La moral de la ciencia

Los intelectuales y la política. Perfil público de Ortega y Gasset

VICENTE CACHO VIU

Prólogo de José Varela Ortega Introducción y edición al cuidado de Octavio Ruiz-Manjón Biblioteca Nueva, Madrid

La «moral de la ciencia», término tan mimado por Vicente Cacho, es el hilo conductor de esta «biografía intelectual orteguiana de preguerra» (José Varela Ortega), que recoge a la vez el entorno de hitos honrosos y frustraciones de impotencia de nuestra tradición liberal. Es precisamente dentro de la tradición liberal en donde Giner pasa el testigo a Ortega: «en el estudio de la labor intelectual de Ortega estaba el verdadero tomo segundo de la Institución» de Cacho (Octavio Ruiz-Manjón). Esa tradición constituye el marco dentro del que se van enganchando sucesivamente el Sexenio y la Institución Libre de Enseñanza (Giner), la Junta para Ampliación de Estudios (Giner/Ortega) y la Revista de Occidente (Ortega). La «moral de la ciencia» es una de las constantes más preciosas que da unidad a esa sucesión. Sucesión que podría incrementarse en sus inicios, sin abandonar el discurso interpretativo de Cacho, en dos unidades más: la filosofía de Krause materializada en la acción de sus discípulos alemanes, y la acción magisterial de Julián Sanz del Río, desde su vuelta de Alemania en 1843 hasta su muerte ocurrida en las primeras mieles del Sexenio.

El eminente historiador alemán Rudolf Vierhaus ha visto en el entrelazamiento de «elementos filosóficos ilustrados, idealistas y románticos» con «convicciones religiosas teístas (aconfesionales), ideas de reforma social y liberalismo político moderado» una de las causas que posibilitaron la nada despreciable influencia de Krause, a través de sus discípulos, en la misma AlemaniaPrólogo a Enrique M. Ureña, Philosophie und gesellschaftliche Praxis. Wirkungen der Philosophie K.C.F. Krauses in Deutschland 1833-1881 (en proceso de publicación en Frommann-Holzboog, Stuttgart).. El cauce más relevante de esa influencia fue el Congreso de Filósofos, institución permanente con Asambleas anuales creada por los krausistas en 1868, pero perseguida ya por ellos desde 1836 como un comienzo de la Alianza para la Ciencia pergeñada por Krause en su obra central Elideal de la humanidad. Los congresos de Praga (1868) y Francfort (1869) dieron el empujón definitivo a una colaboración krauso-fröbeliana orientada a alentar una reforma educativa en todos sus grados. Con ella se reflotaría a una Alemania sumida en una crisis de orientación cosmovisiva. Por las mismas fechas, Sanz del Río cantaba en carta a los krausistas alemanes los beneficios que se derivarían de una Alianza europea para la ciencia y los krausistas de la Universidad de Madrid, singularmente Fernando de Castro, Salmerón y Giner, iniciaban, con el esquema de El ideal de la humanidad en sus cabezas, proyectos paralelos referentes a la ciencia y a la educación a la vez que reforzaban el intercambio epistolar con los krausistas alemanes, correspondencia que duraría hasta los primeros años del novecientos. Terminado el Sexenio, Giner funda la Institución Libre de Enseñanza y, también en forma paralela a lo que sucedió en Alemania con la Asociación General para la Educación, fundada en 1871 por fröbelianos y krausistas, el núcleo de la filosofía de Krause se va difuminando y el krausismo de la institución pervive en el siglo XX fundamentalmente diluido en su pedagogíaVéase Enrique M. Ureña, «El giro institucional del krausismo en el último tercio del siglo XIX: un itinerario común a España y Alemania», en El Basilisco, segunda época, núm. 24 (1998), págs. 85-94..

La filosofía de Ortega y Gasset ha sido sistemáticamente tratada en voluminosos estudios como los de Julián Marías o Pedro Cerezo y en un largo etcétera. Compuesto con trabajos ya publicados, y revisado y completado el aparato crítico por Octavio Ruiz-Manjón con tanta paciencia y precisión como cariño puesto en la tarea, este segundo libro póstumoEl primer libro póstumo fue El nacionalismo catalán como factor de modernización, Barcelona, Quaderns Crema y Residencia de Estudiantes, 1998. del profesor Cacho constituye una contribución relevante a la biografía intelectual de Ortega, un campo menos atendido hasta ahora. Desde las jugosas cartas de adolescente hasta la Revistade Occidente, pasando por su inclinación hacia Alemania a través de lecturas francesas, por la Vieja y nueva política, la confrontación con las dos Españas, la complicada relación con Unamuno y la Junta para Ampliación de Estudios, Vicente Cacho nos transmite una imagen rica y serena de un Ortega profundamente liberal, convencido de la unidad de ciencia y vida, comprometido con su patria en el empeño de modernizarla por la ciencia y la educación, y sabedor de guardar silencios allí donde el silencio es el mejor discurso del líder intelectual.

Este libro es, además, un homenaje al autor. En primer lugar, porque los trabajos en él enlazados y ordenados transmiten con mayor lucidez el mensaje científico que Cacho nos ofrece en su interpretación del arco histórico, sustanciado en la moral de la ciencia, que forman las figuras señeras de Giner y Ortega. En segundo lugar, porque la lectura de esta «pequeña joya inconclusa» (José Varela Ortega) está salpicada de reflejos de la propia personalidad del historiador que fue Vicente Cacho: fina búsqueda de la verdad histórica y manifestación libre de los resultados obtenidos.

Ficha técnica

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