Durmientes

SUEÑO PROFUNDO

Banana Yoshimoto

Tusquets, Barcelona

172 pp.

15 euros

Si la narrativa actual ofrece muchos ejemplos de realismo en los que predomina la acción, la lógica en el comportamiento de los personajes y el azar (algo tan real) para resolver los conflictos, a veces echamos en falta que el narrador preste atención a sensaciones más profundas, a mecanismos que articulan emociones que todo el mundo experimenta pero que son difíciles de mostrar en un relato. Narrar lo invisible que nos sucede cada día es un buen camino para interesar al lector, pues en el inconsciente de cada lector hay un secreto deseo de volver a encontrar los sortilegios felices que pueblan los cuentos de hadas. La escritora japonesa Banana Yoshimoto lo sabe y por eso escribió estos tres relatos cuando todavía era bastante joven, pues nació en 1964 y este libro, Sueño profundo, fue publicado originalmente en 1989.

En el primer relato, que da título al volumen, nos encontramos con el tema de la Bella Durmiente. En este caso no hay un bosque, sino una gran ciudad, nocturna e insomne –Tokio–, y las sombras de la noche en un hospital donde la mujer del amante de la protagonista,Terako, duerme su coma profundo. Quizá para luchar con su rival, o para comprenderlo, Terako también duerme todo el día en el apartamento silencioso, mientras espera que el teléfono suene. O quizá duerme para encontrarse con su amiga Shiori. Shiori trabajaba como acompañante de durmientes, es decir, dormía (sin poder dormir) al lado de sus clientes, los cuales por alguna razón necesitaban encontrar a alguien al despertarse en medio de la noche, alguien que les ofreciera un vaso de agua o les sonriera.Y ella, Shiori, se suicidó hace meses con pastillas, no quiso regresar del sueño. Los sueños inquietos de sus clientes acabaron con ella.

El teléfono suena de vez en cuando y Terako siempre sabe si el que llama es Iwanaga, su amante. Ha dejado su trabajo y ahora sólo duerme. No sabe por qué tiene tanto sueño, por qué duerme a veces más de veinte horas seguidas. Iwanaga no puede comprometerse con ella mientras su mujer siga en coma. Esta situación de espera que, como en el caso de la Bella Durmiente, puede durar años y años, no la socava en apariencia, pues suele estar de buen humor cuando no duerme, si bien va hundiéndose en el sueño cada vez más, como si en el acto de dormir uno fuese abriendo puertas y entrando en estancias cada vez más profundas, hasta llegar a una que impide el retorno al punto de partida.

El punto de partida es precisamente el que siempre está en la mente de Shibami, la narradora del segundo relato, «La noche y los viajeros de la noche», y la partida es de su hermano Yoshihiro.Yoshihiro se fue a Boston en pos de Sarah, allí sucedió algo, y después, otra vez en Tokio, se mató en un accidente. El hermano dejó una huella profunda en tres mujeres: su hermana menor, Sarah y Marie, su última novia. Se trata de un relato un tanto deslavazado, porque la narradora da saltos y cuenta cosas en apariencia intrascendentes o incluso irrelevantes. Sin embargo, poco a poco esa intrascendencia cobra significado, pues el tono, jovial y despreocupado, de Shibami acaba calando en el lector para transmitirle el sufrimiento de las dos mujeres por la pérdida y los celos.

Por fin, el tercer relato es una especie de continuación del anterior, pues «Una experiencia» sigue abordando el tema del sueño, de los celos, de la soledad de la mujer. Los japoneses son muy agoreros y deterministas. Hay un refrán japonés que dice que incluso el encuentro más casual está predestinado. Aquí la narradora, en sus borracheras (otro tipo de sueño, más o menos profundo), oye una melodía, una especie de llamada. Al cabo de un tiempo se da cuenta de que es Haru quien la llama desde el más allá, Haru, que murió de coma etílico; Haru, la misma odiosa criatura con la que se disputó en otro tiempo un hombre irresistible.Y por supuesto, la presencia alucinatoria de Haru (de la que estuvo enamorada sin saberlo) la salva de seguir su mismo destino. Otra vez la sombra de Grimm, a través del cuento Blancanieves y la rosa roja, planea sobre la ficción de Yoshimoto.
 

Sueño profundo deja una sensación parecida a la mezcla de ligereza y simbolismo que desprende el arte decorativo del ikebana: textura, línea y color componen un mensaje sencillo que se explica al otro lado del muro de la realidad. El primero de los relatos es, sin duda, el más redondo desde el punto de vista narrativo, aunque los otros dos tengan a su vez virtudes, detalles que hacen a sus personajes reales y vivos, a la par que arquetípicos. Los tres hombres que transitan por sus páginas son príncipes, cada uno a su manera. Las mujeres que hablan de sus príncipes son víctimas del sortilegio del sueño, es decir, de la soledad y del amor, tan cerca de la muerte.Yoshimoto es compasiva con unas y con otros. No reparte culpas, no hay aquí batalla entre sexos, pues lo masculino y lo femenino se funden en las estancias anegadas del sueño. Es como si los cuentos europeos de hadas fueran contados sin remilgos por una japonesa, no desde el miedo al mundo y el afán de educar, sino desde la aceptación mística de un destino inexorable.

Ficha técnica

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