ARTÍCULO

España en democracia

Plaza y Janés, Barcelona, 685 págs.
Premio Así Fue la Historia Rescatada
 

Charles Powell ha escrito una crónica de la transición española ampliada hacia atrás y hacia delante, dando como resultado un balance de la política española del último cuarto del siglo XX. Se trata siempre de un análisis ponderado en que, junto al núcleo de las grandes cuestiones políticas, se presta una importancia destacada al contexto socioeconómico y al marco exterior. Se ve enriquecida así esta crónica equilibrada de la reciente historia española en la que el objetivo fundamental es siempre, mejor que ensanchar el conocimiento de algún aspecto preciso de la cuestión, dibujar el cuadro de conjunto de España en el tiempo considerado. Estamos ante un trabajo de síntesis, de alta divulgación, conseguido con notable eficacia por un historiador y politólogo que conoce muy bien el tema de su estudio. Un libro en el que destaca la pulcritud de su análisis y de su estilo literario.

Powell comienza su trabajo planteándose, mejor que la visión de conjunto del régimen franquista, la consideración de su legado a la nueva democracia española. Plantea en esta introducción los límites del determinismo de las condiciones estructurales como creadoras de libertad. Los cambios socioeconómicos de los años sesenta permitieron e incluso facilitaron –pero no determinaron– una salida democrática a la dictadura, en la que participaron otros factores esencialmente políticos. Este es el punto de partida del análisis de los últimos años del franquismo en relación con la restablecida democracia. Subraya como cambios sociales especialmente importantes generados por el desarrollo de los últimos años del franquismo la aceleración del proceso de urbanización, la disolución de la cuestión agraria como consecuencia obligada del éxodo rural, el surgimiento de una nueva clase media (con lo que ello arrastraría de complicación y diversificación de nuestra estructura social), la pérdida de peso de los sectores sociales aliados con la dictadura desde la guerra civil y los efectos globales de un crecimiento económico sostenido. El resultado de estos procesos de transformación estructural será un anhelo de superación de la crisis bélica, el fortalecimiento de los valores que suelen asociarse a una cultura política democrática y, en general, el retorno de una sociedad civil capaz de «forzar la aparición de ciertos espacios públicos que [el régimen autoritario] no controlaba, y cuya mera existencia contribuyó a minar su legitimidad y voluntad de pervivencia».

Este será el contexto social sobre el que actuarán fuerzas y dinámicas políticas propiciatorias de la democracia: la revuelta universitaria, la conformación de un nuevo movimiento obrero, la formación de una nueva oposición antifranquista encabezada por el transformado Partido Comunista, que termina creando una red de agentes políticos de alguna importancia: «A pesar de la naturaleza no democrática del régimen, en 1975 ya existían partidos políticos con un cierto nivel de institucionalización, con líderes conocidos por sectores relativamente amplios de la población, y en relación permanente con sus homólogos europeos, todo lo cual habría de contribuir muy positivamente al proceso democratizador». A este estado de cosas se uniría el giro de la Iglesia católica y el resurgir de unos nacionalismos periféricos, factores que contribuirían decisivamente a la dinamización de la oposición.

Ya en los orígenes políticos de la transición, llama la atención muy oportunamente Powell sobre la importancia de la diferenciación entre el Estado y el régimen, una diferenciación que caracteriza al sistema político autoritario en contraste con el totalitario y que, como señalan Linz y Stepan, facilita extraordinariamente la transición a una democracia que no requiere la previa transformación o construcción del aparato estatal. En este momento destaca también el autor la importancia de los estímulos externos en la transformación del régimen franquista y la existencia de una hipótesis de sucesión monárquica como apuesta fuerte de la dictadura que parece apuntar a la resignación del dictador con el restablecimiento de un orden liberal-democrático después de su muerte. Llegado el momento de la transición, Powell opta por definirla como transición por transacción, cuya originalidad «radica precisamente en que se inició «desde arriba» y paradójicamente se desarrolló mediante la utilización de procedimientos e instituciones contemplados en la legalidad franquista que se pretendía sustituir».

Se trata de un modelo de transición facilitado por la existencia de un monarca que sirve de puente entre el pasado autoritario y el futuro democrático, que exige la existencia de un régimen autoritario no demasiado fuerte, de modo que no pueda ignorar las demandas de la oposición democrática, ni demasiado vulnerable porque en tal caso los reformistas no podrían modular el proceso democratizador y que exige complementariamente un nivel relativamente bajo de movilización popular. A continuación, el autor sigue la pista del proceso político español desde la muerte de Franco hasta la aprobación de la Constitución, un proceso en el que destacan las habilidades de un inspirado «chusquero de la política», tal como se definió a sí mismo Adolfo Suárez. Este proceso se complementa con la elaboración de los Pactos de la Moncloa y la construcción de un frágil consenso preautonómico en que destaca el entendimiento logrado entre Suárez y Tarradellas.

A partir de este momento se pasa revista a los retos de la consolidación democrática. Se registran entre ellos el aumento en 1979 del voto de los partidos nacionalistas y de ámbito regional, los inicios de una crisis del partido de Suárez ligados a la pretensión de institucionalizar la UCD, el giro del PSOE con la dimisión y reelección de Felipe González, el nacimiento del Estado autonómico, el papel de las Fuerzas Armadas y el inicio de la crisis económica de 1979 que se prolongaría hasta 1985. Llegamos así a la crisis de febrero de 1981 y a los inicios del giro en la vida política española propiciado por el triunfo electoral del PSOE en 1982. Un triunfo electoral, y es una de las tesis fuertes de la crónica de Powell, que no obedece a un reajuste ideológico del electorado español, que permanecerá antes y después de 1982 amarrado al centro político: «En suma –escribe el autor– no fue el electorado el que se convirtió al socialismo para dar el triunfo al PSOE, sino el PSOE el que logró hacerse con el espacio político centrista para ganar las elecciones». Una interpretación que cuadra bien con la dinámica política abierta en 1982 y que Powell analiza con ponderación no exenta de simpatía. Divide la etapa socialista en tres períodos. El primero, caracterizado por la consolidación político-institucional y el ajuste económico. El segundo, presidido por el boom económico y el desarrollo del Estado del Bienestar, y el tercero, del año 1993 a 1996, marcado por una profunda crisis económica y política que se inicia con la pérdida de la mayoría absoluta y finaliza con la derrota electoral.

En general, la visión de la etapa socialista hace justicia a los logros del período: la política económica realista, los éxitos de la política exterior, la reforma militar, el impulso a favor del Estado autonómico y, muy especialmente, las importantes decisiones a favor del valor de la igualdad concretadas en el desarrollo de un significativo Estado del Bienestar. El logro de la universalización de las pensiones y el aumento del gasto en educación y sanidad serán las señas más sobresalientes del programa socialdemócrata puesto en práctica por el PSOE.

El desgaste socialista, más allá del cansancio fiscal de significativos sectores de las clases medias, estará ligado al peso de la política en la forma de corrupción y abuso del poder. Unos problemas que el «patriotismo de partido» generado por el PSOE en esos años, no hará sino agudizar y llevar por fin a la derrota electoral. Se iniciará con esta derrota el gobierno del centro-derecha español protagonizado por un PP renovado y favorecido por un marco económico favorable a lo largo del trienio 1997-1999. Un PP que ha sabido recuperar la historia liberal de España contribuyendo con ello a un redescubrimiento del pasado de España como nación y que, desde el poder, ha conseguido superar las alarmas de quienes lo dibujaban como el liquidador del Estado del Bienestar consolidado bajo la Administración socialista. Una línea de actuación que será recompensada por el electorado en el 2000, sabiendo apreciar la configuración de un proyecto político de alcance nacional, susceptible de compatibilidad con la dinámica del Estado autonómico.

Termina aquí el panorama trazado por Powell de estos veinticinco años de la reciente historia de España. En su epílogo, el autor reconoce el éxito de la transición. Llama la atención en este momento sobre la ausencia de responsabilidades de los protagonistas de la dictadura, una cuestión planteada por cierto con carácter general en los procesos de transición en el reciente libro de Alexandra Barahona, Carmen González y Paloma Aguilar (eds.), The Politics of Memory (Oxford University Press, 2001). Una ausencia a la que no cabe responsabilizar de la mayor o menor calidad de nuestra democracia, tal como ilustra el análisis comparado. Plantea también en este epílogo la valoración general del proceso de transición, subrayando la pervivencia de un problema nacionalregional en la forma de unos nacionalismos periféricos insatisfechos con los logros de un Estado autonómico visto por el autor como uno de los procesos más avanzados de reparto territorial del poder de la posguerra europea. Sirva como balance final del libro las últimas palabras del mismo: «Aunque en esta obra se ha pretendido huir en la medida de lo posible del triunfalismo y de la autocomplacencia que destilan algunos análisis de estos años, sería mezquino e injusto no reconocer que lo conseguido constituye un indudable motivo de orgullo colectivo».

01/09/2001

 
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