Decálogo de la «no-novela»


DEMASIADOS HÉROES
Laura Restrepo
Alfaguara, Madrid
260 PP. 18,50 €

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Decálogo de cómo no escribir una novelaMi agradecimiento a Sandra Newman y Howard Mittelmark, How NOT to Write a Novel, Harmondsworth, Penguin, 2009.

1. Crear como protagonistas a una madre (Lorenza) e hijo (Mateo) que se hablan como si acabaran de conocerse en una cafetería de estación de trenes. Véase página 16, Lorenza a Mateo: «Yo trabajo en la sección de política nacional de La Crónica, un semanario nuevo que ha tomado mucha fuerza. Los viernes por la noche es cierre de edición y la redacción se convierte en un hervidero de gente».

2. Tener como voz narrativa a una mujer que habla como si acabara de descubrir la verdad en un libro de psicología infantil de una librería de una estación de trenes. Véase página 24, Lorenza: «Viendo cómo se debatía Mateo con su adolescencia y los pleitos que mantenía con su propia identidad, Lorenza había empezado a comprender las implicaciones de criar un hijo para quien el padre no es más que un fantasma».

3. Colocar a estos personajes en un país (Argentina) y ciudad (Buenos Aires) de los que la autora parece tener solamente los conocimientos que ofrece una guía turística y/o un simposio de escritoras latinoamericanas. Así que Lorenza y Mateo van de la pizzería Los Inmortales al Café Tortoni y terminan en el bar de La Biela como destino obligado de los autobuses turísticos. Véase página 53: «un bar en el corazón de la Recoleta, a orillas de un parque espléndido, que ella había frecuentado de adolescente durante los paseos de la familia a Buenos Aires». Pobres Borges y Bioy Casares.

4. Involucrar a sus protagonistas en una situación política bastante compleja (los años del peronismo y de la dictadura en la Argentina de los años setenta) y, con la misma visión de turista apresurada, hacer una gira por las luchas «revolucionarias» de América Latina. Véase página 58: «Haz de cuenta que el partido fuera una mezquita, que los sentimientos y todo lo personal fueran los zapatos, y que al entrar a la mezquita tuvieras que dejar en la puerta los zapatos».

5. Tener una visión romántica de la resistencia a la dictadura argentina de Videla, Viola y Galtieri. Véase página 125, Lorenza a su sufrido hijo: «Quiero que sepas que aquí fue donde empezó a caer la dictadura, por el empujón que le pegaron las Madres [de la plaza de Mayo]».

6. En el mismo sentido, hacer la distinción entre «buenos» y «malos» guerrilleros. Lorenza, por supuesto, forma parte de la banda de los buenos. Véase página 190, Lorenza: «Yo era trotska»; y un poco más adelante –¡qué sorpresa!–, en la página 203): «Yo le expliqué que no había sido guerrillero. Le dije que era trotskista del PST, que estaba en contra de la lucha armada y que durante la dictadura había hecho parte de la resistencia clandestina, pero sin armas». ¿Desde cuándo se conocen trotskistas que no crean en el uso de la violencia para impulsar la revolución permanente?

7. Hacer avanzar la trama de la novela gracias al perfil de su padre (Ramón) escrito por Mateo al «psicólogo del colegio». Véase página 44, Mateo: «De todas maneras la imagen que tengo de mi padre es bastante buena. A las características que le adjudican mis tíos y mi nana, ahora se añade que Ramón fue una especie de súper héroe de la guerra contra la dictadura y yo, que soy fanático de los mitos griegos, me lo imagino encadenado a una roca, como Prometeo, gimiendo desesperado por zafarse para venir a verme».

8. Poner al periodismo como una especie de deus ex machina que todo lo puede investigar y resolver. ¡Ojalá! Véase página 50: «A las siete se puso en contacto con el director de su revista, un hombre influyente que la podría ayudar […] a través de él tuvieron acceso a información confidencial, al conseguir que varias aerolíneas les facilitaran los listados de los pasajeros que habían salido en las últimas veinticuatro horas de Bogotá».

9. Citar mal otras obras literarias. Véase página 90, Lorenza: «como en Esperando a Godot, de Beckett: cuando por fin llega Godot, los demás descubren que no tiene cabeza». Esto sí que no tiene ni pies ni cabeza: como se sabe, todavía seguimos esperando la llegada de Godot: seguramente vendrá mañana.

10. Y fin: premiar a los «buenos» guerrilleros no con una, sino con dos gatas (¡y con qué nombres!). Véase página 175: «Forcás [Ramón en la clandestinidad] le presentó a sus dos gatas, Abra y Cadabra, un par de cositas cenicientas, apenas vivas, afiladas por el hambre. Hacía pocos días las había encontrado en el baldío que había frente a la casa, entre la basura del mercado, donde alguien las había abandonado en un talego. Estaban medio muertas cuando las rescató».

Aparte de estas pequeñas cuestiones, todo muy bien. Demasiados héroes ha tenido un gran éxito de ventas en Colombia, y según reza la contracubierta, «narra la distancia entre una madre y un hijo. Una pareja curiosa y volátil, cuyas batallas a veces hilarantes están acentuadas por la absoluta falta de comprensión mutua, y amenazan con pasar de la cercanía inevitable y el humor inesperado al caos destructor».

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