La guerra de los sexos
Hace pocas semanas, unos amigos me preguntaban sobre los paralelos que podrían apreciarse entre el comportamiento sexual humano y el de otros animales. Respondí a esta consulta, más interesada que curiosa, con la evasiva de que, para un evolucionista, las prácticas sexuales de nuestra especie tienen un interés que sólo con indulgencia podría calificarse de moderado, remitiéndolos para mayor y más excitante información al libro de Olivia Judson. La observación directa de la cópula, excuso decir la de sus preliminares y secuelas, no suele ser fácil. De ahí que, en muchas ocasiones, el naturalista se vea obligado a adelantar meras conjeturas basadas en simples datos anatómicos. Por ejemplo, la semejanza entre las dimensiones corporales de machos y hembras, que en






