Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

En pleno estalinismo 

El libro de Anne Applebaum se abre con un grupo de mujeres en la ciudad polaca de ?ód? y se cierra con otro. Les separan los cuarenta y cinco años transcurridos entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la aparición de una Polonia libre, no comunista. Pero las mujeres más jóvenes han decidido empezar de nuevo en el punto en que lo habían dejado sus mayores, y evitar sus errores.

En 1945, la principal estación de tren de ?ód?, al igual que la mayoría de las estaciones polacas, estaba atestada de refugiados desesperados. «Madres hambrientas, niños enfermos y, en ocasiones, familias anteras acampaban en mugrientos suelos de cemento durante días y días, esperando el próximo tren en que poder montarse. Las epidemias y la inanición amenazaban con acabar con ellas». 

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Nadiezhda, la compañera de los días oscuros

Moscú, madrugada del 13 al 14 de mayo de 1934. Un golpe seco en la puerta marca el final de una vida y el principio de otra para el matrimonio Mandelstam. O, en otras palabras, el inicio de «un tiempo de plazos hasta la realización de lo irremediable» (p. 79). Aquella noche no estaban solos: Anna Ajmátova se encontraba en la cocina, donde la acomodaban cuando iba de visita, y un traductor al que nadie había invitado declamaba sus versos favoritos. Luego resultó que el presunto admirador era cómplice de la policía, algo, por otra parte, en absoluto sorprendente, dado que los «colaboradores» se infiltraban a discreción: «cada familia pasaba revista a sus conocidos, buscando entre ellos a los provocadores, soplones y traidores» (p. 68). La otra gran figura de la poesía acmeísta rusa recuerda que, de fondo, se oía el tañido de la guitarra hawaiana del poeta Kirsánov. No tenían nada que llevarse a la boca y, momentos antes de la funesta inspección, Mandelstam había vuelto con un huevo prestado por un vecino. 

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