ARTÍCULO

La antropología de Laín Entralgo

Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 1996.
208 págs.
Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 1997
357 págs.
 

Cuando en el año 1950 publicó Laín Entralgo la espléndida obra que le consagraría definitivamente como historiador de la medicina (La historia clínica) le puso un subtítulo que se repetiría en varios de sus libros más importantes: «Historia y teoría». Y es que desde el principio de su trayectoria intelectual Laín era consciente de que la historia (en su caso, la historia de las ciencias médicas) es en sí misma una disciplina importante y necesaria, pero a la vez es el instrumento ideal para servir de base a la reflexión teórica sobre los grandes temas de ahora y de siempre.

De acuerdo con este planteamiento, la obra profesional de Laín (paralela a su obra cultural de temas más generales) se ha ido construyendo, a lo largo de más de medio siglo, como un brillante recorrido histórico siempre orientado hacia una última meta teórica. El doble aspecto de esta trayectoria estaba ya anunciado en el título de una de sus primeras recopilaciones de textos: Estudios de historia de la medicina y antropología médica (1943). Por un lado, la historia de la medicina sirve de fundamento a su labor, y sus principales logros en ese campo [Historia de la medicina moderna y contemporánea (1954), La relación médico-enfermo (1964), La medicina hipocrática (1970), El diagnóstico médico (1982)] le han convertido en una de las máximas figuras mundiales de la disciplina. Pero, por otro lado, el faro que nunca perdió de vista en su larga trayectoria es la antropología médica, un objetivo constante que requería tanto una amplia base histórica como una sólida concepción teórica de la antropología general. Por esta última razón, otra serie de obras mayores de Laín se aparta de las cuestiones directamente médicas para orientarse hacia las antropológicas: La espera y la esperanza (1956), Teoría y realidad del otro (1961), Sobre la amistad (1972).

Dos líneas de trabajo pues, la historico médica y la antropológica, que convergen hacia un gran objetivo final: la elaboración de una original y rigurosa teoría de la medicina y del enfermo. Esta teoría es objeto de una minuciosa revisión en el reciente libro de Nelson Orringer La aventura de curar. La antropología médica de Pedro Laín Entralgo. Tras una lectura detenida de la ingente obra de Laín y de los comentarios sobre ella (cada vez más numerosos), el hispanista norteamericano recopila, ordena y expone de forma sistemática la teoría del autor español sobre la medicina, el hombre sano y enfermo, su relación con el médico y la propia función de éste. Lo que el libro ofrece es un resumen bien documentado de las principales ideas sobre la medicina que Laín ha ido elaborando a lo largo de muchos años y de muchos libros. No hay en el planteamiento de Orringer actitud crítica o intención renovadora; su monografía es la rememoración amistosa de una obra teórica que considera ya clásica.

Y, sin embargo, el proyecto teórico de Laín dista de estar clausurado. En los últimos años ha venido publicando un tercer grupo de obras en las que las dos líneas anteriores se van fundiendo de forma equilibrada y consistente: El cuerpo humano. Oriente y la Grecia antigua (1987), El cuerpo humano. Teoría actual (1989), Cuerpo y alma (1991), Creer esperar, amar (1993), Alma, cuerpo, persona (1995). En ellos aparecen asumidos y personalmente manejados los múltiples saberes del autor: los historico médicos, los científico naturales, los antropológicos, los psicológicos, los filosóficos e incluso los literarios y los teológicos. Pero los conocimientos enciclopédicos que le sirven de base no desembocan en un puro ejercicio de erudición sino que son puestos al servicio del viejo proyecto personal de Laín: la elaboración de una antropología médica original y sólidamente fundamentada. Para ello era necesaria una clara y rigurosa idea del hombre, presente de diversos modos a lo largo de esos cinco libros, pero que quizá requería una exposición ordenada, directa y concisa. Tal es el objeto de la reciente obra Idea del hombre (1996): exponer de forma clara y sistemática, en dos centenares de páginas, la idea que el autor ha llegado a formarse del ser humano y de su singularidad con respecto al reino animal. Más allá del dualismo (hilemórfico o cartesiano) y del monismo materialista, Laín se esfuerza en construir una teoría que denomina «estructurismo» o «monismo dinamicista», según la cual las estructuras más complejas emergen de las más simples, con ocasionales saltos cualitativos, siempre dentro del dinamismo propio del cosmos material. De ello se desprende una concepción del ser humano «como un particular dinamismo estructurado, a la vez maravilloso y terrible, en la evolución del global dinamismo cósmico» (pág. 189). Esta concepción (que sintetiza en doscientas páginas sustanciosas) la apoya en la mencionada base erudita multidisciplinar, y en particular en una serie de pensadores, atentos al saber científico, que culmina siempre en Xavier Zubiri. En congruencia con esta base (y con la enseñanza de Ortega), la concepción antropológica de Laín se caracteriza por el esfuerzo de atender a múltiples y diversas perspectivas. Llega así a una concepción del ser humano multidimensional, compleja y actualizada, superadora de los habituales planteamientos reduccionistas que suelen presentar otros autores más doctrinarios y simplistas. Laín llega incluso a presentar abiertamente las consecuencias religiosas de su planteamiento (crítica radical de la noción de espíritu y de alma humana, justificación de la idea de Dios y la esperanza en la inmortalidad) que demuestran, a la luz de su trayectoria como creyente, un gran valor y una gran autenticidad, aunque no logren más que escandalizar a los católicos ortodoxos sin convertir por ello a los incrédulos.

La solidez de este libro demuestra que su autor –lejos de asumir la jubilación intelectual y el papel de monumento venerable que algunos homenajes parecen atribuirle– sigue elaborando su proyecto teórico; un proyecto de una ambición que lo hace difícilmente clausurable, pero que se encuentra cada vez más centrado en los temas esenciales. Idea del hombre es un paso más dentro de una trayectoria coherente y abierta: un paréntesis aclaratorio, una síntesis de lo fundamental y una promesa de nuevas aportaciones.

01/10/1997

 
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