Archivo Revista de Libros

Una sociedad de propietarios

En 1976, Peter F. Drucker, el más grande de los gurus del managemet (cum-good-economics) escribió: if "socialism" is defined as "ownership of the means of production by the workers… then the United States is the most "socialist" country in the world. Through their pension funds, … the workers of America [have the] ownership of more than one third of the equity capital of American business. Within another 10 years the pension funds … will, by 1985 at the latest, own at least 50 per cent of the equity capital of American businessSe aconseja vivamente al lector que explore detenidamente el ensayo del que procede esta cita. Es un “clásico” de la literatura sobre pensiones escasamente consultado, sin embargo. Lleno de perspectivas arraigadas en la más solida doctrina económica y del management y salpicado de agudas referencias a la historia, presente (a mediados de los 70 del siglo pasado) y futuro (hoy, casi cinco décadas más tarde). Inicialmente publicado en la muy influyente pero tristemente desaparecida The National Interest (cuyos archivos completos pueden accederse en este enlace https://www.nationalaffairs.com/public_interest/issues/spring-2005en el invierno de 1976. Un largo ensayo que precedía a un libro mucho más amplio y aún más provocador que ya se anunciaba allí..

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Las ensoñaciones de un gourmet solitario: de paseo con Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi

Nunca había pensado en mis primeros veinticinco años de vida desde el punto de vista de la gastronomía. Pasé ese tiempo en el barrio de Argüelles, una zona de Madrid bendecida por el Parque del Oeste y con vistas a la Casa de Campo. Miguel Delibes decía que era «un hombre de fidelidades». Yo podría decir que soy «un hombre de manías». Una de mis manías es la nostalgia. Miro constantemente hacia atrás. No aborrezco el presente, pero nada me produce más satisfacción que recordar. Vuelvo una y otra vez a los escenarios de mi niñez y adolescencia. En el barrio de Argüelles, acontecieron algunas de mis experiencias más queridas: mis primeros tebeos, mis primeros indios de plástico, mis primeros helados, mis primeros libros de Jules Verne y Enid Blyton, mis primeros álbumes de Tintín. En la esquina de Rosales y Marqués de Urquijo se hallaba la heladería Bruin, donde preparaban helados de todos los sabores acompañados de crujientes barquillos. Yo sentía debilidad por los helados de fresa, chocolate y yogur. Sin embargo, no soportaba los helados de coco. A veces pedía uno de vainilla, pero siempre me arrepentía. El sabor a fresa me recordaba el mundo de Disney, con sus delicias y sus perversiones. El chocolate me hacía pensar en Moulinsart, con Tintín y Haddock contemplando el jardín desde un salón salpicado de adornos marineros, como anclas, catalejos, brújulas, sextantes y veleros en miniatura. El yogurt me traía a la mente las aventuras de los Cinco, siempre en busca de tesoros escondidos. La lectura de El gourmet solitario, del ilustrador Jir? Taniguchi y el guionista Masayuki Kusumi, ha desencadenado en mi memoria un efecto parecido al de la magdalena de Proust, si bien el proceso ha sido distinto, pues algo desconocido ha rescatado viejos recuerdos adormecidos. Por primera vez, me he asomado a mi juventud desde la perspectiva de los sabores, comprendiendo que hay una conexión directa entre el cerebro, taller de las ideas, y el estómago, inesperado laboratorio de recuerdos.

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