Hay algo de doblemente paradójico en las fronteras que demarcan las comunidades políticas soberanas, esas unidades a las que comúnmente nos referimos como «Estados»: son contingencias sin pedigrí moral, pero su existencia y eventual modificación no son asuntos moralmente baladíes. Me explico.

El trazado de las fronteras políticas es arbitrario –en el sentido de que no demarcan realidad ontológica o natural alguna, como la membrana plasmática o el pericardio−, si bien su existencia genera consecuencias de relevancia moral indudable a poco que miremos cómo está el mundo, es decir, cuáles son las muy distintas oportunidades de que disfrutan los seres humanos dependiendo de cuál sea el lado de la frontera en el que les haya tocado nacer: una pura lotería, esta sí, natural. Comparen ustedes la esperanza de vida, la renta disponible y cualquier otro indicador socioeconómico de los surcoreanos de Daeseong-dong con los norcoreanos de Kijŏng-dong, distanciados por metros.
Continuar leyendo

Apúntate al boletín de Revista de Libros
BLOGS
Revista de libros en papel
 
  Apúntate a RdL
 
Cartas del director
DESDE EL ARCHIVO

Espejo de bárbaros
Manuel Lucena Giraldo

La imagen de España se encuentra atrapada entre dos extremos incompatibles entre sí, representados por la Carmen romántica, premoderna y anticapitalista pero «divertida», y por los conquistadores, protagonistas de la conquista americana y las guerras imperiales en Europa, poderosos, prepotentes y avasalladores. Ambas imágenes fundamentan percepciones de alcance universal [...]

 
  Archivo RdL
 
Patrocinadores RDL

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso.
Más información ACEPTAR