Pellizcos de monja: Unión Europea, Carmena y el papa

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Algunos amigos y seguidores del blog me envían sugerencias para ser aliñadas con alioli. Aquí recojo algunas que tienen que ver con ciertas normativas de la Unión Europea, con el programa electoral de Manuela Carmena y con la última encíclica del papa.

Unión Europea

En Bruselas se han metido en un enmarañado jardín legislativo al empezar a considerar los riesgos potenciales de distintos tipos de sustancias sin tener en cuenta los niveles posibles de exposición. El riesgo real de un compuesto químico, sea natural o sintético, es el resultado de multiplicar la toxicidad específica por unidad de peso (su potencia, por así decirlo) por el grado de exposición previsible (cantidad de dicho producto a la que el organismo pueda verosímilmente exponerse). Bajo la nueva óptica bruselense, el uso y consumo de compuestos tan habituales como la sal o el azúcar jamás serían aprobados. Un caso ilustrativo del disparate aludido es el del alcohol. Este compuesto químico es un cancerígeno poco potente que, sin embargo, constituye la mayor amenaza oncológica de nuestra dieta, porque el grado medio de exposición (consumo) es muy alto. En el café, sin ir más lejos, existen cancerígenos mucho más potentes, pero nuestra exposición a ellos es muchísimo más baja y no suponen un riesgo notable.

Aparte de por vía oral, el alcohol, que es volátil, puede incidentalmente entrar en contacto externo con el ser humano en pequeñas cantidades como componente de una enorme variedad de productos: como biocidas, detergentes, esterilizantes, aromas ambientales, cosméticos, biocombustibles y muchos otros. Sería grotesca la incongruencia normativa si, aplicando la forma de pensar que está imponiéndose, se prohíbe el alcohol para varios de estos usos, a los que el grado de exposición externa es muy bajo, y se mantiene la permisividad ante la alta exposición interna que supone la que se produce por vía oral en forma de vinos cervezas y licores. Europa se parece cada vez más a la Torre de Babel.

Programa electoral de Ahora Madrid

Saco a relucir aquí tres detalles del programa electoral de Manuela Carmena que tienen que ver con la ciencia y que probablemente sean irrelevantes en comparación con las prioridades de dar de comer a los niños desnutridos y asegurar un techo a los desahuciados.

La propuesta de declarar a Madrid «Zona Libre de Transgénicos» es puro humo, ya que en España no hay aprobado ningún transgénico para consumo humano y, por otro lado, una buena parte de la carne que consumimos procede de animales alimentados con maíz y soja transgénicos cuya exclusión de los mercados y restaurantes madrileños es imposible y, además, queda fuera de las competencias municipales. En treinta años no ha habido ni un solo efecto adverso al medio ambiente o al ser humano imputable a los transgénicos, mientras que con frecuencia hay accidentes debidos a los mal llamados alimentos naturales.

La intención de cerrar el CIEMAT, aparte de estar también fuera de las competencias municipales, supondría suspender buena parte de las investigaciones españolas sobre energías renovables. Se trata de un organismo equivalente a los que existen en la mayoría de los países. La semilla para que España se haya convertido en líder de la energía termosolar la sembró esta institución.

La demanda de enterrar las conducciones eléctricas es delirante. Afortunadamente para nosotros, no hay efecto adverso imputable a la exposición a campos electromagnéticos de baja intensidad. Dichos campos se propagan con igual libertad a través de la tierra y del aire. Al enterrarlos los acercaríamos a las personas en lugar de alejarlos. Los campos electromagnéticos tanto de las conducciones aéreas como de las enterradas podrían ser apantalladas, pero sería superfluo y en extremo costoso.

Espero que los planes de Manuela Carmena para los objetivos prioritarios que comparto con ella sean más acertados que los aquí comentados.

Encíclica Laudato si'

Me congratulo de que el papa se alinee en general con la Ciencia al escribir la importante encíclica Laudato si’ sobre el cambio climático y el medio ambiente, como lo hace en el punto 102:

102. La humanidad ha ingresado en una nueva era en la que el poderío tecnológico nos pone en una encrucijada. Somos los herederos de dos siglos de enormes olas de cambio: el motor a vapor, el ferrocarril, el telégrafo, la electricidad, el automóvil, el avión, las industrias químicas, la medicina moderna, la informática y, más recientemente, la revolución digital, la robótica, las biotecnologías y las nanotecnologías. Es justo alegrarse ante estos avances, y entusiasmarse frente a las amplias posibilidades que nos abren estas constantes novedades, porque «la ciencia y la tecnología son un maravilloso producto de la creatividad humana donada por Dios». La modificación de la naturaleza con fines útiles es una característica de la humanidad desde sus inicios, y así la técnica «expresa la tensión del ánimo humano hacia la superación gradual de ciertos condicionamientos materiales». La tecnología ha remediado innumerables males que dañaban y limitaban al ser humano. No podemos dejar de valorar y de agradecer el progreso técnico, especialmente en la medicina, la ingeniería y las comunicaciones. ¿Y cómo no reconocer todos los esfuerzos de muchos científicos y técnicos, que han aportado alternativas para un desarrollo sostenible?»

Lástima que luego venga el papa Paco con las rebajas en los apartados 131, 132, 133, 134, 135 y 136. Habremos de esperar a la próxima encíclica. De todos modos, prefiero la actitud de este papa a la de ese cardenal que confunde la Ecología con la Biología Reproductiva y la velocidad con el tocino.

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