ARTÍCULO

La División Azul: cuarenta mil voluntarios contra el estalinismo

 

La intervención española en la Segunda Guerra Mundial fue insignificante. Españoles republicanos lucharon con las tropas de la Francia Libre de De Gaulle hasta la liberación de París; un grupo muy pequeño combatió en el Pacífico contra los japoneses, formando parte del ejército de los Estados Unidos; la unidad más numerosa estuvo en las filas de la Wehrmacht contra los soviéticos en el Frente del Este. De estos grupos de excombatientes, sin lugar a dudas, el que más atención y publicaciones ha provocado es el último, el de los voluntarios de la División Azul.
La lista de libros dedicados a la participación de los voluntarios españoles nacionalistas en la última guerra mundial supera los doscientos cincuenta títulos: una bibliografía impresionante, sin contar otros numerosísimos libros que dedican alguno de sus capítulos al tema, para una única división de infantería española que combatió en un frente en el que las alemanas ascendían a 361. La España de Franco puso en las trincheras que sitiaban Leningrado dieciocho mil hombres al mismo tiempo, sumergidos en una masa de cinco millones de soldados alemanes.
El interés despertado por la División Azul se debe, sin lugar a dudas, a la atracción que para los investigadores y lectores tiene todo lo relacionado con el III Reich y la Segunda Guerra Mundial, a lo que se une el hecho de ser la única participación bélica oficial de la fascistizada y no beligerante España. Una intervención que estuvo además cargada de connotaciones románticas y de indudable heroísmo personal. Si a estos factores unimos el importante papel político que tuvo la División Azul y su primer jefe, el general Muñoz Grandes, como moneda de cambio del régimen franquista para evitar la intervención de España en la guerra al lado del Eje e, incluso, para alejar el fantasma de una más que posible invasión de la Península Ibérica por Alemania, no resulta sorprendente el interés que ha suscitado el tema.
Entre todo lo publicado destacan, de forma abrumadora, los libros de memorias y recuerdos de antiguos jefes, oficiales e incluso de simples soldados. La mayor parte de estas obras tienen escasa calidad e interés, ya que muchas son reiterativas y escasamente documentadas, aunque en ocasiones muy agradables y entretenidas de leer. De todos estos libros de memorias publicados son de destacar tres, por su indudable calidad e importancia: el del coronel Martínez Esparza, jefe de uno de los tres regimientos iniciales de la división, titulado Con la División Azul en Rusia (Madrid, 1943); el del falangista de la vieja guardia y soldado en la división Juan Eugenio Blanco, Rusia no es cuestión de un día... (Madrid, 1954); y, finalmente, el escrito por el que fue jefe de la división en su segunda etapa, el general y notable historiador militar Emilio Esteban Infantes, La División Azul (Barcelona, 1956). Es de lamentar que el general Muñoz Grandes no dejase escritas unas memorias de aquellos tiempos, obra que, sin lugar a dudas, tendría un valor e interés enorme para esclarecer muchas cuestiones aún escasamente conocidas y sometidas a debate historiográfico.
Junto a estas memorias son de destacar las monografías de Carlos Caballero Jurado, uno de los raros especialistas en historia militar de la Segunda Guerra Mundial existentes en España, al cual debemos obras como La División Azul en la Batalla de Krasny Bor (Valladolid, 2004), Cruces de Abedul (Alicante, s/f), El batallónfantasma, españoles en la Wehrmacht y Waffen SS 1944-45 (Alicante, 1987) y Escritores en las trincheras (Madrid, 1989), entre otras.
Curiosamente, sólo contábamos con un libro históricamente riguroso y de carácter general sobre la División Azul que afronta toda la historia de la intervención de los voluntarios españoles en el frente ruso y sus secuelas internacionales. Lo escribieron dos historiadores profesionales norteamericanos, Gerald R. Kleinfeld y Lewis A.Tambs, La División Española de Hitler (Madrid, 1983) y ha vivido en librerías y bibliotecas sin competencia, gracias a su calidad –al estar escrito a partir de premisas propias de profesionales de la historia– que, unida a una cierta admiración de los autores por los divisionarios, lo ha convertido en libro de obligada referencia, hasta el momento, para todos aquellos que quisieran acercarse o profundizar en la historia de la División Azul.
Esta situación ha cambiado con la aparición del trabajo de Moreno Juliá. Es necesario señalar que la historiografía española ha tardado más de veinte años en romper el monopolio de Kleinfeld y Tambs. Mucho tiempo si consideramos que el tema tiene un claro interés histórico, que existe abundante documentación, lo que no es poco, y que ha tenido y sigue teniendo un claro tirón de ventas. Este hecho puede imputarse a la aparente victoria, al menos en los departamentos de historia contemporánea de la universidad española, durante las dos décadas posteriores a la muerte de Franco, de la historia social y, en menor grado, política en detrimento de otras disciplinas y campos de estudio de la Historia, como los dedicados al conocimiento de la Segunda Guerra Mundial en sus diversas facetas y a la historia militar en general. Se trata de una realidad universitaria alejada de un número enorme de lectores ávidos de libros sobre todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial, que satisfacían su interés generalmente con libros de historiadores extranjeros. El libro de Moreno Juliá viene así a cubrir una necesidad que la historiografía española demandaba y, lo que es más importante, que el mercado ha revalidado.
Desde el principio hasta el final del libro puede observarse que es el trabajo de un historiador profesional, lo que lo hace diferente de la práctica totalidad de lo publicado en España, con la excepción ya señalada de La División Española de Hitler, tanto por su ambicioso plan como por su rigor, exhaustividad, documentación y novedoso tratamiento de algunos temas.
El autor conoce a la perfección la bibliografía existente sobre la División Azul, así como el papel internacional que desempeñaron los soldados españoles en Rusia para el régimen de Franco durante la Segunda Guerra Mundial. Ha unido de forma inteligente y eficaz la faceta política y las campañas militares en que participa la División Azul que, hasta la fecha, eran tratados separadamente por los diferentes escritores, que rehuían unir ambas caras de la historia divisionaria: por un lado, temas como el reclutamiento de los voluntarios, su entrenamiento en el campamento alemán de Grafenwöhr o su participación en batallas como las de la Bolsa del Voljov; por otro, la complicada actuación diplomática española, de Franco y sus ministros Serrano Súñer y Jordana, para evitar la entrada de España en la guerra, las acciones para neutralizar la más que plausible invasión de la Península Ibérica tanto por los aliados como por Alemania, o las medidas adoptadas por Franco para controlar las conspiraciones de generales y falangistas germanófilos partidarios de forzar la entrada en la guerra de España a favor del Eje.
Moreno Juliá, a lo largo de cinco extensos capítulos, nos da una visión completa de lo que fue y lo que supuso el hecho de que cuarenta mil españoles fuesen a luchar a Rusia junto a la Alemania nazi contra el comunismo estalinista. Lo hace de una manera amena, rigurosa y profesional, demostrando que se puede ser un buen historiador sin necesidad de aburrir al lector, haciendo accesible e interesante lo escrito tanto para el público en general como para el estudioso e, incluso, para el especialista. De su mano nace un tipo de libro de historia que no abunda en nuestras librerías y al que parecen no querer acercarse los historiadores profesionales, que no comprenden que los buenos libros no sólo tienen que escribirse, sino también leerse.
El primer capítulo resulta de enorme interés, ya que trata la realidad de la España de la época y las implicaciones que la política exterior alemana, su embajada en Madrid y los embajadores británico y norteamericano acreditados ante Franco tuvieron en la decisión del Caudillo de enviar una unidad de voluntarios a luchar a Rusia, a cambio de que España no entrara en la Segunda Guerra Mundial a favor del Eje. Con minuciosidad, fruto del ya citado conocimiento de la bibliografía –libros como el de Klaus-Jörg Ruhl, Franco, Falange y III Reich (Madrid, 1986)– y de la documentación española y alemana, explica la evolución política del régimen de Franco y su lento cambio de posición, siempre prudente y medida, en sus relaciones con los dos bandos enfrentados en la guerra. Todo ello está narrado dentro de una buena contextualización cronológica de los cambios militares que van produciéndose en la guerra y los que paralelamente tienen lugar dentro de los grupos de poder de la España nacional, dando todos los datos necesarios para la perfecta comprensión del proceso, pero sin aburrir al lector con un exceso de erudición y notas a pie de página.
En «La génesis de la División Azul», el segundo capítulo, trata del reclutamiento de los primeros divisionarios. Es de destacar el análisis día a día de la etapa que va del 22 junio al 2 de julio, período en que se produjo la génesis de la primera División Azul. Tanto en este capítulo, como en el posterior, «La campaña militar de la División Azul», se observa una cierta falta de comprensión del espíritu que animaba a los divisionarios, de los motivos que llevaron a cuarenta mil voluntarios a dejarlo todo e ir a morir a Rusia, un espíritu que sí queda perfectamente reflejado en la mayoría de los abundantes libros de memorias y testimonios dejados por los divisionarios. Igualmente se echa de menos cierto tratamiento bélico de los combates y operaciones militares de los divisionarios, algunas de ellas una exhibición de valor –como el combate de la Posición Intermedia del 27 de diciembre de 1941–, descritas por el autor en muy breves líneas y con una frialdad excesivamente académica que quita realismo a los hechos y, sobre todo, impide al lector sumergirse en la dureza que para los combatientes de uno y otro lado tenía el frente ruso: una realidad que, si no se aprecia en su plenitud, en todo su realismo, impide valorar un campo de batalla como el de los aledaños de Leningrado, en el que se vivía y se luchaba durante muchos meses al año a treinta y cuarenta grados bajo cero.
Son, sin lugar a dudas, los capítulos cuarto y quinto, «La retaguardia de la División Azul» y «El precio de la División Azul», donde el autor nos aporta un material nuevo, casi desconocido, y en los que se observa su mejor buen hacer de historiador. El lector habitual del tema encontrará en estas páginas finales, así como en el muy interesante apéndice documental, una gran cantidad de información, perfectamente enlazada y estructurada, que le permitirá conocer nuevas visiones que hasta este momento apenas podían encontrarse en los libros publicados –únicamente de forma sesgada, parcial, de pasada– y que ayudan a comprender plenamente el hecho histórico que supuso la División Azul: el precio humano, la situación de los enfermos, heridos y mutilados y repatriados; la escasez de desertores; el precio asistencial y los haberes de los divisionarios hasta la actualidad; el coste en sangre y dinero que supuso para España la división, etc.
En resumen, podemos decir que el libro de Moreno Juliá, al día de la fecha, es la mejor obra de conjunto de todas las publicadas sobre la División Azul. Un trabajo riguroso al tiempo que fácil de leer, repleto de datos y análisis novedosos y, sobre todo, que no cae en el error de escribir una historia de buenos y malos sino que, sencillamente, hace lo más difícil: nos cuenta lo que ocurrió de una forma profesional y rigurosa, lo que no impide que el autor tenga su propio juicio sobre los sucesos y personas que estudia, aunque sin caer en la reescritura de la historia y el juicio fuera de lugar. La División Azul. Sangre española en Rusia, 1941-1945 pasa a ocupar por derecho propio el título de libro de referencia y de obligada lectura para todos aquellos que quieran conocer la aventura divisionaria en su totalidad, así como las implicaciones internacionales e interiores que tuvo para España y el régimen de Franco el envío de una unidad de falangistas y militares para luchar junto a la Alemania nazi contra la Unión Soviética.

 

01/06/2006

 
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