ARTÍCULO

El vinilo de la historia

Acantilado, Barcelona
Trad. de Ana Prieto
300 pp. 18 €
Acantilado, Barcelona
362 pp. 20 €
 

Dicen algunos melómanos que las grabaciones históricas remasterizadas con tecnología digital pierden parte de su encanto y su pureza originales, cualidades que el vinilo, en cambio, con todas sus imperfecciones, transmite a la perfección. Con la historia ocurre algo parecido. Hay «impurezas» del pasado que a menudo no llegan a los libros de historia por un exceso de celo de los historiadores, convertidos en técnicos de sonido obsesionados con eliminar los pequeños defectos del sonido directo del pasado. Sin embargo, esas impurezas son un ingrediente fundamental de la historia como fruto de la improvisación y del azar. De ahí que, a veces, los libros escritos al hilo de la actualidad, con todas sus incertidumbres e imperfecciones, recojan el espíritu de una época mucho mejor que la versión remasterizada hecha medio siglo después por los historiadores. Esos libros son el vinilo de la historia, y en ellos aparece el pasado con una autenticidad precaria y frágil que nos llega como algo lejano, pero vivo y genuino. Ejemplo de ello son estos dos apasionantes volúmenes que contienen las crónicas periodísticas de Eugenio Xammar sobre la Alemania de los años veinte y treinta, escritas, pues, a caballo entre la convulsa democracia weimariana y el macabro esplendor del Tercer Reich, en pleno apogeo cuando Xammar concluyó esta serie discontinua de crónicas y reportajes.
Eugenio Xammar (1888-1973) fue un periodista catalán muy conocido en los años treinta, en una época que ha sido denominada, con razón, la edad de oro del periodismo español. Su libro El huevo de la serpiente, así titulado por los editores, recopila las crónicas que envió desde Berlín a los periódicos de Barcelona La Veu de Catalunya y La Publicitat. Corresponden a los primeros años de la República de Weimar, cuando el régimen instaurado en Alemania tras su derrota en 1918 intentaba salir a flote en una situación extremadamente difícil, marcada por la inestabilidad política, la crisis económica, el peligro golpista, la amenaza de una revolución bolchevique y la humillación –y la ruina– que supuso el Tratado de Versalles. Todo ello puede resumirse en tres factores que aparecen constantemente en las crónicas de Xammar: las reparaciones económicas impuestas a Alemania, la hiperinflación de 1922-1923, cuando un billete de tranvía llegó a costar ciento cincuenta millones de marcos (no, no es una errata), y la aparición en escena del nuevo Partido Nacionalsocialista, con su joven líder, Adolf Hitler, al frente. En realidad, esa crisis múltiple era consecuencia del altísimo coste económico y moral que tuvo para Alemania su derrota en la Primera Guerra Mundial. Cuando, a finales de los años veinte, parecía que lo peor había pasado, la depresión de la década siguiente se llevó definitivamente por delante el frágil armazón de una democracia incipiente, nunca del todo asentada.
Periodista excepcional, Xammar despliega en este casi centenar de ar­tícu­los sus grandes dotes para la información internacional y para el reportaje periodístico hecho sobre el terreno, como las crónicas que envió de su estancia en la cuenca del Ruhr durante la ocupación temporal de esta región por el ejército francés. Pocas veces habrá vivido un país europeo una crisis tan aguda en el siglo xx, rodeado de enemigos exteriores, acechado por la revolución y la contrarrevolución y gobernado por una democracia débil, acusada de traición desde sus orígenes (la famosa teoría de la «puñalada por la espalda»). De todas formas, estas crónicas, escritas originariamente en catalán y traducidas aquí a un excelente castellano, permiten apreciar la mejoría que experimenta Alemania entre 1922 y 1924, cuando empieza a remontar la crisis económica de la posguerra y fracasa estrepitosamente el primer intento de Hitler de tomar el poder, conocido como el «golpe de la cervecería». Precisamente, la presencia de Hitler en estas páginas es uno de los grandes alicientes del libro, que incluye un agudo retrato político-psicológico del personaje y una entrevista con él titulada «Adolf Hitler o la necedad de­sen­ca­de­na­da». Casi diez años antes de su ascenso al poder, Xammar define al «futuro ex dictador de Alemania» –así lo llama– como «el necio más sustancioso que, desde que estamos en el mundo, hemos tenido el gusto de conocer; un necio sin medida ni freno».
El libro contiene el aroma, entre subyugante y mortífero, de una época irrepetible en lo bueno y en lo malo, que asociamos un poco a la ligera, seguramente por influencia estadounidense, con «los felices veinte», pero que también es conocida en Europa como «la era de las dictaduras». «Un país sin dictador», dice Xammar en 1923 para resumir en una frase aquel estado de opinión, «no se puede decir que sea, hoy por hoy, un país como es debido». Ya se ve que el periodista catalán no era inmune a la moda de las dictaduras que iba desplazando de los escaparates políticos de la Europa de entreguerras el viejo estilo de las democracias parlamentarias, que casi todo el mundo, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, consideraba definitivamente démodé. Periodista vinculado entonces al nacionalismo catalán, Xammar tampoco pudo resistirse al fatal embrujo del derecho de autodeterminación, patrocinado al final de la Gran Guerra por el presidente Wilson y del que tanto provecho sacó el nazismo –tal vez su principal usufructuario– en los años treinta.
El otro libro, titulado simplemente Crónicas desde Berlín (1930-1936), recoge una selección de sus colaboraciones como corresponsal en Alemania del periódico madrileño Ahora. Abarca seis años especialmente intensos y dramáticos de la historia de Alemania y del mundo, que van desde la crisis de la República de Weimar, en plena recesión económica, hasta la consolidación del Tercer Reich tres años después del acceso de Hitler al poder. Las crónicas de Xammar terminan en vísperas de los Juegos Olímpicos de Berlín, convertidos en fachada amable del nuevo poderío alemán, y del estallido de la Guerra Civil española. Constituyen, pues, un relato periodístico del hundimiento de la democracia alemana, consumado en 1933 con el nombramiento de Hitler como canciller, y de la primera etapa del Tercer Reich, e incluye algunos episodios sintomáticos de lo que iba a ser el régimen nazi, como los primeros actos de hostigamiento a los judíos o la célebre Noche de los Cuchillos Largos, que supuso el asesinato de la plana mayor de las SA y que Xammar describió como «una operación policíaca de gran estilo», sorprendentes palabras, que sugieren como una oscura fascinación por algunos métodos del nazismo. Si así fuera, hay que decir que no fue Xammar el único español de izquierda que se sintió atraído por ese nuevo estilo de gobernar: en 1933, el embajador español en Berlín, el escritor socialista Luis Araquistáin, propuso al Gobierno de Manuel Azaña la creación de un servicio de propaganda similar al que dirigía Joseph Goebbels en la Alemania nazi. Por cierto, que para calibrar la importancia política de la propaganda radiofónica, Araquistáin había encargado al propio Eugenio Xammar un informe técnico sobre el caso alemán.
Por lo demás, como tantos otros periodistas de su generación –el citado Luis Araquistáin, por ejemplo–, Xammar fue un extraordinario escritor de periódicos, con un estilo muy directo y eficaz, sobrio en la descripción y agudo y penetrante en el análisis a vuelapluma de un acontecimiento político. En estas crónicas, transmitidas por teléfono a la redacción de su periódico, late una actualidad vertiginosa, cuyo significado más profundo, como hemos visto, no siempre fue capaz de descifrar. Colaborador de un periódico republicano más bien de izquierdas, Xammar se muestra a veces demasiado comprensivo con las declaraciones de los líderes nazis o con algunas medidas adoptadas por el Tercer Reich en sus primeros tiempos. «En Alemania –llegará a decir en marzo de 1935– la paz ha llegado a constituir una verdadera obsesión, empezando por el canciller Hitler». Se palpa aquí la gran servidumbre del periodismo, obligado a narrar la historia día a día en medio de una vorágine de hechos y palabras que no se sabe muy bien hacia dónde conducen, aunque el propio Xammar tenga en algún momento –no desde luego en la frase antes citada– el pálpito de la catástrofe que se cierne sobre el mundo. Lo dice en 1934, en vísperas de un plebiscito legitimador del nuevo Reich cuyas consecuencias eran fáciles de prever: Alemania estaba, literalmente, «al borde de un precipicio». Hay también un punto de premonitoria ironía cuando ante la intención, reiteradamente anunciada por Hit­ler, de permanecer en el poder «para toda la eternidad», Xammar se pregunta lisa y llanamente «cuánto durará la eternidad». Salta a la vista que la retórica nacionalsocialista, con su gusto por lo grandilocuente, tenía que estrellarse contra el radical escepticismo del autor, que en uno de estos artículos se define como un hombre corriente, por completo ajeno al «lenguaje elevado, sublime», propio del nazismo, y amigo, en cambio, «del lomo con tomate cuando está bien puesto», una definición que hubiera firmado el mismísimo Josep Pla, otro gran cronista de la Europa de entreguerras. Sin embargo, ni su ironía ni su olfato periodístico le sirven otras veces para vislumbrar la magnitud del desastre que se avecina, más allá de la certeza de que «algo grande» estaba a punto de suceder. «¿Qué será...?», se pregunta Xammar como colofón a un artículo escrito en octubre de 1935.
Cualesquiera que sean los errores de apreciación cometidos por el autor, estos dos libros evocan en toda su intensidad el terrible dramatismo de aquellos momentos. Es la historia transmitida por el vinilo del periodismo. Ésta es, sin duda, una de las razones que hacen apasionante su lectura. Otra es la espléndida prosa periodística de Xammar, despojada de toda retórica, pero llena de pequeños hallazgos estilísticos, casi literarios, como cuando describe al mariscal Hindenburg como un hombre «excepcionalmente dotado para la mediocridad», o cuando compara la precaria paz en Europa con una porcelana cara que se rompe fácilmente. La recuperación de estas crónicas periodísticas desde Alemania constituye otro gran acierto editorial de Acantilado (¿quién si no?), que ha publicado el libro con su rigor y su buen gusto habituales. 

01/09/2007

 
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