ENSAYO
«Famélico estáis. Es que no como» «Famélico estáis. Es que no como»
por por Fernando Checa

La actual situación de emergencia sanitaria a nivel global ha reabierto el viejo debate en torno a la necesidad y perentoriedad de la cultura en una situación de crisis económica. Se trata de una cuestión que va más allá de los problemas en torno a su financiación, aunque, finalmente, siempre acabe concretándose en términos económicos. Dada la amplitud del tema nos centraremos en uno de los ámbitos más significativos de la cultura en los tiempos actuales, como es el de los museos de arte, aunque sin perder de vista, como haremos al final, una perspectiva de carácter general.
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BLOGS
Todos los caminos conducen a uno mismo
Rafael Núñez Florencio - AÚN SE ESCRIBEN LIBROS

En las largas semanas de confinamiento, surgió en varias ocasiones en charlas telefónicas con los amigos la cuestión de qué añorábamos más de lo que todos dimos en denominar vida normal, o sea, la anterior a la pandemia. Para mí, lo primero, como le pasaba a la inmensa mayoría, era la relación afectiva directa y sobre todo táctil —abrazos, besos— con los seres queridos que residían en otra ciudad o simplemente otro barrio distante. En lo segundo, me temo, tampoco era excesivamente original: como la mayor parte de mis compatriotas, echaba mucho de menos la sociabilidad en torno a la barra de un bar o una agradable cena en un acogedor restaurante. El tercer puesto de la lista lo ocupaba una actividad que antes del encierro parecía trivial o irrelevante: pasear. Me refiero al hecho elemental de salir de casa, a menudo sin rumbo fijo, solo para estirar las piernas y despejar la mente después de varias horas frente a un libro o el ordenador. En otras ocasiones, el paseo —si así puede llamársele— era más premeditado, pues se trataba de partir con tiempo y sustituir el metro o el autobús por una caminata al dirigirme a mi lugar de trabajo o una cita. Ahora, en la cuarentena, costaba trabajo concebir que de golpe y porrazo tuviésemos vedado o al menos restringido algo tan simple como pisar libremente la calle. Ya nos lo habían advertido los filósofos desde la antigüedad grecorromana: la vida humana se compone de pequeñas cosas tan imprescindibles como poco valoradas… ¡hasta que las perdemos!
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Deuda
José Antonio Herce / Miguel Ángel Herce - UNA BUENA SOCIEDAD

Uno de nosotros es un ferviente aficionado a los musicales de Broadway, y aunque ha tenido la fortuna de ver varios espléndidos musicales en directo (WickedA Chorus LineNewsiesBilly EliotThe Book of Mormon …), el espectacular Hamilton no es uno de ellos. Se consuela, sin embargo, disfrutando de números sueltos de este musical en YouTube. Uno de los más populares, e interesante dado el tema que hoy nos ocupa, es The Room Where It Happens.
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Tintín en el país de los soviets
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Hergé describió Tintín en el país de los soviets como «una transgresión de juventud». Durante mucho tiempo se opuso a su reedición y cuando al fin salió de nuevo a la luz —principalmente para contrarrestar las ediciones piratas de mediocre calidad que circulaban a precios astronómicos—, afirmó que el álbum debía leerse como «un juego» y no como una obra de creación, pues aún se hallaba muy lejos su madurez artística. A diferencia de otras aventuras, Tintín en el país de los soviets nunca se reelaboró ni coloreó. Solo hace un año apareció una edición en color en el ámbito franco-belga. He visto algunas planchas y no me desagradan. Es el único álbum que leí ya de adulto. Conocí su existencia durante los años de la universidad, pero su fama de tebeo reaccionario me disuadió, si bien no apagó mi lealtad hacia el joven reportero que tan buenos momentos me había proporcionado durante mi niñez y adolescencia. Aún recuerdo emocionado los días en que mi madre aparecía con un nuevo álbum, pidiéndome que lo empezara después de acabar los deberes. Para mí, la felicidad era tumbarme de espaldas en una alfombra, con la cabeza apoyada en Tristán, mi pastor alemán, y con una aventura de Tintín en las manos, mientras escuchaba a los Beatles en un rudimentario tocadiscos y satisfacía mi apetito con unas esponjosas magdalenas bañadas en leche caliente.
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De la gran divergencia a la globalización
Julio Aramberri - EL RUIDO Y LA FURIA

Hace veinte años, Kenneth Pomeranz argüía en contra de la extendida noción de que el desarrollo económico de Europa occidental había obedecido a razones únicas y excepcionales (The Great Divergence. China, Europe, and the Making of the Modern World Economy. Princeton UP, 2000): «Por más que nos empeñemos en empujar hacia atrás los orígenes del capitalismo, el capitalismo industrial, que permitió el uso en amplia escala de fuentes de energía inanimada para superar las barreras del mundo preindustrial, sólo apareció en los 1800s. Pero no hay mucho que permita sugerir que la economía de Europa occidental contaba con ventajas decisivas bien en su volumen de capital, bien en sus instituciones económicasantes de esas fechas, que permitan pensar que la industrialización era altamente probable allí e improbable en otros lugares» (p. 15). La industrialización europea, muy limitada fuera de Gran Bretaña hasta los 1860s, podría haber sucedido en China, Japón o India, pues cada una de esas naciones contaba en su haber con serias trazas proto-industriales.
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Revista de Libros empieza a publicar contenidos nuevos. Aparecerán primero los blogs, seguidos de algunos ensayos

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