Aparentemente no queda nadie científicamente relevante que defienda el determinismo genético. Nadie con los suficientes conocimientos de biología cree que, al menos en lo que se refiere a los rasgos complejos del ser humano o de otros primates, particularmente los que tienen que ver con la conducta social, con la inteligencia y con aspectos psicológicos y de la personalidad, los genes lo sean todo y el ambiente no importe nada. De hecho, nadie bien informado ha mantenido nunca una postura tan insensata, y si hubiera habido alguien en el pasado, hoy todos los investigadores se adhieren al consenso científico acerca de la interacción entre genes y ambiente para explicar cualquier rasgo fenotípico en cualquier organismo. Eso sí, una vez aceptado dicho consenso, se supone que a nadie debería escandalizarle que la ciencia descubra mediante rigurosa investigación empírica que para unos rasgos los genes importan más que para otros.
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En memoria del fallecido Rafael Sánchez Ferlosio, recuperamos este artículo aparecido originalmente en la Revista de Libros en 2016



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