ARTÍCULO

De perdidos, al espacio

Seix Barral, Barcelona, 192 págs.
 

Perdidos en el espacio (CBS, 1965-1968) fue una de las series de televisión de más éxito de los años sesenta: contaba la historia de la familia Robinson y del malvado doctor Zachary Smith, condenados a vagar por el espacio en la misma astronave y a enfrentarse en cada episodio entre ellos y con los peligros más sorprendentes. El éxito de Perdidos en el espacio se debió a su disparatado sentido del humor y a su descarada actitud paródica, cualidades que no resulta difícil atribuir a uno de los responsables de la producción, Groucho Marx. Perdidosen el espacio se empezó a emitir en España en 1970, pero Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) pudo conocer el programa en Londres, donde vivió entre 1966 y 1967. Y es que El último trayecto de Horacio Dos tiene más de una similitud con Perdidos en el espacio: un grupo de personas que viajan con rumbo desconocido por las galaxias, un negligente doctor, peripecias delirantes en escenarios camp, conspiraciones y traiciones, metafísica casera sobre el imposible regreso... Lo mejor que se ha escrito sobre los vínculos entre la televisión y la ficción contemporánea lo ha escrito David Foster Wallace en un ensayo incluido en Algo supuestamente divertido que nuncavolveré a hacer (Mondadori): el sentido de la ironía, de la parodia y de lo que es considerado real.

El último trayecto de Horacio Dos se publicó por entregas en el verano de 2001 en el diario El País. Sin noticias de Gurb, una de las novelas de más éxito de Eduardo Mendoza, también fue editada por entregas en el mismo periódico unos años antes. No es la única coincidencia entre las dos novelas: en Sin noticias de Gurb desempeñaba un papel importante el espacio exterior, porque estaba protagonizada por alienígenas, el tono del relato era humorístico y ligero, y también la narración estaba contada en forma de diario. Pero algo diferencia las dos novelas sustancialmente: Sin noticias de Gurb estaba ambientada en la España del momento, preolímpica y excitada todavía por cierto glamour democrático, y El último trayecto de Horacio Dos transcurre en un futuro lejano.

Charles Dickens, Fiodor Dostoyevski o Henry James publicaron ficciones en folletín (y en más de una ocasión se vieron obligados a alterar el curso del relato, e incluso a concluirlo, por las preferencias de los lectores). En el pasado las novelas folletinescas estaban orientadas hacia el drama y la tragedia, aun cuando estuvieran cuajadas de aventuras, como en Alejandro Dumas; en la actualidad, es un género relegado casi en exclusiva a la prensa veraniega y suele ser humorístico o cuando menos «refrescante». El último trayecto de Horacio Dos quiere ser una novela humorística, trenzada sobre una trama aventurera, que recuerda las historias de piratas o incluso La guerra de las galaxias. El motor del humor se enciende con una clave: el protagonista y narrador, el comandante Horacio Dos, un personaje de apariencia grotesca que aspira a ser un Don Juan, manifiesta una interpretación de la realidad completamente desajustada. No es un mecanismo ajeno a Eduardo Mendoza, es el mismo que utilizó en las novelas de su detective enfermo mental en El misterio de la cripta embrujada (Seix Barral, 1978), en Ellaberinto de las aceitunas (Seix Barral, 1982) y en La aventura del tocador deseñoras (Seix Barral, 2001), pero aquí no resulta tan eficaz, quizá porque el escenario futurista, deliberadamente fantástico, no da el juego que le permiten los escenarios contemporáneos.

Si Jonathan Swift perseguía en Losviajes de Gulliver (1726) –una de las referencias de El último trayecto de Horacio Dos– plasmar una crítica del sistema social de su tiempo, Eduardo Mendoza no consigue que sus personajes y los países prefabricados en que recalan parezcan trasunto de usos, comportamientos y lugares del momento: seguramente el «Festival Interestelar de las Artes» es una crítica a la sociedaddel espectáculo, a la cultura institucional y a los creadores de «vanguardia», pero no es suficientemente ácida; es posible que haya una clave en el diseño de las estaciones espaciales «Aranguren» y «Derrida», pero no resulta especialmente divertida; quizá las referencias al espacio/tiempo, a Fermat y al viaje de la luz a la «zona helicoidal», escondan un mensaje secreto...

Películas como Aterriza como puedas y Scary Movie funcionan como parodias porque responden cómicamente a los excesos del género de éxito: las películas de caos en la aviación de los años setenta y las películas de terror de los noventa. El último trayecto de Horacio Dos quiere ser una parodia de la ficción científica, pero si Eduardo Mendoza buscaba un motivo a la cervantina para darle la vuelta a un género supuestamente popular (aunque se encuentra en las cavernas, y es casi un culto privado) tampoco lo explora con demasiado interés. (En una línea de costumbrismo futurista en clave de humor merece la pena citar una poco conocida novela de Mariano Gistaín, La mala conciencia, editada por Anagrama.)

Pese a que en el futuro en el que sucede el viaje de Horacio Dos se ha conseguido acabar con las pesadumbres tecnológicas, poco se ha avanzado respecto a las pasiones. La violencia, el sexo, el dinero y el poder siguen articulando las relaciones entre humanos: los cuatro elementos los combina Eduardo Mendoza de forma grotesca. El espacio cerrado de la nave que gobierna Horacio Dos se presta al vodevil, a la comedia de enredo: lo que en el teatro o en el cine hace surgir la risa, en la novela muestra una cara más gris.

01/10/2002

 
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