¿Realmente «el fragmento del Corán más antiguo del mundo»?

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La noticia la daba ayer mismo la BBC. Y numerosos medios europeos se han hecho eco de ella hoy. Reza más o menos así: «Descubierto en Birmingham el fragmento del Corán más antiguo del mundo». Hay razones para mostrarse –como poco– escéptico ante tanto titular mediático.

He aquí algunas consideraciones sobre este supuesto «descubrimiento» (en realidad, se trata de dos hojas de un manuscrito bien conocido, MS1572, que consta de nueve hojas y que se halla emparentado, desde un punto de vista paleográfico, con el manuscrito BNF Arabe 328a de la Biblioteca Nacional de Francia, probablemente de finales del siglo VII) y, en general, sobre el análisis y datación de este tipo de documentos.

1. Consideraciones generales

1.1. El análisis químico de los manuscritos coránicos presenta numerosos problemas, incluida su frecuente contaminación.

1.2. En cualquier caso, no permite datar la escritura, sino el soporte.

1.3. A menudo, fragmentos de una misma hoja dan como resultado dataciones dispares que comprenden varios siglos, incluidos los siglos IV, V y VI.

1.4. La horquilla de fechas que dan es, por tanto, excesivamente amplia e imprecisa, cuando no sencillamente inverosímil.

1.5. Generalmente, sin embargo, nada de todo esto suele tenerse en cuenta cuando se redactan comunicados o titulares mediáticos de esta índole.

1.6. Las más de las veces, esos comunicados o titulares privilegian la datación que más se acomoda a los «datos» de la tradición islámica.

1.7. También suelen omitirse los resultados suministrados por el estudio paleográfico de los fragmentos en cuestión, que invariablemente da fechas más tardías comprendidas entre finales del siglo VII y mediados del VIII.

1.8. Por último, es necesario determinar a qué tipo de documento o documentos pertenecían originalmente tales fragmentos, que presentan, por lo general, un porcentaje de coincidencias con el texto coránico inferior al 30%.

2. Consideraciones adicionales

2.1. Hay casos, por otra parte, en los que las opiniones de los diferentes miembros de cada equipo científico no son unánimes, cosa que los titulares no siempre resaltan debidamente.

2.2. Tampoco mencionan que, con frecuencia, las ayudas económicas que permiten llevar a cabo las investigaciones correspondientes proceden de países, empresas o particulares musulmanes.

2.3. A lo que se añade que diferentes centros parecen haber emprendido una absurda carrera a expensas de toda prudencia para ver quién tiene el documento más antiguo (primero Tubinga, luego Leiden, ahora Birmingham).

3. Valoración del caso

En el caso de los fragmentos de Birmingham, hay que tener en cuenta, al menos, los puntos 1.2, 1.4, 1.5, 1.6, 1.7, 1.8, 2.1, 2.3 y, eventualmente, el punto 1.1.

Alba Fedeli ofreció una excelente ponencia sobre estos y otros problemas afines en el marco del primer Encuentro Nangeroni del Early Islamic Studies Seminar celebrado en Milán del 15 al 19 de junio de este mismo año. Y, pese a formar parte del equipo de Birmingham, se ha mostrado cauta ante los titulares sensacionalistas y ha advertido a la prensa de lo que sí y de lo que no cabe afirmar. Pero, lógicamente, nadie, o casi nadie, ha prestado –ni va, por supuesto, a prestar– atención a sus palabras. Lo que vende, y en consecuencia lo que cuenta, es estar en posesión de la joya que unos y otros se disputan y persuadir de ello al mayor número de potenciales visitantes.

(Algo parecido a lo sucedido en España hace unos meses con los «restos» de Cervantes.)

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