como un instrumento para describir una realidad cambiante, a veces circunstancial, como la presentación de un libro o la redacción de la introducción al catálogo de un pintor, por lo que el libro puede dar la primera impresión de haber servido como una exposición de los más relevantes elementos redactados con tal técnica. Sin embargo, Atxaga muestra nuevamente una cierta sabiduría, un raro instinto en el oficio de la escritura que le ha llevado a profundizar en el género.

Para juzgar en su justa medida ese artefacto que es el alfabeto utilizado como hilo conductor de una narración, deberíamos recordar los antecedentes en la vanguardia del escritor vasco, y pensar en la relación existente entre el alfabeto y los artefactos de la escritura puestos en marcha por el grupo Oulipo. En el comienzo de su escritura Bernardo Atxaga se mostró como un vanguardista histórico, presto a experimentar con la escritura. Más tarde ha atemperado su pacto con el lector, pero esta Lista de locos yotros alfabetos es una muestra de que la pasión por la experimentación literaria no ha acabado, aunque el pacto se ha dulcificado.

Es posible ver aún el rastro de aquella experiencia vanguardista en el interés por los locos en este texto, si no fuera porque la locura que aquí se describe refleja, en el fondo, la expresión del autor sobre la posibilidad, puesta de manifiesto en el surrealismo, de las posibilidades de encontrar en la cotidianidad mundos creados por la imaginación.

En cualquier caso, la excusa técnica de la escritura de los alfabetos ha ido evolucionando. Si las letras son las estructuras mínimas con las que trabaja un autor, parece que esos personajes mínimos, que, al principio, sólo eran un hilo conductor, han ido tomando cada vez más cuerpo, como esos personajes que se rebelan ante el autor y van tomando derroteros imprevistos y ganando en autonomía.

Este libro contaba además con una dificultad añadida en su versión al castellano: la adecuación de las aliteraciones, la búsqueda de versiones de forma que la A fuera seguida de palabras que comenzaran con A, o que la E sólo hablara con palabras que comienzan con su letra. En ese paso, en la realización de la versión es donde Bernardo Atxaga ha mostrado su capacidad de escritor, la capacidad de invención, y su mano de estilista.

01/02/1999

 
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