ARTÍCULO

Un libro sobre los poetas

Ikastegia, Bilbao, 1998
Bilbao Bizkaia Kutxa Labayru
647 págs.
 

Sobre los poetas vascos que escriben en euskera, concretamente, y empiezan a publicar a partir del año 1980. El dato cronológico es importante, pues en esos años se produce un cambio de sensibilidad, una muda de conciencia en la sociedad vasca que los poetas registran en sus libros, como si su Luma fuese la aguja de un sismógrafo. Así lo ha percibido Kortazar y así lo explica, en esta suma crítica de autores que es el libro Luma eta LurraLa pluma y la tierra.. Es decir, hay un ánimo de pulsar la nueva sensibilidad de un hombre vasco que ha de afrontar la modernidad en su fase terminal, la gran resaca de las utopías, de las grandes narraciones que arropaban la conciencia y conferían identidad al individuo. Individuo que, como es sabido, no tiene ahora otra opción que inventarse a sí mismo, dotarse de una Lurra que será su propia identidad. Como escribe Kortazar, en una formulación ya clásica, «laberintoan egiten da bidaia, norbere buruaren bila»«El viaje se hace siempre en el laberinto, en busca de uno mismo».. En total, son más de cuarenta poetas abiertos en este libro, autores jóvenes que, como hemos dicho, empiezan a publicar en la década de los ochenta.

«Sasoi makaletako poetok / zer eginen dugu / zer irekiko dugu poesiaren / giltz ttipiaz?», se pregunta uno de ellos, Joseba Sarrionaindía, instalándose con esas pocas palabras en el centro de lo que habitamos, palabras que recuerdan aquellas de Hölderlin: «¿Poetas hoy, para qué?». Lo mismo que a partir de Hölderlin se pregunta el hombre privado de dioses, que íntima y desesperadamente busca nuevos caminos que le relacionen con la divinidad, el para qué del hecho de escribir poesía, «sasoi makal hauetan»«Poetas de estos tiempos menores / qué haremos / qué abriremos con la pequeña / llave de la poesía». La palabra makal no es traducible en ese contexto. Significa decaído, falto de vitalidad, lento.... El poema ya no puede ser el hecho del poema mismo, es también el texto que el autor escribe (se escribe) para explicar (explicarse) la necesidad de dicho poema; lo que Kortazar llama en el libro la poética del autor.

La primera virtud (en el sentido de virtus, de línea de fuerza) del libro es seguir ese sentido al abordar los poetas, o siguiendo con el poema de Sarrionaindía que nos instalaba en el centro de nuestro tiempo, al acercarse a mirar lo que la hendidura abierta que es el poema deja vislumbrar. El autor expone en cada caso (y cada poeta es un caso) su poética, la explicación que cada poeta se da de la necesidad de su poema, de su oficio de creador, haciendo un (diríamos, exhaustivo) seguimiento de sus escritos, declaraciones, entrevistas...

La palabra seguimiento es voz adecuada para caracterizar otro rasgo de este trabajo crítico. Pues lo que se aborda no son libros considerados en sí mismos, sino como momentos de un autor, o incluso a veces, como momentos de un mismo texto. Un texto es un proceso, y un momento curioso es aquel en que un autor suprime una palabra y pone encima otra, en una nueva redacción. ¿Voluntad de exactitud, de verdad... o más bien, voluntad de mentira, síntoma de no soportar demasiada realidad en el espejo convocado? Uno se acuerda de aquella última palabra del soneto de Blas de Otero «miro al crepúsculo» que Blas cambió por «horizonte»Escribo la cita de memoria. Esta anécdota la cuenta Azaola en un artículo sobre Blas de Otero recopilado en un texto de homenaje al poeta publicado en EUTG de San Sebastián. Azaola acaba el artículo diciendo más o menos: «Pero los que le conocimos sabemos que Blas miró toda su vida hacia el crepúsculo». Es decir, hacia la nada y la muerte.. Kortazar se refiere como testigo que es, a uno de estos momentos curiosos al señalar cómo Sarrionaindía convierte «marionetak marionetentzat bezala idazten dut» en «gizonak gizonentzat bezala idazten dut»«Escribo como una marioneta para marionetas» en «escribo como hombre para hombres»..

Esta labor de testigo se detiene allí donde un gesto, un detalle, revela un movimiento de la subjetividad. El momento en que un poeta niegaQueremos hacer observar aquí la diferencia entre negar y renegar. Algún caso hay en la cultura en euskera de libros que han sido al cabo de un tiempo renegados por su autor. En el caso del libro negado el poeta se salva, aún será posible, pero renegar la propia palabra supone un movimiento de esterilización, de tierra quemada, de entraña cauterizada, que matará en sí la posibilidad de poeta. sus textos anteriores, y aspira a otro texto que aún no sabe si le será posible. Es decir, hay un reconocimiento de un fracaso en ese buscarse a sí mismo, de la necesidad de una nueva palabra, y Ulises decide partir de nuevo. Así, un libro laureado y celebrado, nace ya muerto cuando en el momento de su publicación afirma «badakit gauza bat, ez dudala aurrerantzean era honetako poesiarik eginen»«Una cosa sé, que no haré en adelante una poesía de este tipo»., y de hecho lo suprimirá casi totalmente en una recopilación posterior. En el caso de Bernardo Atxaga, ese mismo deseo de dotarse de una nueva palabra (de una nueva piel), se realiza en unos pocos y contados poemas. En el caso de Manu Ercilla, el sujeto parece haber resuelto con el segundo libro aquellos conflictos que le aquejaban y cuya expresión era el primer libro (el sujeto ante el problema de la nada, de la falta de espesura existencial, del tiempo delgado...). Cada uno en su peculiaridad, la experiencia se repite: el poeta mira atrás y siente que como Robert Lowell podría él también decir «somehow never wrote somethings to go back to»«No sé por qué jamás escribí cosa alguna a la que regresar». Cita recogida del libro Por los muertos de la Unión y otros poemas de Ediciones Cátedra.. El libro considerado como un caso de conciencia...

El trabajo de Kortazar es una demostración práctica de aquella verdad enunciada por Oscar Wilde: «Un poema bueno puede escribirlo cualquiera, pero para hacer una crítica se precisa tener una cultura mucho mayor». Así, el concepto de paratexto propuesto por Gérard Génette, las reflexiones de Claudio Magris (el anillode Clarisse), la crítica de la ciudad y de la modernidad de W. Benjamin (Passagen Werk)... vienen a establecer las bases sobre las cuales se construye el diálogo con los textos, diálogo que en sus mejores momentos desvela el núcleo esencial que constituye a cada autor, a cada uno de nosotros en cuanto hombres: ese puñado de palabras que nos identifica (noche,árbol, polvo, tú, yo, rojo...), ese movimiento del espíritu que se repite en nosotros constituyéndonos...

En conjunto las obras revelan exploraciones del terreno que realiza un yo desnudo y hasta desvalido, habitando entre rocas un silencio que se siente (se sufre) como ausencia, cosa normal por otra parte, algo que podíamos esperar. Y es que a pesar de las brumas románticas que invaden el paisaje de las conciencias, brumas románticas que imperan en el suelo cultural del País Vasco y de España (cuya plasmación en idea política es un nacionalismo –ahora vasco, ahora español– que supone la vigencia de parámetros religiosos en el ethos político, tanto más negado cuanto más fuerte y evidente es su realidad, como ocurre en el caso del nacionalismo español, y que deja su inevitable rocío de intolerancia, mártires, sangre...), el yo separado, la persona concreta, el individuo único no puede constatar sino su propia soledad, la inexistencia de una comunidad que le otorgue identificación, o en otros términos, la necesidad que tiene de inventarse, de realizarse en unos signos para concederse una tierra habitable, o mejor, para ser una tierra, como hermosamente recoge el título de unos libros criticados. Tierra que ya no es la tierra de la patria (aberri), la tierra de los antepasados (asaba zaharren baratza), la tierra del herri, la tierra que, en suma, era antes (con Lizardi, por ejemplo) la geografía de una comunidad, una geografía recibida y dicha, sino la materialización de un espíritu, de una conciencia que ha de hacerse, salir de sí para crearse y ser real. Kortazar mira esas tierras ganadas al silencio por los poetas vascos.

01/01/1999

 
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