En la historia del conocimiento humano cobra especial importancia cómo cada sociedad ha preservado y organizado el saber de cada época, para transmitirlo de generación en generación. Las bibliotecas, como espacios de conservación y transmisión, se convierten en lugares estratégicos para la reproducción y la evolución de las sociedades. Y el acceso a ellas, en la condición fundamental para el desarrollo de una subjetividad capaz de construir conocimiento para la comunidad. El saber genera poder y viceversa.
La relación entre poder y saber es un marco conceptual especialmente fecundo para interpretar el significado social y político de las bibliotecas. El saber, sostiene Michel Foucault, no es un reflejo neutral de la realidad ni una simple acumulación de conocimientos; es un dispositivo productivo que organiza los discursos legítimos, define los regímenes de verdad y distribuye las posiciones desde las cuales es posible hablar, pensar y actuar. Bajo esta interpretación, los espacios donde se conservan y clasifican los saberes, las bibliotecas, más allá de ser simples espacios de almacenamiento, se convierten en un dispositivo de legitimación de lo que es valioso para la comunidad, en una tecnología para la reproducción del poder-saber y de sus formas de dominación. Las bibliotecas, como los archivos, cumplen la función de decidir qué hechos y qué conocimientos construirán la memoria y la identidad de cada sociedad. Decidir qué libros se conservan y cómo, qué se va a hacer visible y qué no, implica una intervención directa en la producción de realidad y en la delimitación del poder de lo decible. Desde Foucault sabemos que el poder no actúa solo por prohibición, fundamentalmente actúa por producción de visibilidades e invisibilidades. Y, sobre todo, sabemos que nada hay más poderoso que la posibilidad de construir la realidad y legitimarla. ¿Quién ha tenido el poder de construir la realidad y legitimarla?
En esta historia de evolución social y acceso a los medios y modos de desarrollo a través de las bibliotecas, cobra especial relevancia la pregunta de cómo y quién ha podido tener acceso a las mismas. Las mujeres, como era de esperar, no estaban en el grupo de los privilegiados. El valor de la educación, la necesidad de una formación y el deseo de emancipación fueron objetivos alcanzados por las mujeres hace tan solo un siglo. Desde esta perspectiva, la historia de la relación entre las mujeres, el saber y el poder, no puede reducirse a una historia cultural secundaria. Es una historia central para comprender las causas de la desigualdad entre mujeres y hombres. Arroja luz a la cuestión de cómo en el acceso al conocimiento, las mujeres nunca tuvieron las mismas oportunidades que los hombres. La pregunta sería entonces: ¿cómo tuvieron acceso las mujeres a estos medios de producción de poder, conocimiento y saber que son las bibliotecas?
Sembrar palabras. El despertar intelectual de las mujeres, obra galardonada con el Premio Espasa 2025, es un viaje documentado por 500 años de historia cultural, social y política de España. Su autora, Ana Santos -exdirectora de la Biblioteca Nacional-, construye un ameno itinerario por bibliotecas míticas, biografías de mujeres pioneras, experiencias autobiográficas, contextos sociales, religiosos, políticos y culturales para componer la cartografía de cómo fue el difícil acceso a los modos de producción de saber y conocimiento de las mujeres; cómo fue la lucha por la alfabetización y qué dificultades encontraron para conquistar la palabra escrita. Su tesis de fondo es clara: el acceso a la lectura y a las bibliotecas ha sido una condición material y simbólica indispensable para el desarrollo de las capacidades intelectuales de las mujeres y, en consecuencia, para el avance de sus derechos. La desigualdad cultural no empieza en la falta de talento, sino en la falta de acceso a la educación y al conocimiento.
Uno de los planteamientos más interesantes de este ensayo, desde mi punto de vista, es entender la cultura escrita no como un simple repertorio de textos, sino como un campo de fuerzas histórico. En este sentido, lejos de ser una historia celebratoria o una colección biográfica de mujeres relevantes, Sembrar palabras, narra el despertar intelectual de las mujeres, desde el campo de fuerzas de las exclusiones, mediaciones y estrategias de resistencia que desarrollaron para el asalto al poder-saber. Santos expone cómo en condiciones de exclusiónformal, las mujeres transgredieron la prohibición del acceso y crearon sus propias bibliotecas ―domésticas y/o conventuales―, y accedieron a bibliotecas institucionales. Ciertamente lo hicieron desde posiciones subalternas, pero no por ello carentes de agencia, porque fue precisamente desde estas posiciones de subalternidad que contribuyerona sostener regímenes de verdad alternativos o marginales, ampliando los límites de lo decible. Asistimos, entonces, a un cambio de escenario en el que las bibliotecas se nos aparecen no solo como espacios de reproducción del poder, sino también como lugares de resistencia. Como lugares fundamentales para el empoderamiento de las mujeres y la conquista de sus derechos. Las mujeres que tuvieron acceso a las bibliotecas pudieron convertir la lectura en una práctica de autoafirmación y pudieron desarrollar una subjetividad que les permitió ensayar la libertad de interpretarse e interpretar el mundo.
Y esta es una historia no solo de personalidades sino, y también, de clases sociales. Su autora no obvia el hecho histórico de que las mujeres lectoras fueron nobles, monjas y ricas. Así como las mujeres escritoras, pero es obvio que la historia de la cultura es una historia de clase y género. Las primeras mujeres lectoras y escritoras tuvieron que elegir los hábitos y confinarse en conventos para poder tener libre acceso a los libros y desarrollar sus capacidades y sus vocaciones de escritoras. Para justificar su vocación se ampararon en el mandato divino y hasta tuvieron que pedir perdón por la osadía de dedicarse a escribir ante el miedo a ser vilipendiadas, como fueron los casos de Santa Teresa de Jesús y Sor Juana Inés de la Cruz. Y cuánto ayuda conocer la biografía de estas mujeres, afirma Ana Santos, cuánto ayuda saber cómo se enfrentaron al patriarcado, cómo rompieron con los roles tradicionales que les impusieron, cómo escaparon al tutelaje de confesores y padres de la iglesia. La historia de cómo el patriarcado somete y castiga a las mujeres se repite y sorprende descubrir que es la misma en el siglo XV y en el XX.
En Sembrar palabras iremos conociendo, biblioteca a biblioteca, cómo la conquista de derechos y libertades de las mujeres correrá paralela a la circulación de libros y a la posibilidad de acceder a ellos. Con el trasfondo histórico de 500 años de evolución cultural en España, recorreremos las bibliotecas del Renacimiento y de los siglos XVI y XVII; los salones, las tertulias y las bibliotecas ilustradas del siglo XVIII, la formación de las primeras colecciones en las bibliotecas del siglo XIX, la aparición de las bibliotecas para el pueblo del siglo XX y asistiremos a la conquista de derechos civiles y sociales de la ciudadanía a la par que progresan las bibliotecas públicas, crecerá la industria editorial, se publicarán las primeras revistas feministas, entrará en vigor la ley de educación general de 1970 y se consolidará la prensa en España como un poder independiente. Solo un paréntesis histórico, el periodo de la dictadura franquista, en el que Ana Santos interrumpe conscientemente su relato histórico: «No ha sido posible continuar porque durante esos años un velo de silencio y olvido cubrió la voz de las mujeres (…) La mujer volvió a una situación similar a la vivida en siglos anteriores».
Esta interrupción en la narración tiene un valor pedagógico extraordinario, nos recuerda que la libertad que alcanzan las mujeres es frágil y vulnerable y que puede perderse. Se perdió en nuestra historia reciente, durante la dictadura franquista, las mujeres fueron obligadas a volver al confinamiento del espacio doméstico. De ahí la necesidad de recordar a las generaciones venideras que este legado es frágil, que la relación entre mujer, saber y poder se ha ido construyendo en un delicado equilibrio, siempre rozando los límites de lo posible, entre grandes avances y retrocesos; que esta historia de lectoras y derechos puede en cualquier momento revertirse.
Guiada por una intención divulgativa ―como precisa su autora en la introducción― Sembrar palabras. El despertar intelectual de las mujeres trenza una metodología de doble eje narrativo: histórico y autobiográfico. El recorrido histórico ―muy documentado en referencias historiográficas y ejemplos biográficos―, permite a Santos reconstruir una genealogía femenina del saber, tradicionalmente fragmentada o invisibilizada por los relatos canónicos de la historia hetero-cultural. Al hilo del relato histórico, la narración autobiográfica se despliega intercalada en amenos pasajes, en los que la autora narra su experiencia vital en relación con la pérdida de derechos durante la etapa franquista y las transformaciones culturales, sociales y educativas de la transición española. Esos pasajes autobiográficos no funcionan como interrupciones del relato histórico, sino como puntos de anclaje temporal y afectivo que muestran cómo los procesos macro-históricos se encarnan en trayectorias individuales, concretas y corporizadas. Este planteamiento de contar la historia de la emancipación de las mujeres desde un conocimiento situado ―propia del pensamiento feminista contemporáneo―, reconoce la importancia de la imbricación entre experiencia individual e historia colectiva, y resulta particularmente valioso para la transmisión y el análisis de los procesos de conquista, pérdida y recuperación de los derechos de las mujeres. Sin duda, la elección metodológica es un acierto que refuerza y subraya una de las tesis centrales del libro: la no linealidad del progreso en materia de derechos de las mujeres.
Pero es que la historia cultural de las mujeres difícilmente puede contarse desde otra interpretación que no sea fragmentaria, entre avances y retrocesos, y desde las voces, cuerpos y vidas que la han sostenido. En este sentido, esta obra de Ana Santos se inscribe en una tradición de autoras que han reconstruido la historia cultural de las mujeres a través de la recuperación de genealogías silenciadas, como Gerda Lerner en su obra La creación de la conciencia feminista, con el objetivo explícito de dar continuidad al relato documentando las voces propias que allanaron el camino para la autonomía intelectual, superando la falta de tradición y continuidad, convocando a las maestras, creando discípulas, sembrando palabras.
En conjunto, Sembrar palabras. El despertar intelectual de las mujeres es un ensayo histórico, excepcionalmente documentado y bien planteado que, a través de una narrativa ágil, aporta un punto de vista innovador a la historia cultural de las mujeres, al poner en valor la importancia del acceso a los medios y modos del conocimiento en la conquista de los derechos y las libertades. En este avance, las bibliotecas han funcionado como un dispositivo de desarrollo de una subjetividad y una autonomía propia que nos ha permitido a las mujeres, 500 años después, ser libres para elegir la vida que queremos vivir y cómo la queremos vivir.
Cristina Guirao Mirón es catedrática de filosofía y profesora titular de Sociología en la Universidad de Murcia. Directora de la revista Desde los márgenes de la asociación para la igualdad de mujeres y hombres en la cultura, Clásicas y Modernas. Es autora de los ensayos Crónicas a contrapelo (Newcastle, 2022) y Transgresoras. Una historia cultural de las mujeres (Los Libros de la Catarata, 2024).






