Presentación en la Fundación Ramón Areces del número 0, el día 10 de diciembre, a las 19.00 h.
A vueltas con el papel
El soporte en el que se transmiten las ideas también las modifica y las conforma. La historia de la lectura sería impensable sin prestar atención a sus condiciones materiales. Hoy en día, decidimos entre lo digital y lo analógico, lo virtual y lo tangible, sin atender a que el soporte determina los gestos de nuestra lectura tanto como, en buena medida, el contenido de la lectura misma. Tampoco podemos hablar de conflicto, sino de cooperación: en la Europa del siglo XXI, las nuevas herramientas digitales nos permiten leer el interior de los barros cocidos en los que se ocultaban textos de escritura cuneiforme; la inteligencia artificial nos ha dado acceso a fragmentos carbonizados por el Vesubio en la biblioteca de Herculano; los sistemas de procesamiento de lenguaje natural, cada vez más sofisticados, analizan miles de cartas y noticias manuscritas de las que circularon por la Europa moderna; la Biblioteca Nacional de España ha mostrado hace poco, en una brillante exposición, su texto más antiguo: el papiro, llamado de Ezequiel, del siglo III. Al prestar atención al soporte, hemos descubierto, por ejemplo, que muchas de las huellas dactilares de las tablillas sumerias que descansan en las grandes colecciones del mundo eran de dedos de mujer. Este solo dato serviría para demostrar que la historia de la escritura y la lectura tampoco sería posible sin una reflexión sobre las condiciones de producción, de transmisión y de consumo: sin esa soledad buscada o sin ese afán de acumular y coleccionar libros, del que Petrarca fue quizá el primer exponente moderno. El sabio italiano, célebre también por su biblioteca, subió al monte Ventoux con un ejemplar de las Confesiones de san Agustín, del que leyó algunos fragmentos en la cumbre. En España tenemos el caso de Hernando Colón, el hijo ilegítimo de Cristóbal Colón, que reunió a comienzos del siglo XVI entre quince y veinte mil textos, incluyendo libros, manuscritos, noticias de mano, panfletos, almanaques y ephimera de distinta naturaleza.
Para quienes hacemos Revista de Libros, la vuelta al papel no significa renunciar a quienes prefieren leer y escribir en espacios compartidos y en soportes digitales. No renunciamos, ni podríamos hacerlo, a la rapidez de las pantallas ni a las oportunidades que brindan los recursos informáticos. Durante los últimos tres años, han aumentado exponencialmente nuestros lectores en redes, mientras vamos abriendo espacios y oportunidades para voces más jóvenes: las de aquellos que ya nacieron con una tableta entre las manos. Al mismo tiempo, sin embargo, tampoco queremos dar la espalda a quienes buscan pasar las páginas, subrayar palabras, recortar artículos, conservar en algún estante los números en papel de nuestra revista. Las formas de leer se relacionan, claro está, con las formas de pensar. Revista de Libros es un espacio plural, de intercambio de ideas que se expresan en formatos también muy distintos. Seguiremos en el empeño de fomentar la reflexión y la lectura cualquiera que sea su forma, su materia o su propósito.
Para celebrar la vuelta de Revista de Libros al papel, os esperamos el día 10 de diciembre, a las 19.00h., en la sede de la Fundación Ramón Areces, en Madrid. Daremos más información sobre este acto en nuestro próximo boletín.
Javier Moscoso es director de Revista de Libros.






