ARTÍCULO

El sueño americano

Alba Editorial, Barcelona
Trad. de Isabel Núñez
368 pp. 25,80 €
 

«¿Creéis que perdurará ese edificio / que aloja al noble y aplasta al pobre?» Esta cita de James Russell Lowell elegida por Riis como colofón de su libro resume la filosofía del periodista, escritor, fotógrafo y, antes de nada, hombre hecho a sí mismo que fue Jacob August Riis, toda una encarnación del sueño americano. Nacido en 1849 en Ribe (Dinamarca), decidió abandonar su oficio de carpintero para labrarse un futuro mejor en América y conseguir así el amor de su prometida, que sólo le concedió su mano después de que regresara triunfante a buscarla. Desembarcó en Nueva York en 1870; siete años más tarde era reportero de The New York Tribune y estaba instalado con su mujer en Brooklyn.

Sólo durante cinco años de los treinta y cinco que dedicó a escribir sobre las condiciones de vida de los inmigrantes en Nueva York, tomó fotografías.Y, sin embargo, son esas fotos las que lo hicieron célebre. En 1887 leyó en los periódicos acerca de un invento de los alemanes Miethe y Gädicke: la lámpara de magnesio. Los polvos de magnesio disparados por una especie de revólver generaban una explosión de luz que permitía por primera vez tomar fotografías en interiores en una época en que los tiempos de exposición necesarios para que la luz se imprimiera en el negativo eran excepcionalmente altos. Al principio, Riis contrató a dos fotógrafos profesionales para que lo acompañaran a los oscuros interiores de las casas de los barrios pobres e ilustrar sus artículos con imágenes. La colaboración no funcionó: uno de ellos intentó vender las fotos a sus espaldas y el otro comprendió al poco tiempo que los bajos fondos no eran el mejor sitio para trabajar.

Acabó decidiéndose a tomar las fotografías por sí mismo, y en 1888 mostró en público por primera vez las que ilustran Cómo vive la otra mitad. Fue en la Sociedad de Fotógrafos Aficionados de Nueva York, y sirvieron de apoyo a su conferencia The Other Half, How It Lives and Dies in New York, germen del libro que ahora presenta Alba. Riis llevó su discurso a iglesias –era diácono de la congregación de Brooklyn– y teatros hasta que en 1890 Scribner's Magazine editó el libro tras publicarlo previamente como reportaje por capítulos. El revolucionario y recién descubierto método halftone, que permitía transferir las fotos a la plancha metálica en el proceso de impresión de forma directa, permitió una calidad de reproducción excelente e hizo del libro un best seller. Dos años después se publicó, con menos repercusión, su secuela: Children of the Poor. Riis no logró otro éxito de ventas hasta el año 1900, con The Making of an American, su autobiografía. En ella se lamentaba de no ser tan buen fotógrafo como hubiese querido. Tal vez el hecho de haber descubierto a Lewis Hine –le compró una docena de fotografías a tres dólares cada una para uno de sus artículos– le hizo pensar que sus fotos no eran para tanto. Hine (18741940) tomó el relevo de Riis en tanto que fotógrafo social y se hizo célebre por sus trabajos en torno al drama del trabajo infantil. Riis fue el primero en comprender las posibilidades revolucionarias de la fotografía a la hora de sensibilizar a la opinión pública, y Hine desarrolló sus tesisExiste un antecedente, el inglés John Thomson (1837-1921), que publicó en 1877 el álbum Street Life in London sobre las miserables condiciones de vida en la capital  inglesa, aunque la difusión que tuvo el trabajo de uno y otro resulta incomparable. Sus esfuerzos acabaron por dar resultado: en 1902 se fundó el Departamento de las Casas de Vecindad de resultas de la movilización social generada por la exposición organizada dos años antes sobre el tema en el Museo de la Ciudad de Nueva York. Riis participó de forma activa en su montaje y fue visitada por diez mil neoyorquinos en dos semanas. Hine fue contratado por el Comité Nacional del Trabajo Infantil y su labor allí dio como resultado la promulgación de una ley de protección laboral para los menores. A la muerte de Riis en 1914 la fotografía social era una realidad y una profesión viable.

La versión castellana es la primera que se publica en nuestro país y sigue como modelo la edición de 1970 de Harvard University Press.A diferencia de la americana,Alba ha preferido intercalar las imágenes con el texto, y hay que lamentar que tal vez por ello la calidad de su reproducción sea nefasta. Es interesante conocer las ideas de Riis acerca de la inmigración y su empeño en encontrar soluciones que fueran más allá de una caridad privada errática y probadamente ineficaz. Llama la atención su defensa casi visionaria de lo que hoy conocemos como microcréditos, para Riis la mejor manera de ayudar a los más pobres a valerse por sí mismos era apoyando sus proyectos y posibilitando su establecimiento como pequeños empresarios. Pero el texto queda cojo si no se tiene la posibilidad de contemplar con detenimiento unas fotos probablemente aún más elocuentes. Sus retratos de los desheredados nos hacen ver por fin a las personas de que los textos han hablado previamente: se cuenta la historia de sus vidas, se explican sus trabajos, se enumeran familiares, se narran las peripecias previas a su llegada a Nueva York. Para hacerse una idea de la complejidad de factores que intervienen en el problema de la inmigración, hoy más acuciante que nunca, es necesario dejar hablar a sus protagonistas. Dicho esto, es necesario reconocer que la moralina cristiana que impregna el discurso de Riis resta para los oídos actuales parte de su efectividad, que sí mantienen, en cambio, intacta sus fotografías. Chirrían algo la cursilería y los good feelings de frases como «la verdadera línea que separa la pobreza honrada de la miseria es la cuerda de tender. Con ella empieza el esfuerzo por limpiar, que es la primera y la mejor prueba del deseo de ser honrado», o «sólo conozco un puente que pueda conducirnos sanos y salvos, un puente cimentado en la justicia con corazones humanos». Riis tampoco duda en describir las diferentes comunidades del East Side mediante estereotipos hoy en día inaceptables: los chinos son limpios y por eso ponen lavanderías, pero también son intrigantes y mafiosos; los italianos, además, son unos brutos incapaces de aprender el inglés; los judíos polacos son sucios y los irlandeses borrachos, aunque con dotes para la política...

Hace ya mucho que Susan Sontag se refirió a la increíble capacidad que tienen las fotos para independizarse del contexto en que fueron tomadas y comenzar una nueva vida por su cuenta, transmutadas en arte. Este ha sido sin duda el caso de las fotos de Riis, transformadas en iconos abstractos y demasiado a menudo observadas fuera de todo contexto que explicase su génesis y su significado. La lectura de este libro nos ayuda a echar el ancla y ofrece la oportunidad de apreciar toda su complejidad. Nos llevará a un Nueva York ya mítico de golfos, de bandas enfrentadas y sórdidos bajos fondos –el de los callejones de Five Points que Martin Scorsese retrató en su película Gangs of New York con relativo éxito–, y mientras observamos el magnífico retrato del vagabundo con pipa nos enteraremos de que hubo que pagarle el doble para que saliera con ella en la boca: el tipo había notado rápidamente el interés de Riis por el objeto. Entendemos por qué los golfillos se amontonan justamente en esa esquina del callejón: la salida de humos de la calefacción del edificio contiguo está debajo de ellos. Aprendemos que todos los que hacen puros vinieron de Bohemia y que esa familia que aparece cosiendo pantalones sólo come una vez al día.Anécdotas del horror al que se enfrentan en la opacidad silenciosa de cada foto para contarnos una historia con nombres y apellidos.

01/05/2005

 
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