ARTÍCULO

Entre Daguerre y Montparnasse

Circe, Barcelona, 208 págs.
Trad. de Anna Becciu y Ana María Moix
 

«Gisèle vivía en París, en la calle Lalande, una callecita tranquila del distrito XIV, entre el cementerio de Montparnasse y la animada calle Daguerre». Rauda Jamís nos lo cuenta en el prólogo de su libro sobre Gisèle Freund (19082000), publicado por Circe. Jamís es periodista y escritora y ha publicado con éxito las biografías de Frida Kahlo y Artemisia Gentileschi Circe parece interesarse por las biografías de mujeres. Ejemplo de ello son las de estas dos pintoras, así como la de Tamara de Lempicka, las de las fotógrafas Lee Miller y Diane Arbus o las de Jane Austen, Barbara Hepworth y Susan Sontag.. En este caso tuvo la inteligencia de ceder la palabra a Gisèle Freund, que entonces tenía ochenta y nueve años, y se limitó a formular las preguntas que estructuran lo que viene a ser una autobiografía de la fotógrafa más que una conversación propiamente dicha.

Gisèle vivía entre Daguerre y Montparnasse, tal como discurrieron su obra y su vida, en un ir y venir entre los tiempos heroicos de la historia de la fotografía y la vida de la bohemia y la intelectualidad. De esos tiempos heroicos asimiló la práctica del retrato fotográfico y la mayor parte de las actitudes que reflejó en su obra práctica y teórica, en un ejercicio de coherencia propio de todos los aspectos de su vida.

Sus retratos de escritores nos han dado la imagen que todos conservamos de James Joyce, de Virginia Woolf o de André Malraux. Al realizarlos siempre tuvo en mente al fotógrafo que más admiró Gisèle Freund publicó un artículo titulado «Nadar, el hombre y su tiempo» en la revista Les Lettres Françaises (nº 817, p. 7) el 24 de marzo de 1960. Aparece traducido al castellano en el catálogo de la reciente exposición Gisèle Freund. El món i la meva càmera (Diputación de Barcelona, Barcelona, 2002), que pudo visitarse, entre julio y noviembre de 2002, en el Centre de Cultura Contemporènia de Barcelona.: Nadar. Siguiendo sus pasos construyó su particular Panthéon Freund. Le fascinaba la época en que el retrato era un truco de magia en el que participaban por igual modelo y fotógrafo. El prolongado tiempo de exposición, la luz precisa y las condiciones adecuadas que exigían se requerían igualmente para imprimir la película de color que Gisèle comenzó a utilizar en cuanto pudo encontrarse en el mercado.

Durante un breve período de tiempo, cuando la técnica fotográfica apenas daba sus primeros pasos, no se habían establecido los posteriores clichés que pretendían parangonar la fotografía con la pintura y que tanto tardaron en superarse. La simplicidad que se aprecia en la obra de Nadar, su forma de resaltar los rasgos de la personalidad del retratado a través de la sutil composición, tenía para Gisèle una explicación sociológica y representaba una serie de actitudes de carácter más general a la hora de enfrentarse a la fotografía. Desde el punto de vista sociológico, que tanto le interesaba Estudió sociología en la Universidad de Friburgo y más tarde en Fráncfort, con Theodor W. Adorno, Karl Mannheim y Norbert Elias. Por su oposición activa al régimen de Hitler tuvo que abandonar Alemania. Una vez en París, donde ya antes había pasado un semestre como estudiante, se matriculó en la Sorbona y orientó sus investigaciones sociológicas hacia la fotografía., la fotografía había supuesto la democratización del retrato. La necesidad de verse representado quedó cubierta para un abanico social mucho mayor gracias a esta técnica accesible y barata. Pero la invención del fotomatón vuelve a convertir el retrato en un lujo. Ya no todo el mundo puede permitirse ir al fotógrafo, y se produce una crisis en el oficio. Los retratistas se ven doblegados por el gusto del modelo y pierden libertad. El desarrollo artístico de la fotografía queda en manos de los aficionados. Éste es el tema de la tesis que Gisèle Freund defendió en La Sorbona en 1936, bajo el título La fotografía y las clases medias en Francia durante el siglo XIX La traducción de su tesis al castellano fue publicada por la Editorial Losada S.A., en Buenos Aires, en 1946., con Walter Benjamin entre los asistentes. Fue éste el primer trabajo académico dedicado a la fotografía y el primero en enunciar un concepto, el de la democratización, que aún parecía novedoso en los setenta, cuando Susan Sontag publicó su famosa compilación de textos Sobre la fotografía Sontag, Susan: Sobre la fotografía. Edhasa, Barcelona, 1981. Traducción al castellano de: On Photography, publicado en 1973..

Gisèle Freund acometió su labor fotográfica intuitivamente, actitud que heredó de esos primeros tiempos que tanto admiraba. En diversas ocasiones, no sólo en esta autobiografía, ella ha insistido en que la fotografía no es un arte. Desde su punto de vista pocas imágenes logran trascender, soportar el paso de los años y fijarse en la memoria colectiva. Entre estas excepciones está, como paradigma absoluto, la Gioconda, y también algunos de los retratos de Nadar. El planteamiento previo a la cuestión de si la fotografía es o no arte se hallaba en las reflexiones de Benjamin: hasta qué punto la nueva técnica ha alterado el carácter del arte. Gisèle Freund se centró en el carácter experimental de la práctica fotográfica para obviar todas estas cuestiones. Le interesaba más bien en tanto que ciencia de la observación, una especie de rama científica que le permitía hacer averiguaciones acerca de su entorno y de sus semejantes desde un nuevo punto de vista.

Y, además, quería mostrar los resultados. Es revelador el capítulo en el que nos cuenta la primera proyección fotográfica que organizó. Fue en 1939, en La Maison des Amis des Livres, la mítica librería de Adrienne Monnier. Ante un público estupefacto e incómodo proyectó sus retratos sobre una sábana sujeta a una estantería. Fue un adelanto de las ahora habituales proyecciones que programan los festivales fotográficos de todo el mundo. El rostro es lo primero que percibe de nosotros cualquiera que nos crucemos por la calle y también la parte de nuestro cuerpo que estamos inhabilitados para contemplar, y esta idea le encantaba. La imagen que tenemos de nosotros mismos y la que vemos en nuestro retrato raramente se corresponden y por eso vernos en fotos nos disgusta tanto como a aquellas primeras víctimas del retrato en color.

Otra de las actitudes que heredó de los pioneros de la fotografía fue su capacidad para acometer los temas de forma directa, sincera, libre de prejuicios. Esta llaneza nos sorprende en sus retratos, en sus reportajes y en la forma en que narra su intensa vida. La claridad con que expone hechos y toma fotografías implica mucha sutileza. Ni en unos ni en otras hallaremos explícitas las reflexiones profundas y sentimientos apasionados que sin duda tuvo. Pero siempre nos fascinarán sus elocuentes silencios, su deliciosa forma de escabullirse refugiándose en lo práctico.

En La fotografía como documentosocial, escribió refiriéndose a Nadar: «Pero lo que más importa, ante todo, es que se hallaba unido a sus modelos por relaciones personales y amistosas. Su interés, muy personal, le ligaba al destino y al desarrollo artístico de cada uno de ellos. Las relaciones entre el fotógrafo y el modelo no se veían aún turbadas por el problema de los precios» Freund, Gisèle: La fotografía como documento social. Colección GG Mass Media, Gustavo Gili S.A. Barcelona, 1993, p. 41. Traducción al castellano de: Photographie et Société. Editions du Seuil, París, 1974. Este libro se convirtió rápidamente en un manual de uso común entre los estudiantes de historia de la fotografía y hoy en día continúa utilizándose. A ella le divertía saber que la mayor parte de sus lectores desconocían que ella fuese fotógrafa.. Gisèle Freund conoció bien a la mayoría de sus modelos, leyó sus obras y les dio conversación mientras les retrataba, de forma que sus fotografías transmitieran la naturalidad de la charla. Espigaba segundos brillantes entre los miles que conformaron horas de tertulia. Cuando llegó a París desde su Alemania natal ya conocía a gran parte de los miembros del grupo surrealista y rápidamente se hizo un hueco entre los intelectuales parisinos de izquierdas. Al resto de sus amigos los conoció a través de Adrienne Monnier y de Silvia Beach en la Shakespeare and Co. Ambas forman parte de la larga lista de mujeres con las que se relacionó. Mujeres brillantes, trabajadoras, cultas, estrafalarias, ricas, pobres, de todo menos corrientes. Mujeres que fueron sus amigas y que, como ella misma, llevaron vidas fuera de lo común en una época, la primera mitad del siglo XX, en la que la mujer comenzaba a desempeñar un papel menos tangencial en el mundo de la cultura.

Victoria Ocampo la rescató de Saint Sozy, el pueblo francés de la región del Lot en el que pasó dos años refugiada, viviendo y trabajando en el campo. Le pagó un pasaje a Buenos Aires e hizo posible el comienzo de sus viajes por América del Sur. En esos años, a partir de 1940, se dedicó casi en exclusiva a su labor como reportera. Viajaba, hacía amigos, investigaba a través del objetivo y vendía sus reportajes a la Agencia Magnum, para la que trabajó desde su fundación durante siete años. Ocampo le abrió las puertas de la alta sociedad bonaerense y gracias a ella hizo uno de sus trabajos más famosos, el reportaje sobre Eva Perón para Life. Fue un escándalo absoluto y terminó provocando su salida de la agencia. Lo mismo que sus retratos, sus reportajes fueron otro tipo de crónica, más amplia, de contexto. Crónica de una época y de sí misma. Fue capaz de encontrar temas de inspiración en los lugares donde decidió vivir y de construirse una vida en los lugares a los que le llevó su trabajo. Para ella todo estaba relacionado, la política y el arte, la vida social y la vida intelectual. Sus reportajes nos hablan de una carrera activa y viajera y nos dan la clave para comprender la naturalidad de sus retratos: ese acercamiento directo y aparentemente aséptico al modelo resulta de una mirada sincera, práctica, alérgica al sentimentalismo y llena de sensibilidad y amor por lo auténtico.

Precisamente este libro tiene su origen en uno de sus viajes. Rauda Jamís entrevistó a Gisèle Freund por primera vez en 1985 con la intención de recabar información para la biografía que Jamís preparaba sobre Frida Kahlo. Freund conoció a la pintora durante su visita a México en 1950, que terminó alargándose hasta los dos años que pasó recorriéndolo. Kahlo y Rivera le enseñaron todos los rincones del país hispanoamericano que más le fascinó. Fue el último de sus viajes por Latinoamérica, y en 1952 volvió a París para quedarse.

El epílogo y el prólogo de este libro fueron escritos para una reedición posterior que apareció al tiempo que Gisèle Freund, Itinéraires, la exposición organizada en el Pompidou en diciembre de 1991. Había sido Gisèle precisamente quien pidió a Jamís que escribiera una biografía que finalmente se publicó en forma de conversaciones. Tanto mejor así: nos permiten asistir a una sesión fotográfica cuya modelo fue, por una vez, la fotógrafa.

Gisèle Freund vio en la fotografía una práctica artística sin demasiadas pretensiones, un documento y, sólo a veces, milagrosamente, una fuente de belleza perdurable. Frente al pictorialismo, Nadar; frente a las investigaciones de la Bauhaus, la fotografía documental. El formalismo y la obsesión por aplicar las novedades técnicas en que en ocasiones degeneraban aquellas otras maneras de entender la fotografía suponían para ella, en cierto modo, un callejón sin salida. Gisèle Freund quiso evitar la posibilidad de que su trabajo se convirtiera en un arte decorativo. Y esto encaja perfectamente con su actitud vital.

Antes que reportera gráfica, ella misma afirmaba que hubiera preferido ser realizadora de documentales. Pero, con un tanto de coquetería, no dudaba al afirmar que sus retratos eran su mejor obra, o al menos la que más le complacía como artista. Del celebérrimo retrato que le hizo a Virginia Woolf nos dice: «Qué suerte haber visto eso: ese instante breve, fulgurante, en que Virginia se extravió». Y añade: «Me gustan mucho los seres humanos, hombres o mujeres. Con mi trabajo siempre intenté resaltar lo que de bueno había en ellos».

01/04/2003

 
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