ARTÍCULO

Como si navegara

Trad. Xavier Rodríguez Baixeras
Alianza, Madrid, 1998
 

Lisboa es una ciudad que de puro hermosa podría parecer mentira. Un engaño de la mente desplegado sobre el Atlántico, océano por lo demás tempestuoso y siempre abierto a mitos, inventos y ensoñaciones. Y, sin embargo, Lisboa existe, terrena pero celestial, tal como la describiera Cervantes en Los trabajos de Persiles y Sigismunda y recoge José Cardoso Pires en la cita que abre su libro Lisboa. Diario dea bordo. A José Cardoso Pires, ese excelente novelista portugués, no tan conocido aquí como debiéramos, se le aparece –se le parece– Lisboa como una ciudad-nave. Lo que no es de extrañar: pocas ciudades como ésta tan llena de alturas, tan de sobresaltos para atisbar el mar que viene a lamerle los pies en el Terreiro do Paço, su corazón, metido en el agua de no ser por unas tímidas escalinatas adornadas con un par de columnas estratégicas. Subido en la ciudad-nao, Cardoso Pires realiza en Lisboa. Diario de a bordo una travesía exquisita a lo largo de veintidós singladuras y un glosario caprichoso (como caprichosa, por arbitraria y única, es la navegación de Cardoso Pires). Digamos ya que Lisboa valdría como vademécum y libro imprescindible en una visita lisboeta de no ser, sobre todo, volumen ideal para viajero de biblioteca o, directamente, de habitación. Con lo que no haríamos sino secundar a Almeida Garrett, autor de Viagens naminha terra, viajero, al menos en este caso, sin salir de su cuarto. Lisboa. Diario de a bordo le sería también útil al marinero solitario de Laciudad blanca de Alain Tanner, esa película fascinante, parábola de la soledad «à trois». Y bien sé, o tal se deduce del libro de Cardoso Pires, que a éste poca gracia le hizo la versión de Tanner de Lisboa, a la que pintó «cochambrosa para una película con muelles como de insomnio producido por un hechizo moruno» (pág. 54). José Cardoso Pires, ya se ve, puede ser radical hasta con los mitos, lo que no sienta nada mal a una «guía de autor», hecha con la cabeza pero también con el corazón inteligente y caprichoso de quien se ha pasado la vida agarrado al tablamen de una nave a punto siempre de zozobrar. El terremoto de 1755, el incendio del Chiado de 1988, no son más que un par de metáforas del inminente naufragio, y Cardoso Pires un superviviente. Que se alimenta de estampas populares, de alcohol, de fados, de literatura, y transmite todo ello a un lector también envenenado de gloria, multicolor (como en Alfama) y decadente (como en São Domingos de Benfica). Aquí, en el Palacio Fronteira, José Cardoso Pires se descubre y nos descubre en algunas de sus mejores páginas elbestiario burlesco. En esta singladura, la ciudad-nave de Cardoso Pires se transforma en inquietante alegoría zoológica. Ahora, como en cierto Goya, los animales hacen de humanos, y qué suerte que tenemos a José Cardoso Pires para contarlo. Para hacerlo con pluma sagaz e introducida, una y otra vez, en tinta elíptica, seguramente la más indeleble. Como era de esperar, Lisboa.Diario de a bordo está escrito por un enamorado de la literatura, quien viaja además en una ciudad-barco cargada de escritores. Y el aficionado no echará de menos en este libro la sombra de Pessoa (a quien se le dedica una singladura en su metamorfosis «Álvaro de Campos»), Almeida Garrett, Ramalho Ortigão, Camilo, Antero de Quental, el propio Chiado. Y desde luego Eça de Queiroz. Sí se me permitirá que eche en falta, en la Rua do Alecrim, una internada en el Hotel Bragança. Aún hoy existente y no hace muchos años en posesión de colchones rellenos de hojas de maíz, semejantes a aquellos en los que descansaba Eça en sus estancias lisboetas. El mismo hotel que aparece en O Anoda Morte de Ricardo Reis de Saramago. Naturalmente, Cardoso Pires no abunda en datos eruditos, y así los personajes literarios circulan a sus anchas por Lisboa. Diario de abordo, libro por lo demás de dimensiones reducidas y elegantemente ilustrado y vestido. Tanto como los protagonistas de Os Maias que, como era de esperar, también se dejan ver. Y es que la Lisboa de Cardoso Pires sigue siendo, pese a «la manzana de Macintosh» o el «hard-rock leasing» una ciudad-nave que disfrutase con el esplendor de la decadencia. Por lo demás, Cardoso Pires penetra también en la Lisboa canalla, la del Cais do Sodré, por ejemplo, donde fuera visto por última vez Antonio Anglés, y no duda en bajar al metro. Uno de los más bellos de Europa y seguramente el más literario, por lo que no es extraño que en la singladura Las letras subterráneas Cardoso Pires recree una bajada que no tiene nada de infernal. Cierra Cardoso Pires su libro, subtitulado «Voces, miradas, evocaciones», con un glosario de algunos de los personajes que por él pululan. La lista, ya se dijo, es arbitraria y caprichosa. Y en ello radica tal vez su encanto complementario. Complementario de un libro muy bien traducido/interpretado por Xavier Rodríguez Baixeras, poeta importante y sin duda uno de los mejores traductores del portugués con que contamos.

01/12/1998

 
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