Corazón
F. M.
Mondadori, Barcelona
240 pp. 16,90 €

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El título de esta novela, Corazón, obra de quien firma sólo con las iniciales F.M. –autor también de Cuentos de X, Y y Z, Ciclos y El sentido–, puede evocar enseguida a D’Amicis, pero bastan unas páginas para encontrarse cerca de Kafka y su poema en prosa, cuyo título sirve para encabezar esta nota, el mismo que Leopoldo María Panero convirtió en verso reiterado, una especie de letanía, dentro de un poema suyo que también incluye estos dos: «El caballo de hierro cruza ahora sin miedo/desiertos abrasados de silencio». Y, por aquí, de nuevo se enlaza con el libro de F. M.: desiertos abrasados, llanuras infinitas, grandes praderas o quebradas de enormes dimensiones son los escenarios atravesados por el caballo de hierro que articula esta novela, el ferrocarril construido entre 1865 y 1869 para unir este y oeste del continente norteamericano. Una obra descomunal cuyo avance propició la ocupación de territorios indios mediante asentamientos de colonos y la intervención del ejército.

En Corazón, el ingeniero Wilson, un urbanita estricto, retraído y eficiente, capaz de resoluciones magistrales en su trabajo –su especialidad son los puentes–, se pondrá al frente de las obras en el ramal de la Union Pacific. Para ello, tiene que separarse del hijo único que ha criado personalmente desde que, al nacer, murió la madre. En el primer viaje que el chico realiza para reencontrarse con su padre, es capturado por los indios. Después de un tiempo no muy largo, se convertirá en uno de  esos hombres rojos a los que Wilson siempre ha considerado «una cruel anomalía» (p. 68).

A partir de aquí, la búsqueda del hijo por el ingeniero dispara una historia que avanza y se afila como punta de flecha gracias a secuencias muy breves, articuladas mediante un lenguaje conciso, intenso. Su ritmo creciente ajusta hechos particulares y acontecimientos generales, se perfilan personajes con trazos mínimos y el engarce temático de la naturaleza aniquilada con el lado oscuro del progreso evita los tópicos.

Las imágenes de la construcción de un puente magnífico, destruido poco después por la misma mano, muestran con eficacia la evolución de Wilson hacia la necesidad de escoger, de decidir entre mundos opuestos, obligado a reconocer un deseo oculto tan profundo que casi parece destino inevitable. 

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