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La filosofía mundana

De asuntos españoles y europeos

Diego Núñez

Madrid, Visión Libros, 2023

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Este libro que aquí comentamos consta de una serie de artículos que el autor publicó en el periódico Sur, de Málaga y en la Revista de Hispanismo Filosófico. Diego Núñez, catedrático de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, hoy jubilado, es conocido en el ámbito filosófico español por sus trabajos sobre el darwinismo en España y la conexión entre ciencia y filosofía. Durante muchos años fue profesor de Historia del Pensamiento Español en la universidad madrileña, a cuyo grupo de cofundadores perteneció bajo la dirección de Carlos París. Núñez dedica uno de los artículos, el 10, a recordar a París, sobre el que escribe unas páginas entrañables. París no solo tiene el mérito de haber asumido la difícil tarea de cambiar la dirección en que oficialmente se movía la filosofía universitaria, la de una escolástica que hacía de aquella universidad un eco de la Edad Media, con la diferencia de que en tiempos medievales la escolástica era una filosofía viva, mientras que durante el franquismo se había convertido en una filosofía repetitiva, que intentaba apuntalar un dogma transformado en esqueleto rígido. Como indica Núñez, París era un maestro que, afortunadamente, no congeniaba ni con el dogma ni con enseñanzas repetitivas, por lo que consiguió sortear los cauces que unas normas oficiales imponían. Consiguió llenar de vino nuevo los odres viejos. Núñez recuerda en este sentido el manual de Millán-Puelles Fundamentos de filosofía, el que se usaba normalmente en las universidades españolas para la asignatura del mismo nombre que se cursaba en el primer año de Comunes. París daba el curso con este nombre, Fundamentos de filosofía, pero su contenido no tenía nada que ver con el del libro de Millán-Puelles. Núñez cita unas líneas del propio París, tomadas de sus Memorias sobre medio siglo, en las que expone cuál era la orientación que quería dar a la filosofía: «Se trataba de desarrollar una actividad filosófica abierta a los grandes problemas de nuestro mundo, no de proseguir la filosofía que ya satirizaba Bacon, aquella que, como la araña, teje la tela a partir de su propia sustancia. Y en este sentido, mi trabajo ya había marcado unas líneas claras: la relación del pensamiento filosófico con la ciencia y la técnica, los problemas del ser humano y la sociedad, en una antropología filosófica, y también en el rescate del pensamiento español del sepulcro en que había sido hundido» (p. 76).

El relato de la relación de Núñez con Javier Muguerza es también apasionante. Yo mismo tuve a Javier como compañero en la UAM, muy admirado por todos los profesores y estudiantes de filosofía: no era un seguidor de Heidegger, el gran gurú del momento, sino un brillante y atractivo descubridor de la filosofía analítica y un conversador dialogante, siempre capaz de buscar puntos de encuentro en las disputas. El relato refleja muy fiel y elegantemente las virtudes del gran filósofo que era Muguerza, de notable influencia y seguimiento en la última mitad del siglo XX. Es muy de agradecer la forma amistosa y cercana con que Núñez muestra las virtudes de este maestro de filosofía, maestro de verdad y envidiable figura humana. La pluma ligera y la cercanía al autor de La razón sin esperanza consiguen trazar un retrato muy acertado, un retrato que solo puede realizar quien lo conocía y lo admiraba.

La prosa de Núñez recuerda a menudo la de Larra. Al menos me la recuerda a mí cuando leo artículos como el número 13 del libro, «Una ética de la responsabilidad en tiempos de pandemia». Es muy oportuno acudir a Kant como mediador de la modernidad en la moral: no hay duda de que la autonomía moral, el hallar en la conciencia propia una ley que no viene de instancias exteriores, sino de sí mismo, es un signo de madurez cívica, de respeto y capacidad de convivencia con otros, cada uno de los cuales tiene igual autonomía y merece igual respeto por mi parte. En este libro, alude Núñez repetidamente, con toda razón, a la necesidad de modernización de España, lo que requiere un cambio de hábitos morales y cívicos. Da pena ver tertulias en que no se respeta al otro, sino que se usa el grito y la descalificación sistemática. El europeísmo, tema también recurrente en el libro, enlaza con la dimensión moral, pero también científica y política

Desde el artículo número 16, «China y la pandemia», se nota cierto giro de Núñez hacia la política y la geopolítica internacionales. El tratamiento de la política nunca ha sido extraño a los filósofos, ni siquiera a Kant, por mencionar a uno de los menos mundanos. Nadie debe sorprenderse del interés por asuntos de los que no es fácil opinar si no se tiene una visión mínima de los resortes que mueven la economía, la política internacional y, sobre todo, las líneas que operan en los movimientos estratégicos de las principales potencias mundiales, además de la europea. Núñez considera que la Europa actual se halla rendida miserablemente a los intereses de Estados Unidos y la OTAN, algo que no favorece nada al viejo continente, que parece así pasar por alto que Rusia es también Europa y que dificulta la búsqueda de una solución negociada en Ucrania. En este sentido, considero muy pertinente lo que leemos en «Una Europa invertebrada», un título orteguiano para proyectarlo sobre la Europa actual: «Si echamos una ojeada a la Historia europea, la clave de la vertebración de Europa radica en el equilibrio entre el centro y la periferia; y en dicho equilibrio el país decisivo ha sido y es Alemania» (p. 113). Si Churchill, tras la Segunda Guerra Mundial, vio con claridad la conveniencia de integrar a Alemania en la construcción de unos Estados Unidos de Europa, Schuman y Monet obraron con igual propósito al presentar, en 1950, el plan de una Comunidad Europea del Carbón y del Acero, el de integrar a Alemania en esa comunidad. La coronación de este proceso fue la instauración de una moneda común desde enero de 1999. Alemania unificada es el país clave por su población, su economía, y los resortes que ambas ponen en sus manos. Pero Núñez ve bastantes nubarrones en la actual situación de Alemania y de Europa. Sobre la guerra de Ucrania, recuerda que Gorbachov, tras la reunificación alemana, pidió integrar a Rusia en la OTAN, petición que fue rechazada por la administración estadounidense y por los dirigentes de la alianza militar. El autor considera que la integración rusa en esa alianza hubiese sido muy positiva, tanto para controlar el expansionismo ruso como para terminar con la Guerra Fría y otros fenómenos derivados del peligro nuclear y, sobre todo, para normalizar las relaciones económicas y culturales en beneficio de todos. El error de no incluir a Rusia se ha incrementado con la expansión de la Alianza Atlántica hacia el Este, contraviniendo las garantías que se habían dado en los acuerdos Baker-Gorbachov. Kissinger se mostró igualmente contrario a esa expansión. Núñez cita un artículo del político estadounidense en el que este advierte de las nefastas consecuencias que tendría una ampliación de la OTAN hacia los países vecinos de Rusia (p. 131). Mientras tanto, con la guerra de Ucrania «China y la India compran a Rusia los hidrocarburos a un precio más barato. Y los Estados Unidos se benefician igualmente como potencia exportadora de materias primas energéticas y de armamento» (p. 133). Es una manera de mostrar cómo Europa dispara contra sus pies. El nuevo concepto estratégico de la OTAN se revela en la guerra de Ucrania. El riesgo de este planteamiento belicista, el de enviar cada vez más armas a Kiev, es el fortalecimiento de relaciones Rusia-China, países que están, a su vez, formando alianzas alternativas al G7 y a la OTAN, fomentando plataformas, los BRICS, cada vez más amplias. La idea estadounidense de «aislar y debilitar a Rusia para centrarse luego en el Indo-Pacífico es hoy inviable. Vivimos hoy en un mundo multipolar, y el planeta no se reduce a Occidente en términos de poder» (p. 138). Núñez, aun reconociendo que, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos contribuyó a la seguridad europea y a la recuperación económica con el plan Marshall, señala que la política estadounidense evitó siempre la independencia militar de una Europa que anduviera su propio camino. En este contexto alude a Nicholas Spykman, el cual adopta la línea que después seguirían Kissinger, Foster Dulles, Kennan o Brzezinski oponiéndose a una independencia militar europea y tendiendo a evitar, por un lado, la supremacía de Alemania y, por otro, que Rusia se uniera al conjunto europeo. El asunto recuerda bastante a la política estadounidense en el continente americano, en el que pugna siempre por evitar el sueño bolivariano, el de unir el conjunto de países del norte y del sur en una gran federación de naciones.

Núñez reprocha a los líderes de Bruselas su ambigüedad y su ceguera en el momento actual. Rememorando la crisis de los misiles, cuando, tras negociaciones entre rusos y estadounidenses, la Unión Soviética accedió a retirar de Cuba los misiles R-12 y R-14 a cambio de que los estadounidenses no invadieran Cuba y desmantelaran los misiles instalados en Italia y Turquía, subraya también que los problemas tienen solución cuando las partes en conflicto están dispuestas a negociarla. Al mismo tiempo, el ejemplo de los misiles de Cuba, episodio en el que Fidel Castro, como presidente del país caribeño, no desempeñaba ningún papel, es una metáfora de lo que ocurre en Europa con la guerra de Ucrania: la guerra es un asunto de Rusia y la OTAN, no de Putin y Zelenski. En el artículo «Alemania en el plan Morgenthau», el número 26, el autor abunda en el mismo problema de la pérdida de autonomía europea a manos de Estados Unidos. El proyecto de desindustrialización de Alemania, ideado por Morgenthau en 1944, no prosperó, pero Núñez apunta que la «estrategia anglosajona no solo está dirigida a debilitar a Rusia, sino también ―y tal vez sobre todo― a Alemania» (pp. 153-154). Son asuntos nada triviales, en los que se juega la independencia de Europa y ante los que no parece que los dirigentes de Bruselas estén tomando las decisiones adecuadas. Seguramente por ello se lee en la contraportada del libro que «el enfoque del autor no coincide con el relato oficial». Aquí la filosofía acude a la historia, y buena falta que hace acudir a ella para no quedarse en visiones de muy corto alcance, o, peor todavía, en el relato oficial. Núñez ha sabido combinar muy bien en este libro la necesidad del conocimiento y el estudio riguroso de asuntos españoles, como dice el título, y al mismo tiempo, la consideración del contexto europeo, del que formamos parte.

Pedro Ribas es catedrático de Historia de la Filosofía.

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Banderas de España y la Unión Europea. Imagen: Contando Estrelas
Banderas de España y la Unión Europea. Imagen: Contando Estrelas

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