Sir Raymond Carr in memoriam

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Hace algunos días, los medios de comunicación españoles daban la noticia del fallecimiento de Sir Raymond Carr (Bath, 11 de abril de 1919 – Londres, 19 de abril de 2015), a sus noventa y seis años de edad. No por esperada, y hasta lógica, esa noticia ha sido menos impactante y triste para muchos de los historiadores y aficionados a la historia que hay en España. Y el que esto escribe figura entre ellos sin ninguna duda ni vacilación. Sencillamente porque pertenece a esa generación de estudiantes de historia que aprendió gran parte de lo que sabe que era y es la España contemporánea de la mano de los muchos títulos que Raymond Carr firmó a lo largo de su fecunda, larga y prodigiosa vida. Una vida, además, que muy lejos de ser la propia de un eremita encerrado en su despacho y ajeno a las vanidades del mundo, fue protagonista de toda una trayectoria vital cargada de emoción, sorpresas, aventuras y circunstancias críticas y transcendentales. Una vida bien relatada por una de sus últimas «discípulas» en la disciplina, la historiadora María Jesús González, que nos regaló hace bien poco una biografía del personaje crucial para comprender a su figura, su obra y su época: Raymond Carr. La curiosidad del zorro (Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2010). Como homenaje personal y recuerdo agradecido a este maestro de historiadores, nos permitimos anotar a continuación unas líneas, sumarias pero sentidas, sobre su trayectoria historiográfica y su impacto para la historia de la España contemporánea.

Cabe empezar por decir que, tras los estudios sobre la Guerra Civil de Gerald Brenan (1943) y Hugh Thomas (1961), el hispanismo histórico en Gran Bretaña llegó a su plena madurez, y quizás a su máximo esplendor, en el año 1966. Y eso porque tal año fue el de la aparición de una obra magistral y monumental firmada por un entonces desconocido profesor de la Universidad de Oxford llamado Raymond Carr y que llevaba un título tan corto como preciso: España, 1808 1939.

El trabajo de Carr contenía una densa y penetrante panorámica de la historia contemporánea de España desde la Guerra de Independencia contra Napoleón hasta la victoria franquista en la Guerra Civil (la segunda edición revisada de 1982 amplió su cobertura cronológica hasta la muerte del general Franco y el inicio de la transición democrática). Su originalidad radicaba en su amplísima expansión temática y temporal, su profundidad explicativa y su brillante composición y estilo narrativo. Fue percibida desde el principio, dentro y fuera de nuestras fronteras, como un verdadero clásico de la nueva historiografía sobre la España de los siglos XIX y XX. Y fue apreciada también universalmente como un magnífico exponente de las mejores virtudes inherentes a la tradición histórica inglesa y británica.

Hay que recordar que a mediados de los años sesenta no existía una obra general sobre la historia contemporánea española de mínimo rigor documental, intensidad analítica y ponderación de juicio. La historiografía española contemporaneísta, lastrada por la severa vigilancia de los censores franquistas y por las prohibiciones de acceso a los archivos pertinentes, apenas podía vanagloriarse de la contribución tentativa de Jaime Vicens Vives y algunos otros (Miguel Artola, Vicente Cacho Viu, José María Jover Zamora). En ese contexto globalmente desolador, Carr publicó un estudio omnicomprensivo donde los aspectos políticos estaban en íntima conexión con las estructuras sociales, se entretejían con los procesos económicos y tenían su reflejo en las esferas cultural e ideológica. Y todo ello con una finalidad explícita: acabar con las manidas pseudoexplicaciones históricas basadas en la Leyenda Negra y el Mito Romántico y demostrar que el desarrollo de la España contemporánea había sido peculiar, pero en ningún caso excepcional, dentro del contexto europeo.

Esa fecunda perspectiva analítico estructural se combinaba además con una elegante capacidad narrativa, una cuidada atención al detalle significativo microhistórico y una aversión explícita a explicaciones generalizadoras basadas en conceptos impersonales (del tipo entonces en boga por influencia marxista: «revolución burguesa», «modo de producción»…). Las sucesivas descripciones de los períodos históricos abordados eran magníficas y denotaban ya el acervo de lecturas bibliográficas, hemerográficas y archivísticas que servían de soporte al trabajo. Igualmente brillantes eran los retratos biográficos de los personajes históricos más importantes, que combinaban rasgos públicos y anécdotas privadas muy reveladoras. Así, por ejemplo, los lectores de la obra pudieron saber que el general Baldomero Espartero, espada del liberalismo progresista decimonónico, era hijo de un humilde carretero y creyente católico hasta la superstición; que Antonio Cánovas del Castillo, aparte de ser el arquitecto conservador de la Restauración, era también un asiduo lector de Immanuel Kant; que Alejandro Lerroux, al tiempo que dirigía al lumpen-proletariado barcelonés en campañas anticlericales, era uno de los escasos ciclistas empedernidos que había en el país; o que el general Franco, antes y después de convertirse en flamante Caudillo, ni fumaba, ni bebía ni tenía un paladar demasiado exquisito o refinado.

El impacto historiográfico de la obra de Raymond Carr fue tan grande que muy pronto se agrupó en torno a su persona una pléyade de discípulos que dio origen a la llamada «Escuela de Oxford» del hispanismo británico contemporaneísta. De hecho, alrededor del Centro de Estudios Ibéricos del St. Anthony’s College, fundado y dirigido por el propio Carr, fue configurándose un grupo muy definido de notorios historiadores, tanto británicos como españoles. Entre estos últimos cabría mencionar a tres figuras bien conocidas y reputadas: Joaquín Romero Maura, José Varela Ortega y Juan Pablo Fusi Aizpurúa. De los discípulos británicos destacarían posteriormente cuatro nombres principales: Shlomo Ben Ami, Martin Blinkhorn, Frances Lannon y Paul Preston. Todos ellos cursaron sus estudios total o parcialmente en Oxford, realizaron sus tesis doctorales bajo la dirección de Carr y contribuyeron decisivamente a la rápida modernización de la historiografía española en la etapa tardofranquista y democrática.

El fecundo magisterio de Carr inaugurado en 1966 quedó ampliamente confirmado por sus abundantes publicaciones posteriores. De todas ellas, cabría resaltar de modo especial tres libros muy relevantes y, a juzgar por sus reiteradas ediciones, sumamente influyentes a la hora de conformar la conciencia histórica de las últimas generaciones españolas: Estudios sobre la República y la guerra civil española (publicado por vez primera en 1973); La tragedia española: la guerra civil en perspectiva (de 1977); y España: de la dictadura a la democracia (aparecido en 1979 y escrito en colaboración con Fusi). No menos importancia cabe atribuir a otra obra más modesta, pero que ha sido y sigue siendo un extraordinario manual de texto utilizado en casi todas las universidades españolas para explicar la historia española desde la quiebra de la Primera República en 1873 y hasta el final de la dictadura franquista en 1975: España, de la Restauración a la democracia (cuya primera edición es de 1982). Su último libro publicado en España fue una colección de más de dos centenares de textos titulada El rostro cambiante de Clío. Ensayos.

En virtud de esa notoria trayectoria historiográfica, Raymond Carr recibió en vida muchos honores y galardones, de los que disfrutó como experto bon vivant que era: la concesión de la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio por el rey Juan Carlos en 1983; su nombramiento como caballero británico (con título de Sir) por la reina Isabel en 1987 y la elección como premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1999. Eran galardones que no añadían demasiado a su valía historiográfica, pero que suponían un reconocimiento público y civil de un historiador cuya obra resulta imposible desconocer si queremos comprender la historia española de los dos últimos siglos. Un motivo más que suficiente para que el maestro y, hasta hace pocos días, decano del hispanismo británico contemporáneo reciba este humilde homenaje en el que fue su país de adopción.

Enrique Moradiellos es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura. Sus últimos libros son 1936. Los mitos de la Guerra Civil (Barcelona, Península, 2004), Franco frente a Churchill : España y Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) (Barcelona, Península, 2005), La semilla de la barbarie: antisemitismo y Holocausto (Barcelona, Península, 2009), Don Juan Negrín (Barcelona, Península, 2006), Clío y las aulas (Badajoz, Diputación Provincial, 2013) y El oficio de historiador: estudiar, enseñar, investigar (Madrid, Akal, 2013).

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