El espíritu de la contradicción
No se puede ser historiador sin ser curioso, y Andrés Trapiello es uno de esos merodeadores que, lejos de universidades y academias, lo quieren saber todo, con la ventaja de que además sabe hacer y hacerse las preguntas adecuadas, sin importarle que algunas de ellas puedan ser incómodas o incluso impertinentes para determinados intereses. Como un Sócrates contemporáneo, va metiendo sus dedos (esos dedos que tanto y tan bien escriben) en llagas donde pocos se atreven a explorar, lo cual hace que muchos le estemos agradecidos y muchos otros le teman. En esta ocasión le ha tocado hacer balance de la dimensión literaria de José Bergamín, pero ha aprovechado la primera página de su sabrosa introducción para repetir sus dudas






