Los Colegios Mayores Españoles durante la modernidad proporcionaron algo más que cama, comida y formación. Se trataba de verdaderas comunidades, espacios en los que los vínculos sociales que se establecían entre los colegiales resultaban ser útiles para el futuro profesional de los mismos en virtud del lugar que ocuparían en la sociedad. De aquí que el análisis de estas instituciones en el Antiguo Régimen suponga un aporte esencial para comprender la política moderna que se configuraba en las relaciones de poder y dominación, pero también, y fundamentalmente, en las redes de conexión que contribuyeron a estructurar la sociedad.
La historia de los colegios seculares durante el Antiguo Régimen ha sido frecuentemente analizada por la historiografía que se ha centrado en su patrimonio, así como en las biografías individuales o colectivas de sus habitantes. Sin embargo, el análisis de la normativa ha sido más bien reticente. El problema que presentan los estatutos de estas instituciones es similar al que ya analizó magistralmente Michael Foucault sobre las contradicciones existentes entre la norma y la experiencia, entre lo establecido y la vida cotidiana en las aulas.
El libro de Dámaso de Lario se adentra en esta problemática para pensar en los Colegios Mayores de la España Imperial. Establecemos y ordenamos es la otra cara del libro publicado en 2019, Escuelas de Imperio, y surge de la necesidad de comprender las instituciones europeas que, según entiende el autor, fueron funcionales para la constitución del poder político en la Edad Moderna.
Statuimus et ordinamus (establecemos y ordenamos) era la fórmula con la que comenzaba la documentación oficial civil y religiosa de las instituciones educativas. No obstante, la constitución de la norma no implicaba su necesaria puesta en marcha. Partiendo de estas premisas, el autor aborda el problema del éxito o el fracaso de la normativa, tensionando las problemáticas que encarnaba su redacción. Así, por ejemplo, el hecho de que muchas de las constituciones o estatutos fueran creadas por los padres fundadores ponía en jaque la contextualización relativa al tiempo en el que se aplicase la norma, ya que la interpretación podía variar.
Es aquí donde el autor se pregunta por la pervivencia en el tiempo de estas instituciones que, según entiende, no se debió solo al resultado de las normas establecidas y cristalizadas, sino de la posibilidad de diálogo entre las mismas y las prácticas cotidianas. En este sentido, la figura de los patronos adquiere especial relevancia. Se trataba de protectores que articulaban los intereses de los colegios en los juegos de poder local, mediaban por sus recursos y se movían entre el plano de la norma y la práctica política a fin de resguardar un ordenalismo cristiano funcional a la estructura social vigente.
También los visitadores desempeñaron un papel significativo en la articulación entre las constituciones y la vida cotidiana, estableciendo una relación que permitía la reformulación de los estatutos a partir de las necesidades que surgían de la práctica. De este modo, fueron ellos los encargados de poner en diálogo norma y cotidianidad, actualizándola a los nuevos tiempos y garantizando el orden. En definitiva, recontextualizando lo normativo a partir de las tensiones de poder vigentes.
El autor pone también de manifiesto de qué modo el éxito o el fracaso del proyecto depende de la relación entre lo local y lo global. De Lario señala que no podemos dejar de considerar que los estatutos fueron creaciones particulares que solo se comprenden en un movimiento más amplio como es el movimiento colegial europeo. En esta línea, debemos remarcar que la mayor parte de las constituciones o estatutos se basaron en otros preexistentes cuya adecuación al contexto local muchas veces tensionaba los lineamientos originales de la propuesta.
Aquí el libro se detiene en un análisis comparativo que pretende buscar más que los elementos análogos, las especificidades de cada colegio, el ideario educativo, perfil de egresado, estructuras, reglas y medios de control que contribuyeron a garantizar la pervivencia de sus memorias.
¿Garantizaron las normas colegiales la adecuación de los estudiantes al orden prefijado? ¿Fueron estas normas parte fundante de las sociedades europeas en tanto generadoras de cuerpos dóciles funcionales al modelo monárquico? ¿Tuvo acaso la normativa institucional su referencia en una escala mayor que fue la Monarquía? Estas son algunas de las preguntas que De Lario intenta responder en este libro a partir del análisis comparado de diversas constituciones y estatutos colegiales de la Monarquía Hispánica entre los siglos XIV y XVII.
El análisis e interpretación de la normativa escolar permite comprender mejor las configuraciones sociales que se dan en el interior de las monarquías europeas al mostrar cómo los éxitos o fracasos personales no se entienden sino en la constitución de las partes integrantes de un todo en que los individuos interactúan, se mueven y circulan. La legislación se presenta como una compleja articulación dialéctica entre la sociedad que la crea y los individuos que la ejercen en tanto sujetos condicionados y condicionantes de las misma. Es así que los actores sociales que transitaron los colegios europeos entre los siglos XIV y XVII fueron a la vez víctimas y victimarios de las instituciones a las que ellos mismos dieron vida.
Sin duda, el siglo XVIII tornará evidente la crisis de las instituciones colegiales, principalmente el fracaso de la normativa en su doble vertiente como ordenadora de la sociedad y garante del orden, pero también como reproductora de un esquema social que ya había entrado en crisis. En definitiva, las ideas ilustradas ponían en jaque la continuidad de un modelo hegemónico de dominación que pretendía la regulación social por medio de la educación. Si las escuelas del Imperio habían fracasado, resta saber entonces si fue este fracaso lo que llevó al cataclismo de la idea imperial o, por el contrario, fue el fracaso de la idea imperial lo que llevó a la ruina de las escuelas. Probablemente ninguna de las dos. El modelo de escuela imperial fue funcional mientras esta idea tuvo vigencia política y al mismo tiempo contribuyó a su perpetuación. Pero la caída de los imperios requirió de una reestructuración del modelo escolar que, pese a sus intentos de reforma, derivó en un estrepitoso fracaso.
El libro de Dámaso de Lario hace un análisis comparativo entre los siete Colegios Mayores de España (San Clemente de Bolonia; San Bartolomé de Salamanca; Santa Cruz de Valladolid; San Ildefonso de Alcalá; Cuenca; Oviedo y el Colegio del Arzobispo). El autor presenta la obra como el cierre de sus investigaciones en torno a los colegios españoles y su labor en la constitución de una burocracia civil y eclesiástica en los siglos XVI y XVII. Sin embargo, lejos de ser un libro que cierra, es una obra que abre; se trata de un punto de partida para futuras investigaciones sobre los colegios, pero también de un trabajo fundamental para comprender a la sociedad moderna, las configuraciones políticas, sociales y culturales en un periodo de reestructuración en el que la norma debía ser reformulada.
Sebastián Perrupato es doctor en Historia por la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde se desempeña como docente en las cátedras de Historia Moderna y Didáctica General. Sus líneas de investigación versan en torno a la Historia de la Monarquía Hispánica y la Historia de la educación en el Antiguo Régimen. Entre sus publicaciones sobresalen Ilustración, educación y cultura. La Monarquía Hispánica en la segunda mitad del siglo XVIII (2018) y su reciente obra La vida en las aulas universitarias. Relatos y experiencias de educación (2023).






