De cómo puede prolongarse el servicio de metro en Washington
Cuatro son los deportes que suscitan grados diversos, pero en cualquier caso importantes, de entusiasmo y seguimiento entre los aficionados estadounidenses: el béisbol, el baloncesto, el futbol americano y el hockey sobre hielo. De los cuatro, sólo los partidos de futbol americano se celebran a la luz del día. De los otros tres, baloncesto y hockey se juegan en lugares cerrados, mientras que el béisbol puede serlo al aire libre o en local cerrado, y tanto de día como de noche. Pero todos ellos, a diferencia del soccer o fútbol convencional, tienen en común la elástica utilización del tiempo: se conocen las horas de comienzo de los partidos, pero nunca la de su finalización, siempre pendiente de los descuentos constantes que el juego conoce en función de sus diversas incidencias. Ello exige, naturalmente, que los transportes públicos de los lugares donde celebra la correspondiente contienda tengan una hora de cierre lo suficientemente tardía como para garantizar que los aficionados, que en su aplastante mayoría han utilizado los servicios comunes de desplazamiento, puedan retornar a sus lugares de origen.






