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Humor y guerra: las caricaturas de Sileno

Sostengo que, por lo general, hacer humor es bastante difícil, mucho más difícil de lo que habitualmente tiende a concederse. Pero, claro, hay humores y humores, es decir, formas o maneras muy disímiles de hacer humor, tan distintas que a veces diríase de ellas que resultan contrapuestas e irreductibles. Seguro que al leer la primera frase muchos de ustedes han disentido pensando en el llamado humor que inunda Internet y las pantallas de televisión, aparte de otros muchos medios: me refiero a ese tipo de «humor» –habrá que llamarlo así, ¿no?– simple, elemental o facilón, en el mejor de los casos o, mucho peor aún –y más frecuente–, faltón, grosero y, en el fondo, desprovisto de inteligencia o gracia alguna. Yo no sé si a ese tipo de ocurrencias mezquinas debe llamárselas humor.

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Más difícil todavía…

Todos los espectadores de televisión han visto alguna vez el número de los platillos giratorios. Consiste en situar un plato sobre una varilla flexible a la que se hace girar sobre su eje, lo que, a su vez, impulsa al plato a dar vueltas sobre sí. Según la habilidad del artista, al primer plato le siguen otros, que pueden llegar hasta doce o quince, girando todos a la vez. Por supuesto, a medida que van entrando en acción nuevos platos, la inercia de los primeros se reduce y obliga al malabarista a volver atrás para cimbrear de nuevo sus varillas y evitar caídas. Después de un rato de saltar cada vez más frenéticamente aquí y allá para que todos los platos se mantengan en equilibrio dinámico, el público rompe a aplaudir y el acróbata, suficientemente probada su pericia, va recogiéndolos uno a uno, saluda y se retira.

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