La vocación y el estilo

Cuidado con el perro

DAVID TORRES

La Bolsa de Pipas, Palma de Mallorca

Prólogo de Esteban Padrós de Palacios

125 págs.

5,76 €

El gran silencio

DAVID TORRES

Finalista Premio Nadal de Novela Destino, Barcelona

270 págs.

17,90 €

El gran silencio es una novela negra, en la que el protagonista, Roberto Esteban, un ex boxeador obsesionado con una pieza de Schumann, tiene que proteger la vida de una famosa bailarina de flamenco. No es nuevo en la literatura negra española que el protagonista se haya ganado la vida a puñetazos: lo era Antonio Carpintero, Toni Romano, el huelebraguetas de algunas ficciones de Juan Madrid. El protagonista de El gran silencio está obsesionado con la música clásica: ya tocaba el violín Sherlock Holmes, uno de los maestros del género; y el policía de las novelas de Henning Mankell es un gran aficionado a la ópera, le saca del mundo obsesivo de sus investigaciones. Que quieran hacer daño a una estrella tampoco es muy original en la ficción: El guardaespaldas, la película de Mick Jackson, mostraba la relación entre un gorila guapo y una cantante guapa; Obra maestra, el largometraje de David Trueba, relataba el disparatado y bestial secuestro de una actriz; y también retenían a una actriz en Cecil B. DeMente, el filme de John Waters. Quizá el flamenco parezca algo menos trillado en la ficción, pero basta con echar mano de La flor de mi pasión, la película de Pedro Almodóvar, o de La serpiente terrenal (Anagrama), la novela con la que debutó Joaquín Albaicín, para darse cuenta de que tampoco ha faltado como tema. Así que los lugares por los que se mueve El gran silencio no suenan a nada nuevo, ni mucho menos. Si a eso se le añade que, salvo una breve excursión a Mallorca, la acción transcurre en Madrid (en el Madrid más conocido, más estándar, sin demasiados deseos de explorar otras localizaciones), de las claves argumentales de El gran silencio queda muy poco por decir. La carga política ha sido uno de los grandes tirones de la novela negra contemporánea, y la han aprovechado, de muy diferentes maneras, Manuel Vázquez Montalbán, Juan Madrid, Andrea Camilleri o Luis Sepúlveda; pero para David Torres, (Madrid, 1966) la política, e incluso el entramado social, tiene poquísima importancia: diez años más o menos no afectarían en nada el desarrollo de la acción. La denuncia también se ha enseñoreado en algunos autores negros (Mankell, Alberto Fuguet o Santiago Gamboa), pero salvo unos apuntes, más cercanos a la sensación de desclasamiento que la estricta denuncia, apenas se olfatea verdadera crítica. También la novela negra ha servido para ofrecer una violenta y al mismo tiempo lírica elegía contemporánea: basta pensar en Rosario Tijeras (Mondadori), del colombiano Jorge Franco Ramos. A veces es sólo la descripción de la cara más brutal y sangrienta de un país: como en las novelas del estadounidense James Ellroy o como en La virgen de los sicarios (Alfaguara), de Fernando Vallejo. Pero en ninguna de estas diferentes aproximaciones al género negro cabe El gran silencio, que no pasa de ser una novela aplicada a un molde estético, a la periferia formal de una estética. Da la impresión de que todo está calculado pensando en fabricar un guión cinematográfico, parece que David Torres viera perfectamente la película: Javier Bardem podría encarnar perfectamente el papel de Roberto Esteban, y Sara Baras podría ser Laura, la bailarina de flamenco. El gran silencio tampoco quiere pelearse con problemas morales y se convierte por eso en una novela de buenos y malos, en la que los buenos ganan y los malos puede que pierdan. Una novela en la que no es oro todo lo que reluce, pero en la que acaban brillando los más encomiables valores: no beber, no fumar, no matar por matar, amar desinteresadamente, no prejuzgar, la familia, los orígenes… Resulta muy difícil creer que la lectura preferida del detective aficionado Roberto Esteban sea un manual de mitología, porque en el mundo de los dioses todo está mucho más revuelto que en el mundo de los humanos que sirve David Torres. Y todavía resulta más difícil creer que el protagonista de El gran silencio, un chaval del arroyo, piense como piensa, se exprese como se expresa, viva como vive y sea tan listo como acaba siéndolo: demasiado heroico incluso como héroe clásico. Pero El gran silencio es mucho más interesante de lo que podría esperar cualquiera que hubiera leído el libro anterior de David Torres, Cuidado con el perro, una colección de cuentos. (Quizá no por casualidad, un incidente chusco con un perro pasa por ser el momento más divertido de la novela finalista del Premio Nadal.) Si en la novela ofrece personajes poco consistentes, en los relatos David Torres sólo nos da unos cuantos títeres, más o menos cosificados, más o menos utilizados en función de la trama. El repertorio temático de estas breves historias anda entre lo borgiano (entendido de forma muy sesgada, como en Ida y vuelta ), la ciencia ficción cotidiana (donde se pone a chupar rueda de Juan José Millás, como en Cuidado con el perro o en La libertad de laspalabras ) y el humorismo grueso (como en Los universos paralelos son para lelos ); de todo ello no se advierten apenas huellas en El gran silencio, y casi mejor. Aunque no deja de sorprender esa variedad de registros, esa versatilidad, que, lejos de mostrar maestría, sólo ofrece ventriloquía.

Ficha técnica

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El mundo del libro, ese maravilloso invento que nos acompaña desde hace milenios, sufre en la actualidad transformaciones en su diseño, en su público y en sus propósitos. Así que, mientras aprendemos a leer en diagonal en los formatos digitales, seguimos pasando páginas, cuestionando premios y jurados, formando comunidades y asociaciones, y anunciando una y otra vez la muerte del papel que, afortunadamente, nunca llega a producirse.

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