Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

image_pdfCrear PDF de este artículo.

Es muy posible que algunos de nuestros lectores nos acusen de reduccionismo economicista tras leer el párrafo que sigue a continuación y dejen, ipso facto, de leer nuestra entrada de hoy. Si tal fuera su impulso, queridos y agraviados lectores, les recomendamos encarecidamente que no se dejen llevar por las primeras impresiones.

¿No es cierto, Sapientísimo, que una universidad es una empresa? Afirmamos que lo es. Puede ser una empresa privada con o sin ánimo de lucro, o puede ser una empresa pública que no lo persiga. Puede ser una empresa pequeña o mediana, o puede ser una gran empresa, empleando decenas de miles de trabajadores y con una cartera de cientos de miles de clientes, generalmente subvencionados. Puede ser, y lo es de hecho, una empresa que tenga tal éxito que exista por cientos de años, innovando constantemente y contribuyendo a la ilustración, sabiduría y prosperidad de sus clientes, directamente, y del resto de la sociedad de forma indirecta. Con esta última observación, esperamos que aquellos de nuestros lectores indignados por nuestro aparente reduccionismo economicista se reconcilien con sus seguros servidores. También esperamos que cuando terminen de leer esta entrada, nuestros lectores, todos nuestros lectores, sientan la indignación surgir en sus venas. La indignación, esta vez, contra los intentos de tratar a la universidad como una empresa sin futuro. O con un futuro que es cualquier cosa menos universal.

Con ser una empresa, la universidad tiene una estructura singular en cuanto a las características del producto que ofrece y de los clientes a quienes ofrece tal producto. El producto es ciertamente universal, como corresponde a la empresa que lo ofrece. Se manifiesta en multitud de formas y, cuando se emplea en las mejores condiciones posibles, permite el avance y la prosperidad de toda la sociedad. A nivel individual, un título universitario no garantiza ni la felicidad ni el éxito profesional, pero una sociedad que no valore lo que las mejores universidades pueden llegar a ofrecer, se está cerrando puertas a su desarrollo intelectual y material. No tenemos por qué elegir entre disciplinas. Ni debemos hacerlo. Todas ellas, desde las artes y humanidades hasta las ciencias exactas, pasando por las ciencias sociales y jurídicas, las ciencias de la salud, y la arquitectura e ingeniería, tienen la misma capacidad para servir a la mejora integral de la sociedad. Todas.

En cada momento de su desarrollo, una sociedad medianamente exitosa, que cuente con líderes políticos, sociales y de opinión sin miopía ni atavismos partidarios, debería ser capaz de transitar una senda en que todas estas disciplinas se ajusten entre sí de forma dinámica, según lo requieran las circunstancias. Pero no solamente las circunstancias que dicten el PIB o la renta nacional. Reducirse a esta dictadura es, como diríamos… reduccionista. El corto y el largo plazo, las ciencias y las humanidades, pujan entre sí de formas tan complejas que si las universidades no saben cómo resolver esta dialéctica en un ajuste duradero, nadie sabe hacerlo. No en vano, las mejores universidades llevan cientos de años, o muchas décadas, mezclando, con resultados espectaculares, el corto y el largo plazo, las humanidades y las ciencias.

Excepto cuando incluso las mejores universidades dejan de hacerlo. Pero cuando se llega a ese punto, el quid de la cuestión, o el origen del problema, suele estar en cualquier otra parte menos en el campus. Las formas en que una universidad degenera son muchas y no estamos hoy en condiciones de desgranarlas con la profundidad que la tarea exige. Por eso nos conformaremos en este momento con bajar de la panegírica nube desde la que venimos perorando y aterrizar en un lugar concreto, tan concreto como las universidades públicas de la Comunidad de Madrid (CAM), con el objetivo de presentar un caso ejemplar de cómo se degenera una universidad, o un grupo de ellas, cuando sus fundamentos económicos se corroen de forma continua.

¿Cuál creen ustedes que es el futuro más probable de una empresa con unos 230.000 clientes y más de 26.000 empleados, cuyo remanente de caja es poco más de un millón de euros y que necesita acudir a los tribunales durante años para obtener cientos de millones de euros en financiación extraordinaria sin la cual no podría pagar ni la factura de la luz? Creemos que un futuro poco halagüeño. Esta es, en breve, la situación de las seis universidades públicas de la Comunidad de Madrid, según explica un reciente artículo publicado hace unos días en el diario El País, con el emocionante titular «Las universidades públicas de Madrid, al borde del colapso económicoVéase https://elpais.com/educacion/2022-07-15/las-universidades-publicas-de-madrid-al-borde-del-colapso-economico.html. Las cifras de estudiantes y empleados para las universidades públicas madrileñas son para el curso 2018-19, citadas en un estudio del Instituto Interuniversitario de Investigación Avanzada sobre Evaluación de la Ciencia y la Universidad (Inaecu), publicado en mayo de 2022, accesible en https://www.inaecu.com/wp-content/uploads/2022/06/Estudio_CarlosIII_Web.pdf.».

La financiación extraordinaria a que nos referimos asciende a 574 millones de euros, consecuencia de los recortes por parte del gobierno de Esperanza Aguirre sobre lo previsto en los planes de financiación 2006-2010 y de inversiones 2007-2011. Es decir que lo que hubiera sido financiación prevista y parte de un plan plurianual, se convirtió en inexistente y solamente por recurso a los tribunales en treinta casos judiciales se pudo recuperar, a recibir entre 2020 y 2024, con abundantes intereses de 99,5 millones de euros. Y ni siquiera está claro que, dados los recientes retrasos en el pago de parte de esta financiación extraordinaria, las seis universidades públicas madrileñas, puedan cubrir sus gastos corrientes, incluida la factura de la luz.

Los ingresos de una empresa privada provienen de la venta de sus productos. Si necesita financiación para proyectos a largo plazo, puede utilizar sus reservas o acudir a los mercados de renta fija o variable. Una empresa pública obtiene ingresos por ventas y transferencias públicas, y también puede obtener financiación a largo plazo de los mercados de capitales o de partidas presupuestarias del gobierno correspondiente.

En cuanto a ingresos, la universidad pública es una empresa sui generis. En España, los ingresos por matrícula son totalmente insuficientes para cubrir los gastos de personal, amortización de instalaciones, y gastos generales. En el periodo de 2008 a 2018, la gran mayoría de los ingresos de las universidades públicas provenían de las respectivas CCAA, y de la administración general del estado (AGE), siguiéndoles en importancia los gastos de las familias, las contribuciones de empresas y la financiación proveniente del exterior. Tras la crisis de 2008, las empresas privadas fueron las primeras en cortar su financiación pero, por su importancia, destacan los recortes de las CCAA y de la AGE. En Madrid, un 19,5% (el mayor descenso entre todas las CCAA) y un 40,0%, respectivamente. El resultado fue un considerable aumento del coste para las familias, de un 65,7% en Madrid, superado solamente por el observado en Cataluña, un 102,5%Véase https://www.te-feccoo.es/2021/05/07/la-situacion-financiera-de-las-universidades-publicas-de-espana/.. A nivel europeo, mientras la respuesta de los países de nuestro entorno a la crisis de 2008 fue la de aumentar sustancialmente la financiación de sus universidades públicas, un 32,7% en Noruega o un 35,3% en Alemania, la decisión en España, solo superada en magnitud por Irlanda, fue la de reducir su inversión en un 21,4% entre 2009 y 2018Véase https://www.te-feccoo.es/2021/05/07/la-situacion-financiera-de-las-universidades-publicas-de-espana/. .

Este es el desolador panorama de las universidades públicas en España, especialmente desolador en la Comunidad de Madrid, si tenemos en cuenta el prestigio que sus universidades más representativas, la Complutense, la Autónoma y la Politécnica han tenido y siguen teniendo. A esta situación se añade la incertidumbre creada por la dependencia de las universidades públicas madrileñas del toma y daca jurídico-político, incluido el surrealista error o descuido de la expresidenta Cifuentes en una importante votación, en marzo de 2018, error o descuido que llevó a su partido a retirar una ley en la que se habían invertido años de esfuerzoVéase https://elpais.com/ccaa/2018/03/15/madrid/1521119573_921675.html.. Años de esfuerzo tirados por la borda. Así, tal cual.

Y no es que la contribución de las universidades públicas al PIB regional madrileño o a las arcas de la comunidad sea despreciable. El estudio de Inaecu que citamos anteriormente, cuantifica en 5,8 el multiplicador fiscal de la inversión de la CAM en sus universidades públicas. Es decir, la contribución impositiva de los egresados de las universidades públicas madrileñas, por encima de la contribución de individuos con educación secundaria postobligatoria, fue, en 2018, 5,8 veces más que los 932,6 millones de euros que la CAM invirtió en sus universidades públicas.

Bocas maliciosas nos responderán que el multiplicador fiscal de los egresados de las universidades privadas madrileñas es infinito dado que la CAM invierte cero en ellas (o muy poco) y sus egresados pagan impuestos como todo quisqui. Y no les faltará razón. Y añadiremos que estas universidades privadas en España, también conocidas como «chiringuitos», están proliferando como champiñones, mientras las autoridades, no siempre con el celo con que recortan la universidad pública, intentan mantener un mínimo de dudosa calidad. Brutti tempiVéase https://elpais.com/educacion/2022-02-16/la-ineficacia-del-decreto-contra-los-chiringuitos-las-nuevas-universidades-privadas-estan-lejos-de-la-calidad-exigida.html..

Y es que, a la hora de pagar salarios, facturas de la luz, gastos generales y de amortización, o a la hora de financiar proyectos de inversión a largo plazo, incluida la I+D (investigación y desarrollo), una universidad, pública o privada, no es muy diferente de una empresa convencional. Si se reducen sus ingresos, tarde o temprano se habrán de reducir sus costes y, con ellos, el tamaño de sus operaciones y su impacto en la sociedad.

Hay datos todavía más desoladores, si cabe. La matriculación en las universidades públicas madrileñas entre los cursos 2006/07 y 2019/20 ha disminuido, mientras que en las universidades privadas ha aumentado considerablemente, dado que estas partían de niveles muy bajos. En concreto, la matriculación ha descendido el 5,2% en las primeras y aumentado el 43,9% en las segundasVéase https://www.sociedadyeducacion.org/site/wp-content/uploads/TAXONOMIA-COMPLETO_23_JULIO_2021_SOCIEDAD-Y-EDUCACION.pdf. Los datos agregados que presentamos son elaboración propia, utilizando los datos por áreas disciplinarias en este estudio.. Pero es que, agárrense, estas cifras ocultan algo todavía más aterrador, y no solamente en referencia a la universidad pública.

De las cinco áreas disciplinarias consideradas en el estudio que citamos, Artes y Humanidades, Ciencias Sociales y Jurídicas, Ciencias, Ciencias de la Salud, y Arquitectura e Ingeniería, son las áreas de Ciencias y Arquitectura e ingeniería las que registran descensos significativos en la matriculación durante este periodo, tanto en las universidades públicas como en las privadas. En el área de Ciencias, la caída de la matriculación fue del 27,34% en universidades públicas madrileñas (de 16.558 a 12.031) y del 27,35% en las privadas (de, no se rían, 991 a 720). En Arquitectura e Ingeniería, la caída fue del 15,29% en las universidades públicas madrileñas (de 54.392 a 46.076) y, no se escandalicen, del 47,77% (10.333 a 5.397) Véase https://www.sociedadyeducacion.org/site/wp-content/uploads/TAXONOMIA-COMPLETO_23_JULIO_2021_SOCIEDAD-Y-EDUCACION.pdf.. Paradójica y alentadoramente las disciplinas de Artes y Humanidades vieron crecer su matriculación en ambos tipos de universidades, un 11,84% (de 14.954 a 16.725) en las universidades públicas y un 288,7% (de 882 a 3.428) en las privadas. El mayor aumento se produjo en ciencias de la salud.

Universidad o barbarie

¿Adónde van Madrid y España en educación superior e investigación? La precariedad del empleo, no solo en la universidad, por supuesto. La falta de planes de inversiones estables y comparables a los de los países de nuestro entorno europeo. La incertidumbre generada por los procesos políticos nacionales y autonómicos. La apuesta por universidades privadas que más parecen sucursales de la desaparecida Trump University que aspirantes a Harvard o MIT. La degradación se masca en el ambiente.

No se escandalicen por lo de Harvard y MIT. Ya sabemos que nos estamos poniendo estupendos. Pero estas son universidades privadas sin ánimo de lucro. Han construido sus recursos de forma que aseguren su futuro, con fondos de inversión milmillonarios. Obtienen ingresos sustanciales de quienes disfrutan de sus ofertas educativas (generosamente compensados con becas y ayuda financiera). También obtienen ingresos públicos, para aumentar su ayuda financiera a estudiantes que no podrían serlo de otra forma, o como contratos de investigaciónUn artículo muy interesante en que, entre otras fuerzas sociales y económicas, se discute el papel que las universidades jugaron en las sociedades modernas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, es: https://www.worksinprogress.co/issue/the-decline-and-fall-of-britain/.. Inalcanzable para España y para Madrid, ese reducto político de algo que se empeñan en llamar libertad, ya lo sabemos. Pero todavía más inalcanzable cuando nadamos en dirección contraria. Lo contrario de universidad es barbarie.

image_pdfCrear PDF de este artículo.

Últimos artículos

Últimos Libros