Dice el autor en uno de los relatos de este libro que quizás la esperanza sea, de todas, la forma más hermosa de ficción. Lo es, desde luego, si se tiene en cuenta que se trata también de una forma de felicidad ―para algunos, la única―, tan real como la propia realidad; y porque la ficción se hace no solo con tinta, sino con emociones como las que alimentan este libro, tan sutiles y sugerentes que uno empieza a creer en todo aquello que parecía que pertenecía a los otros: el amor, la esperanza o el encanto de la tristeza. De esta última decía Montaigne que no la amaba ni la despreciaba, aunque el mundo se hubiese dedicado, como por acuerdo previo, a honrarla con un favor particular. El filósofo francés era, como buen filósofo, un hombre fiel a la razón, al sentido, al dominio de uno mismo; León de Aranoa lo es, en cambio, a la pasión, al caos, a la Leonera. ¿Se puede ser fiel a todo esto sin esperanza?
Modos de ver el mundo actual
- Por Giuseppe Turiello Hernández
Ahogados en imágenes y ciegos de belleza, nos hundimos en un mundo donde hay…






