La afirmación heráldica catalanista

LA RAZA CATALANA.?EL NÚCLEO DOCTRINAL ?DEL CATALANISMO

Francisco Caja

Encuentro, Sevilla

 Suele decirse que el nacionalismo catalán, a diferencia del vasco –de clara deriva étnica y excluyente–, siempre ha brillado por su carácter cívico e integrador. La realidad es otra: el nacionalismo catalán manifiesta en sus orígenes un aire chovinista y excluyente que muchos desconocen y algunos ocultan. Para comprobar lo dicho, solo hay que remitirse a unos textos que están ahí. Eso ha hecho Francisco Caja –profesor titular de Estética en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona y presidente de Convivencia Cívica Catalana– en La raza catalana. Libro que, según reza el subtítulo, nos sumerge en «el núcleo doctrinal del catalanismo». Del antiguo y del moderno, por cierto.

Antes de entrar en materia, merece la pena hablar del método. Francisco Caja se aproxima a las ideas de los padres fundadores del nacionalismo catalán a través de una interpretación sistemática de los textos que escarba en las razones de sus escritos con el objeto de averiguar qué se dice y pretende. Con su proceder, Francisco Caja cuestiona –mejor, complementa– la metodología de ese clásico del estudio del nacionalismo que es el Ernst Gellner desmitificador de la doctrina nacionalista interesado en la relación entre el nacionalismo y el capitalismo industrial que le daría vida. A la manera de la fe del carbonero de Pascal, nuestro autor, como él mismo indica, «se ocupa de lo que los nacionalistas dicen como si fuera verdad». Y ese leer los textos tal como son y «significan» –aunque con frecuencia resulten incomprensibles e irrefutables, de ahí su eficacia y utilidad–, acaba poniendo en evidencia a quien escribe y lo que escribe. Francisco Caja es el notario que nos conduce por la vereda y levanta acta de lo visto. Pero hay más. El autor brinda la clave para entender el qué, el porqué y el cómo del nacionalismo catalán de nuestros días. Pasado y presente se unen en un trabajo riguroso y excepcionalmente bien informado en el que, cuando se tercia, aparece un distanciamiento irónico que hace buena aquella máxima de Octavio Paz que asegura que «la risa –la sonrisa, en este caso– es una de las pocas filosofías críticas que todavía nos quedan». 
La interpretación sistemática de los textos fundacionales del nacionalismo catalán o catalanismo –el autor identifica ambos conceptos– desvela el racialismo catalanista. ¿Racialismo? El autor concreta: «El racialismo o doctrina racial consiste en atribuir a la naturaleza lo que pertenece a la cultura». Prosigue: «Su resorte consiste en “naturalizar” lo que pertenece a la cultura. La “raza” no es sino una construcción doctrinal de acuerdo con un esquema invariable: toda diferencia “espiritual” tiene un correlato “material”, observable». Concluye: «El color de la piel, la forma del cráneo, el índice cefálico, el tipo sanguíneo, la lengua, la cultura son “formas expresivas”, expresión de una diferencia espiritual irreductible». En definitiva, teniendo en cuenta que las razas no existen, teniendo en cuenta que son un constructo social, «el nacionalismo es una doctrina política». Con estos mimbres teóricos, Francisco Caja desgrana, autor tras autor, texto a texto, el racialismo catalanista. En esta galería de los prodigios, encontramos al Valentí Almirall (1841-1904) que fundamenta la diferencia entre catalanes y castellanos en el hecho de pertenecer a razas distintas; al Pompeu Gener (1848-1920) que asocia la nación a la idea de raza histórica definida en términos psicológicos y demanda que la nación-raza se manifieste y organice para su superior desenvolvimiento; al Pere Bosch-Gimpera (1891-1974) que explica la historia de Cataluña en términos étnico-raciales; al Bertomeu Robert (1842-1902) que asimila la nación a un organismo en que la célula se supedita al Todo; al Hermenegild Puig i Sais (1860-1941) preocupado por los efectos étnicos negativos de la inmigración que propone aumentar el número de catalanes de pura raza; al Domènec Martí i Julià (1861-1917) que afirma que las naciones o nacionalidades son organismos vivos dotados de una personalidad propia que tienen derecho a la vida y previene de los «asesinos del alma catalana»; al Enric Prat de la Riba (1870-1917) que señala que la lengua es el elemento constitutivo de la nacionalidad y advierte que esta nacionalidad requiere un Estado que traduzca su carácter –ario, que debe evitar la contaminación– y la sitúe en el concierto de los pueblos; al Antoni Rovira i Virgili (1882-1949) que enfatiza la diferencia espiritual o de alma o de genio o de psicología entre catalanes o castellanos; o al Daniel Cardona i Civil (1890-1943) que, resumen y compendio del racialismo catalanista, sostiene que «un cráneo de Ávila no será nunca como uno del llano de Vic». 
El racialismo catalanista revela la existencia de un núcleo doctrinal que cree en la diferencia irreductible, observable en términos materiales e espirituales, entre lo español y lo catalán. Una afirmación heráldica que separa el nosotros del ellos, construye una identidad propia opuesta a otra impropia, previene de la invasión y contaminación que desnacionaliza. Una doctrina que concibe Cataluña como un organismo vivo a la manera de la biología en que el individuo-célula se somete a la nación-cuerpo. Y, del blasón y la biología a la política, entiende que el destino de Cataluña no es otro que el de la independencia. O eso, o la degeneración. O eso, o la servidumbre. O eso, o la desaparición. En definitiva –como muy bien señala Francisco Caja–, «la naturalización de la política». La extracción de derechos políticos de la «verdad» racialista. 
Podrá decirse que aquellos eran otros tiempos y que, a finales del siglo XIX y principios del XX, la teoría de la diferencia racial de la Société d’Anthropologie de París estaba al orden del día. Podrá decirse que autores como De Maistre, Spencer, Broca, Gobineau, Taine, Le Bon, Vacher de Lapougue o Barrès gozaban de predicamento en una época en la que las ciencias –que avanzan una barbaridad, como se sabe– estaban lejos de ser lo que son. Cierto. Pero no es menos cierto que algunos de los textos racialistas del catalanismo se publican en pleno siglo XX. En cualquier caso –del pasado al presente–, estamos asistiendo hoy a una transubstanciación del racialismo catalanista. Ya no se habla de raza catalana versus raza castellana, pero sí de identidad catalana versus identidad española. La afirmación heráldica persiste con los mismos objetivos políticos –sigue la naturalización de la política– de antaño, ahora presentados con el rótulo de confederalismo o federalismo asimétrico. Sigue en pie la máxima de Enric Prat de la Riba: «Ser nosotros, esta es la cuestión. Ser catalanes». Ese fatalismo de la tribu que lúcidamente detecta Francisco Caja.

Ficha técnica

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