Hay algo de doblemente paradójico en las fronteras que demarcan las comunidades políticas soberanas, esas unidades a las que comúnmente nos referimos como «Estados»: son contingencias sin pedigrí moral, pero su existencia y eventual modificación no son asuntos moralmente baladíes. Me explico.

El trazado de las fronteras políticas es arbitrario –en el sentido de que no demarcan realidad ontológica o natural alguna, como la membrana plasmática o el pericardio−, si bien su existencia genera consecuencias de relevancia moral indudable a poco que miremos cómo está el mundo, es decir, cuáles son las muy distintas oportunidades de que disfrutan los seres humanos dependiendo de cuál sea el lado de la frontera en el que les haya tocado nacer: una pura lotería, esta sí, natural. Comparen ustedes la esperanza de vida, la renta disponible y cualquier otro indicador socioeconómico de los surcoreanos de Daeseong-dong con los norcoreanos de Kijŏng-dong, distanciados por metros.
Continuar leyendo

Apúntate al boletín de Revista de Libros
BLOGS
Descarge el índice de contenidos del nº 196
 
  Apúntate a RdL
 
Cartas del director
DESDE EL ARCHIVO

Religión y sensibilidad
Luis Arranz Notario

Benjamin Constant escribió algunas obras que han pasado a la posteridad, a impulso de la situación política, movido por el deseo, oportunista en más de un caso, de alcanzar una posición en algunos de los momentos decisivos que le tocó vivir en la Francia convulsionada por la herencia de 1789. [...]

 
  Archivo RdL
 
Patrocinadores RDL

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso.
Más información ACEPTAR