Las carencias de la sociedad española: deberes para después de la crisis


Agentes sociales, cultura y tejido productivo en la España actual
Víctor Pérez-Díaz, Juan Carlos Rodríguez, Joaquín P. López-Novo y Elisa Chuliá
Madrid, Funcas, 2015
285 pp. 12 €

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La singular gravedad que ha tenido en España la crisis económica no puede ser explicada sólo por convulsiones globales o por agentes externos a la sociedad española. En el corazón de esa gravedad se hallan las debilidades del tejido productivo español y un mercado de trabajo muy anómalo cualquiera que sea la comparación internacional utilizada. Esas debilidades y esa anomalía son el resultado de decisiones estratégicas de múltiples agentes sociales.

La Sociología ha proporcionado abundantes análisis de las consecuencias sociales de la crisis económica en España. El aumento de las desigualdades de renta y la merma de recursos para servicios públicos y prestaciones sociales son los asuntos que más han captado el interés sociológico. Una Sociología, en definitiva, más atenta a la distribución que a equilibrios mejores de creación y distribución de oportunidades y riqueza.

La perspectiva sociológica sido muy proclive a identificar como causantes de la crisis y de sus graves consecuencias a una combinación de fuerzas globales y de víctimas locales. En relatos de cierto éxito entre el gremio sociológico se cuenta que la crisis ha sido causada y agravada por una especie de epidemia de credulidad social, de la que han sido víctimas los ciudadanos a través de una manipulación ejercida por elites financieras y gobernantes; también por un régimen de austeridad impuesto por poderes opacos, que ocultan sus verdaderas intenciones estratégicas.

Este libro va por otro camino. El objeto de su análisis no son sólo, aunque también, las fuerzas globales, las elites y sus fracasos. Su análisis abarca, de algún modo, a toda la sociedad española: a los trabajadores y los empresarios con las organizaciones que pretenden representarlos, a las familias y al sistema educativo. Todas esas piezas de la sociedad española son necesarias para componer el puzle explicativo de la gravedad de la crisis.

Este libro es también original en su enfoque. El enfoque es una suma de sociología comprehensiva y de agencia social. Se busca, sobre todo, describir y explicar la disposición a actuar y las decisiones que los actores sociales han tomado o dejado de tomar, siempre dentro de un universo cultural y de un marco de instituciones y comunidades. Un esfuerzo, en definitiva, en la mejor tradición sociológica, que intenta equilibrar la autonomía de los actores sociales y de su lógica de intereses con el peso de sus condiciones de existencia.

Este libro no hace su camino solo. El equipo que dirige Víctor Pérez-Díaz ha publicado ya otros cuatro libros en torno a la crisis: sobre la confusión y la desconfianza que caracterizaron las opiniones y actitudes de los españoles acerca de la crisis en sus primeras fasesVíctor Pérez-Díaz, y Juan Carlos Rodríguez, Alerta y desconfiada. La sociedad española ante la crisis, Madrid, Funcas, 2010.; sobre el funcionamiento del sistema autonómico y la complejidad de los sentimientos de identidad colectivaVíctor Pérez-Díaz, Josu Mezo y Juan Carlos Rodríguez, La crisis y las autonomías. La sociedad española ante la crisis económica y el sistema de las autonomías, Madrid, Funcas, 2012.; sobre las percepciones europeas de la crisis y los debates públicos comparados en Alemania y EspañaVíctor Pérez Díaz, Juan Carlos Rodríguez y Elisa Chuliá, Europa, Alemania y España. Imágenes y debates en trono a la crisis, Madrid, Funcas, 2013.; y sobre las respuestas dadas a los desequilibrios de la economía española tras su ingreso en la Unión Monetaria Europea, que tanto han contribuido a la gravedad de la crisisVíctor Pérez-Díaz y Juan Carlos Rodríguez, Entre desequilibrios y reforma. Economía, política, sociedad y cultura entre dos siglos, Madrid, Funcas, 2014..

En el primer capítulo del libro se despliega el arsenal analítico y se anticipa una explicación de los rasgos que conforma el bajo rendimiento del mercado de trabajo español: el bajo nivel de ocupación (hemos pasado casi la mitad de los últimos treinta años con tasas de paro superiores al 20%), la dualidad laboral que implica una porción muy alta de outsiders y unos agentes sociales más proclives a forzar la intervención estatal que a autorregularse. La persistencia de ese pobre rendimiento se explicaría por una cultura de retraimiento del mundo obrero y de la ciudadanía en su conjunto, junto a una inhibición desorientada de las elites. Las decisiones estratégicas de sindicatos, empresarios y gobiernos han dado lugar a reformas limitadas en la interpretación de las opciones disponibles y de baja exigencia en cuanto a su alcance.

El resto de los capítulos del libro se dedican a profundizar en el análisis de varios agentes, instituciones o comunidades: los empresarios y sus organizaciones, los trabajadores y sus sindicatos, las familias y su capital social, la escuela y la formación profesional. Sus anclajes culturales, sus disposiciones a la acción y sus decisiones estratégicas dan cuenta de debilidades del tejido productivo español y de anomalías del mercado de trabajo.

El análisis de la trayectoria del empresariado español deja un balance muy mixto. Tras cuatro décadas de cambios radicales de modelo económico y marco institucional, el empresariado español es hoy mucho más capaz, más cosmopolita y menos retraído frente al riesgo. La prueba de ello es el extraordinario salto exportador de las empresas durante la crisis, sin el cual la gravedad de la crisis hubiera sido mucho mayor. Sin embargo, los empresarios han optado en exceso por una estrategia de «empleo contingente». Las empresas han convertido la contratación temporal, que se inició como un resquicio de flexibilización, en un habitus, una orientación estratégica de gestión del empleo que atrapa a las empresas en un equilibrio de bajo compromiso con el empleado, que limita el potencial productivo y no estimula la innovación.

En lo que respecta a los trabajadores y los sindicatos, el análisis contrasta el comportamiento de este agente social con el ideal de los «tejidos productivos avanzados». La trayectoria de los sindicatos españoles ha ido alejándolos de las contribuciones favorables a ese modelo. Han optado por una débil representación de los trabajadores sin necesidad de afiliación y, en una responsabilidad compartida con el empresariado, han consentido de facto el dualismo del mercado de trabajo y han limitado la negociación colectiva a los ámbitos del salario y la seguridad en el empleo, en detrimento de acuerdos más «productivistas». Esa trayectoria de los sindicatos no es el resultado, como con frecuencia se dice, de las restricciones del marco que los regula, sino de sus propias acciones, de su interpretación de la situación y sus decisiones estratégicas.

El capítulo sobre las familias es corto, pero original y sustancioso. Supone una visión renovada de la función socializadora de la familia, como generadora y movilizadora de capital social. El análisis de varias encuestas revela que las familias españolas han concentrado sus esfuerzos en generar un capital social «familista», de fuertes lazos de apoyo y confianza entre sus miembros, descuidando su capacidad para generar un capital social más horizontal y abierto, que extiende la confianza a individuos e instituciones fuera del círculo familiar. La especialización, puede que no deliberada, en capital social «familista» ha resultado eficaz para protegerse de las debilidades del mercado de trabajo y de la economía productiva, pero ha contribuido también a reforzar el statu quo en esas instituciones. El desarrollo de la cooperación productiva y de los proyectos empresariales se alimenta de redes extrafamiliares y de una confianza más generalizada. También las oportunidades vitales de los individuos dependen de apoyarse fuera del círculo familiar y de su capacidad de interaccionar en comunidades y organizaciones no ligadas por el afecto. La toma de conciencia por parte de las familias de que puede generar un equilibrio diferente de capital social necesita un apoyo de discursos y políticas públicas que favorezcan ese cambio. Esto abriría un interesante debate sobre si la relación de las familias con el Estado es sólo de proveedoras de impuestos y receptoras de prestaciones o si esa relación deber tener en cuenta también sus funciones para la reproducción de la sociedad y el crecimiento de la economía.

El último capítulo aborda la interpretación de una de las piezas que suscita un consenso casi unánime de expertos y ciudadanos: el insuficiente desarrollo de la formación. El rasgo más común a las diferentes etapas en la trayectoria institucional de esta formación es la débil apuesta por la calidad de esta formación en el ámbito escolar. Una apuesta de más calidad habría requerido, desde luego, una mayor aportación de recursos, pero no sólo de ellos, sino también de una organización escolar más flexible y de un compromiso más activo con la formación dual del empresariado y de los sindicatos, que optaron por priorizar la formación continua, con su más que deficiente gestión y sus dudosos resultados.

El enfoque sociológico de agencia es una de las opciones de más equilibrio entre restricciones y oportunidades. En ese enfoque está lo mejor y también lo más critico de este libro. Aun con esa ambición de equilibrio, ese enfoque siempre se desplaza un poco a favor de la acción, es decir, tiende a sobrevalorar la capacidad de elegir y de actuar. Puede discutirse que empresarios y sindicatos hayan tenido tanta capacidad de maniobra para optar por estrategias de empleo de alto compromiso y por acuerdos «productivistas», o que la hayan tenido en todo momento y en todos los ámbitos de la negociación colectiva. Como tampoco es seguro que todas las familias tengan similares oportunidades de construir capital social «conectivo».

El período de la crisis va cerrándose con ambiente de fin de ciclo. El mercado de trabajo y el tejido productivo, cimientos de las oportunidades de vida y del bienestar, necesitan arreglos importantes. Arreglos que faciliten un mercado de trabajo más flexible, unas relaciones laborales más autorreguladas y un tejido productivo más avanzado. Este libro argumenta de manera contrafactual. Esos arreglos pudieron hacerse y no se hicieron, o les faltó alcance. El pasado reciente estuvo abierto. Puede confiarse en que la convulsión que ha supuesto la crisis no ha cerrado el futuro más de lo que lo estuvo el pasado.

Rodolfo Gutiérrez es catedrático de Sociología en la Universidad de Oviedo.

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