ARTÍCULO

Ambiciones de la sociología simétrica

 

¿Qué significa explicar un hecho desde un punto de vista sociológico? ¿Cuál es la diferencia práctica entre una explicación y una descripción? La discusión sobre las formas de la argumentación sociológica siempre ha traído cola. Y, en este tipo de debates, la sociología de la ciencia (o, más exactamente, del conocimiento científico) ha conquistado una relevancia creciente en los últimos años. Las cuestiones a las que se enfrenta esta disciplina son, en efecto, delicadas en este punto. ¿Qué es lo que hay de social y lo que hay de técnico en un proceso de innovación científica, por ejemplo? ¿A qué recurrirá el sociólogo para escribir una explicación consistente de tal fenómeno? ¿En qué consistirá exactamente la diferencia entre su relato y la descripción que podrían dar los propios ingenieros implicados en el asunto? Con este tipo de preguntas, las preocupaciones de la sociología de la ciencia han acabado desbordando su ámbito empírico para abarcar los problemas prácticos de la epistemología sociológica.

Bruno Latour, Michel Callon y John Law son los responsables de algunas de las reflexiones más pertinentes en este terreno: la jerga que les ha hecho famosos se conoce como «Teoría del Actor-Red». Miquel Domènech y Francisco Javier Tirado presentan una compilación comentada de artículos de estos autores, en la que se examina la trayectoria de su reflexión y también algunas réplicas surgidas a partir de la radicalidad de sus propuestas.

¿Qué suele decir un sociólogo «constructivista» cuando habla de la actividad científica? Que se trata de una construcción social, que la realidad física no está ahí fuera, en la Naturaleza, sino que es el científico el que la construye como un efecto de lenguaje, que el laboratorio funciona básicamente igual que otro tipo de rituales o de intercambos simbólicos, y que todo es una lucha de poder y de representaciones. ¿No hay nada real para un sociólogo así? Claro que sí. Lo realmente real es el poder, el contexto social, el juego de intereses y dominación. ¿Qué replica el científico? Que eso es justamente lo que es simbólico y convencional, que el mundo exterior, por mucho que deba ser captado mediante el lenguaje o la inteligencia humana, está ahí fuera y deja su huella –el estilo típico de este tipo de reflexiones se hizo popular a raíz del gracioso suceso del «Asunto Sokal», en el que un físico, visiblemente malhumorado con el vocabulario postmoderno con el que los sociólogos, filósofos y lingüistas se atreven a hablar de cosas que no conocen, gastó una broma perversa escribiendo un artículo en plan postmoderno sobre «la construcción social de», para luego poner en ridículo a los editores desvelando las tonterías que había colado en dicho texto (Sokal, 1998)–.

¿Qué detectan Latour, Callon y Law en este vaivén dialéctico? Una simetría total en los argumentos. Ambos bandos tratan de desmitificar lo que el adversario naturaliza, naturalizando a su vez el otro polo del esquema Sociedad vs. Naturaleza: «Yo te digo que tu hecho es, en realidad, un fetiche, y que los verdaderos hechos están en otro lado: en mi terreno». Y lo que ambos suelen respetar al pie de la letra es ese grand partage entre Sociedad y Naturaleza con lo humano por un lado y, por el otro, la ciencia. ¿En qué consiste la propuesta de «antropología simétrica» o de «simetría generalizada» de estos autores? En no respetar esta frontera y en fijarse, precisamente, en qué se hace para pasar de un lado a otro.

Ya se había podido leer en castellano, además de algunos libros fundamentales de Bruno Latour (1992, 1993), otra compilación en la que aparecen algunas de las claves de esta metodología: en especial el texto de Callon sobre vieiras y pescadores en la bahía de St. Brieuc, y el de Latour sobre el laboratorio de Louis Pasteur (Iranzo et al., 1995). La compilación de Domènech y Tirado prosigue con esta labor divulgativa, insistiendo en la deuda que esta corriente intelectual tiene con Michel Foucault, y marcando la influencia que la filosofía política ejerce en su lenguaje.

Y es que estos autores insisten en jugar con la metáfora política de la emancipación. El problema de la sociología es que ha «discriminado» a unos agentes valiosos, excluyéndolos del análisis de lo social. Se trata de los «no-humanos»: los objetos que intervienen en las cadenas de alianzas que hacen duraderas a las instituciones humanas, y que la sociología no terminará de considerar si sigue respetando la famosa frontera entre lo social y lo natural, o entre lo simbólico y lo material.

Cuando uno abole la distinción entre competencias técnicas y competencias sociales de los actores en la descripción de una innovación tecnológica, se encuentra justamente con cadenas de alianzas entre humanos y no-humanos. Latour nos muestra lo mucho que nos pueden enseñar casos tan poco probables para la investigación sociológica como el de las llaves de habitación de un hotel, con esos pesados llaveros que deforman los bolsillos y que le obligan a uno a acordarse de dejarlas en la recepción. Jugando siempre con la eficacia de ejemplos esclarecedores, nos convence de que «la tecnología es la sociedad hecha para que dure».

Del mismo modo, y siempre con recursos empíricos, Callon explora en qué medida el estudio de la tecnología puede ser una herramienta privilegiada para el análisis de cómo se construye la sociedad. A muchos les parecerá que, así las cosas, el análisis sociológico no se diferencia mucho del análisis de la sociedad que puedan hacer los propios ingenieros implicados en proyectos tecnológicos. ¡Y es cierto! Los ingenieros del proyecto VEL para la construcción de un coche eléctrico en Francia no pararon de hacer ciencia social, convirtiéndose en ingenieros-sociólogos, haciendo conjeturas sobre el futuro de la sociedad del automóvil. Pero en las controversias «sociológicas» de los ingenieros, a diferencia de las posturas que sostenían Pierre Bourdieu y Alain Touraine sobre el mismo tema en el mismo momento, no se paraba de mezclar lo técnico y lo social... ¿Supone esto una claudicación de los sociólogos frente a los ingenieros? No. Supone la afirmación de una competencia que se suele olvidar: los sociólogos pueden cuestionar el análisis sociológico (de hecho, son los más cualificados para ello). Así lo hacen precisamente, siempre de manera útil, los autores de los textos recogidos en esta compilación.

REFERENCIAS

JUAN MANUEL IRANZO et al., Sociología de la ciencia y la tecnología, Madrid, CSIC, 1995.
BRUNO LATOUR, Ciencia en acción, Barcelona, Labor, 1992. – Nunca hemos sido modernos, Madrid, Debate, 1993.
ALAN D. S OKAL, «Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica», La Balsa de la Medusa, 45-47, 1998, págs. 9-76.

01/02/1999

 
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