Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

Doce hombres airados

Sidney Lumet (Filadelfia, 1924-Nueva York, 2011) empleó el lenguaje cinematográfico para explorar los sótanos del sistema político y judicial, sin retroceder ante ningún dilema o conflicto moral. A veces menospreciado por sus orígenes televisivos, Lumet nos ha legado una obra desigual, pero con las inequívocas señas de identidad del cine de autor, con un estilo fluido e innovador que se preocupa igualmente por las cuestiones éticas y formales, sin perder en ningún caso la perspectiva del intelectual que se debate entre el compromiso y el desencanto. Hijo del actor judío Baruch Lumet y de la bailarina Eugenia Wermus, Lumet ambientó la mayor parte de su filmografía en Nueva York, transformando la ciudad de los rascacielos en el principal escenario de sus ficciones: «He vivido en Nueva York toda mi vida y es como una segunda piel para mí». Lumet debutó como actor de teatro en los escenarios de Broadway, con sólo cuatro años, y comenzó a dirigir a finales de los años cuarenta, rodando varios episodios de las series televisivas Danger You y You Are There. En 1957 inició su carrera de director cinematográfico con Twelve Angry Men (Doce hombres sin piedad). 

Leer más »

La memoria como imperativo y el olvido como terapia

Como es habitual en los vástagos de las personas que han alcanzado una notable celebridad, David Rieff tiene que cargar con el sambenito de que se le presente con insistencia –incluso en la breve nota biobibliográfica de la solapa del libro que nos ocupa– como hijo de Susan Sontag. No obstante, como sabe cualquiera que haya seguido su trayectoria, la susodicha vinculación familiar es ociosa para encuadrar y comprender su fructífera y proteica carrera como periodista, corresponsal de guerra, analista político, ensayista y crítico cultural. De entre sus últimos libros –casi todos traducidos al español–, nos interesa destacar ahora, por motivos que no necesitan explicación, el que aquí se tituló Contra la memoria. De hecho, las primeras palabras de Rieff en el volumen que vamos a comentar, bajo el rótulo de «Agradecimientos», son para recordar que en 2009 dos integrantes del servicio de publicaciones de la Universidad de Melbourne, le invitaron «a escribir un ensayo en contra de la memoria política» que se publicó dos años más tarde con el título antedicho. 

Leer más »

La larga Ilustración

Por diversas razones, la Ilustración del siglo XVIII ha terminado por asociarse entre la mayor parte de la gente con la gran revolución intelectual que condujo al mundo que tenemos hoy. Nuestra mayor relación cultural con Francia, la coincidencia de los philosophes y los revolucionarios en el mismo tiempo y espacio galo, el conocimiento más generalizado de autores como Kant o Rousseau, así como el gran éxito divulgador de la cultura en que consistió el movimiento ilustrado –con L’Encyclopédie a la cabeza–, explican el hecho de que cada vez que acudimos a los orígenes de la Modernidad nos cueste franquear la frontera del Setecientos. Y, sin embargo, la gran convulsión que dio paso a la contemporaneidad, aquella gran «crisis de la conciencia europea» de que hablara Paul Hazard, se produjo en el siglo XVII, tanto en términos intelectuales como científicos, en el terreno del cambio político y en el de la formación de los grandes factores protagonistas del presente largo: los Estados-nación modernos y el desarrollismo capitalista. Como reza el subtítulo del último libro de A. C. Grayling, en esa centuria tenemos que buscar «el nacimiento de la mente moderna».

Leer más »

Crónica del final de la Unión Soviética

Permítame el lector o lectora que comience con un recuerdo personal: el año 1986, justo al comienzo de la perestroika, llegué al Madrid del final de la movida para estudiar Historia en la Universidad Complutense. Animado por los cambios que Hélène Carrère D’Encausse tan bien describe en este libro, comencé a estudiar ruso y decidí dedicarme a la historia de esa parte de Europa entonces tan desconocida. Eran tiempos en los que, aunque el Partido Comunista de España se había hundido y el desencanto había hecho mella en los estudiantes, que estaban escasamente politizados, aún existían corrientes muy poderosas que seguían considerando al comunismo y a la Unión Soviética como algo propio, cercano, como un modelo a imitar. Nadie podría haberse imaginado por aquellas fechas que cuando aquella promoción, la mía, terminara los estudios, se encontraría con que el grandioso imperio soviético se había derrumbado y, de pronto, la Unión creada por Lenin y los suyos habría pasado a la historia.

Leer más »

Últimas publicaciones

Reseñas