ARTÍCULO

El tigre, la golondrina y el guardia civil

Destino, Barcelona, 1998
244 págs.
 

Lorenzo Silva sabe crear personajes con garra, seres que inmediatamente se liberan de los tópicos a los que, en principio, parecen condenados por su incardinación social. Si en su anterior novela, La flaqueza del bolchevique, la peripecia de un joven ejecutivo se abría, sin estridencias, a una hermosa fábula sobre la culpa y la redención, en la obra que ahora nos ocupa el protagonista es un poco convencional sargento de la Guardia Civil, licenciado en Psicología y portador de un apellido (Bevilacqua) tan sonoro como poco cañí. Éste, acompañado por la joven guardia Chamorro, acude a Mallorca para esclarecer el asesinato de Eva Heydrich. La astuta indagación del sargento y su ayudante confirmarán el presentimiento de que nada es lo que parece.

Después de este planteamiento argumental, es lógico preguntarse dónde se produce el desmarque respecto a las convenciones del género policiaco. Las peculiaridades del investigador (en la que cabe incluir, sin duda, su pertenencia a la Benemérita) no suponen ninguna garantía de originalidad: de hecho, disfrazar de otra cosa al consabido detective es ya un ingrediente más de la receta. Por otro lado, la sustancia de la trama y su decurso se ajustan perfectamente a los cánones del género. Sin embargo, hay un aspecto en el que la novela trasciende el objetivo de la tensión argumental, el simple juego de hipótesis y sospechas. Me refiero a la capacidad de sugerir, de dejar esbozados abismos privados, de impregnar de la melancolía o de ebriedad unas circunstancias tan poco propicias como las que rodean un crimen sórdido y estéril. Se trata de momentos breves y de impresiones tan escurridizas como ciertas: la pasión por las estrellas de la fría Chamorro, ciertos instantes de la relación entre ésta y Bevilacqua, o el respeto del sargento por el brigada Perelló, en el que se transparenta una nostalgia de un tipo de hombre recto y de «ademanes graves», que es a la vez, si se me permite la expresión, una nostalgia ética y estética.

Pero donde más claramente se bordean territorios muy ajenos a la tramoya policiaca es en la historia, o mejor, en la figura de Eva Heydrich. Su ex amante y presunta asesina, Regina Bolzano, la define a través de una imagen de Virginia Woolf: «Y el tigre saltó, mientras la golondrina se mojaba las alas en oscuros estanques, al otro lado del mundo» (pág. 158). Y es que conforme progresa la investigación la personalidad de la difunta va cobrando relieve y atractivo, precisamente porque en ella convivía –y posiblemente no en armonía– esa contradicción simultánea de la metáfora: era la bestia hermosa y cruel con quienes la rodeaban, y era también (tal vez era esencialmente esto) el pájaro que guarda su alma en una región oscura e inaccesible a todos. Al final el lector percibe que Eva Heydrich ha dejado de ser un mero resorte de la trama y ha pasado a convertirse en una presencia mítica a la que acuden quienes tuvieron la suerte y la desdicha de conocerla para buscar significados.

A pesar de todo lo dicho, El lejano paísde los estanques no tiene ese claro aliento de «fábula metafísica» de la anterior novela de Lorenzo Silva. Aunque su autor haya sido capaz de inocular en ella elementos que posibilitan otras lecturas, estamos, digámoslo con claridad, ante una novela policiaca con todas las de la ley. En este sentido funciona con la perfección y la seguridad de una máquina bien diseñada: la dosificación de pistas y sospechas, la alternancia de clímax y distensiones, la oportunidad con que irrumpe lo imprevisto y, sobre todo, la agilidad y el ingenio de los diálogos, son algunas de las virtudes que atestiguan la habilidad técnica de Silva, su dominio del oficio. No obstante, uno siempre espera algo más que el buen funcionamiento de la máquina y, si acaso, algún disparo ambicioso. Lorenzo Silva ha dado muestras de querer y saber ir más allá, sobre todo con esa alegoría de estirpe kafkiana que es La sustancia interior. Esperemos que su trayectoria literaria elija el camino de aquella segunda novela.

01/11/1998

 
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