ARTÍCULO

La autopsia de un vivo

Planeta, Barcelona, 1997
376 págs.
 

La bibliografía de Amando de Miguel es ya tan extensa y abarca tantos campos del conocimiento que su mera síntesis nos llevaría la reseña entera. Concentrémonos en este libro, pues, que es de por sí tan rico que inevitablemente produce más reflexiones de lo que el espacio normal de este género tiene asignado.

En primer lugar, cabe consignar que estamos ante un libro raro, para venir de un sociólogo. Y el propio autor nos dice que su origen es precisamente el vacío que observa en los libros propios de su disciplina, de los que él ha escrito no pocos. Casi es un lugar común que la autobiografía es un género maldito dentro de la literatura española, y aunque ello ha cambiado en este siglo, especialmente tras la guerra civil, no cabe duda de que es difícil hacernos una idea de lo que es la vida cotidiana en el ámbito de lo íntimo, de lo reflexivo y hasta de lo secreto que nuestros antepasados celaron cuidadosamente a las letras.

Quizás por eso, el autor ha ordenado su libro por asuntos o temas sustanciales en la vida cotidiana y en los ámbitos más sensibles de la reflexión sobre la raíz de la existencia. Se da así la paradoja de que un libro hecho de detalles se convierte casi en metafísico, porque no trata de hacer una de esas estimables «historias de la vida cotidiana» que, por fortuna y como contrapeso, han sucedido a las «historias económicas y sociales», más atentas al número que al hecho, y al suceso que a los protagonistas individuales. Aquí no se hace una sociología de lo común sino que se acarrea un centón de libros autobiográficos para conseguir hacernos una idea no ya de cómo son los españoles, o de cómo eran, sino de cómo tienen la costumbre de verse a sí mismos. Es una diferencia sutil pero que se impone desde el arranque del libro. Estamos ante una historia de intimidades, ante una sucesión de piezas de muy diverso valor, color y época que, sin embargo, componen, gracias a la pericia del autor, un mosaico interesantísimo.

Quizás la clave del feliz decurso de este libro sea la implicación personal del autor. Desde el principio, Amando se nos muestra en primera persona, no sólo explicando las razones del libro sino también explicándosenos, poniendo en realidad la primera piedra o haciendo el ensayo general de su propia autobiografía, que está claro le pide ya el cuerpo y, sin duda, verá pronto la luz. Hay momentos que se asemejan a confesiones íntimas, propias del género, llenas de delicadeza y de sinceridad. Acaso por tratarse de otros, por escribir sobre lo escrito por muchos de sus compatriotas, De Miguel extreme en este libro algo que es muy poco común entre los sociólogos: el cuidado de lo particular, el respeto a lo circunstancial, el afecto a todo lo ajeno.

Era inevitable, aunque nada fácil, tratar así de lo que los españoles han escrito de sí mismos en primera persona, precisamente por la diversidad de los personajes a cuya obra ha acudido el autor. Son tan distintos el valor intelectual, la categoría social, la trascendencia política, la época, los sentimientos y las ideas de estos «autobiógrafos» que necesariamente ha de tratarse a todos con un rasero común que es el de la humanidad, el del mínimo común denominador como personajes de nuestra especie, de nuestra tierra, de nuestra patria, de nuestra historia. Hace falta un espíritu de comprensión, una piedad de fondo para poder encontrar un nivel similar de trato para materiales de valor tan distinto. Este es un mérito literario del libro pero es también un detalle de orden ético, una generosidad moral que pocas veces en los libros sobre nuestra tribu suele usarse o, siquiera, buscarse.

El autor se refugia en el orden alfabético y en la división por temas de la amplia bibliografía tratada, a veces rarísima o inencontrable, y por lo general, ausente de los circuitos comerciales del libro. Así puede hablarnos del atuendo antes que de la austeridad y de los catalanes antes que de la comida, pero en todos los capítulos –amistad, historia pasada o reciente, hábitos y costumbres, ideas, creencias o manías-hay un hilo conductor que es la vivencia propia del autor sobre el asunto que trata. Ello presta una calidez especial y una fluidez venturosa a este libro de género que no sabríamos decir a qué género pertenece.

O quizás sí: es, como se decía del cine de los sesenta, un libro «de autor». Una obra en la que lo escrito y el que escribe se funden con lo leído y descrito. Un volumen que nos permite asomarnos a este cuerpo enigmático, tal vez en vías de volatilización, al que llamamos España, y de la mano o de la pluma de una de las personas que menos se ha aburrido de estudiarnos. Quizás porque, como bien vemos aquí, en el fondo uno no acaba nunca de entenderse a sí mismo y este libro es tan exterior como interior en la vida de uno de los intelectuales más relevantes de la España actual. Un escritor que sabe leer. Un raro.

01/08/1997

 
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