ARTÍCULO

La novela zurda

Espasa Calpe, Madrid, 230 págs.
Premio Primavera de Novela 2002
 

Luz Acaso quiere que escriban su biografía; Álvaro Abril es un joven escritor al que el éxito de su primera novela, El parque, le ha pasado factura convirtiéndolo en autor de biografías por encargo y en profesor de literatura creativa; María José desea escribir una «novela zurda», cansada de que el mundo sea explicado siempre con las limitaciones impuestas por la dictadura del lado derecho; y un periodista, especializado en reportajes, que anhela convertirse en novelista, son los cuatro protagonistas de Dos mujeres en Praga. Están condenados a encontrarse, a confundirse y a transformarse, por una «red invisible de casualidades». Esa serie de coincidencias, pequeños acontecimientos cotidianos, alcanzará su verdadero sentido dentro de un entramado urdido por la ficción: las confidencias falsas que Luz hace a Álvaro, como materiales para su biografía, contadas a su vez por Luz a María José y por Álvaro al periodista, hacen que todas las especulaciones sobre vidas no vividas acaben convirtiéndose en vidas realizadas.

Si en La soledad era esto (Destino, 1990) la persecución a la que voluntariamente se somete Elena, la protagonista, recordaba a los relatos fotográficos de Sophie Calle (algunos de los cuales se pudieron ver en 1996 en la sala de la Fundación La Caixa de Madrid), en Dos mujeres en Praga las continuas identidades que va adoptando Luz Acaso recuerdan a los falsos autorretratos de la fotógrafa Cindy Sherman, cuyas placas están protagonizadas por una mujer que adopta sucesivamente diversas personalidades (ama de casa, prostituta, vagabunda, actriz, inocente estudiante): una de las primeras series que realizó se expuso en la galería Juana de Aizpuru el año pasado. Juan José Millás (Valencia, 1946) construye sus ficciones como si fueran instalaciones artísticas. Y es que la «obra de arte», tal como afirma el reportero, «consiste en romper la norma».

Cuestionarse la norma es un asunto central en Dos mujeres en Praga: ¿por qué las fantasías no son consideradas reales?, ¿por qué unas calles de Madrid no pueden estar al mismo tiempo en la capital de la República Checa?, ¿por qué es más sugerente una novela que comienza con la frase «yo tenía una casa en África» que una novela que comienza con la frase «yo tenía un acuario en el salón»?, ¿por qué tiene que ser más importante lo que sucede que lo que no sucede?

Hay cierta conexión entre la novela de Millás y las teorías de Sartre, donde el valor de la elección es fundamental. El camino que se abandona no deja de existir, sino que existe de diferente manera. Como pueden existir los fantasmas. Como existen las pesadillas. Dos mujeres en Praga es una historia de fantasmas en un sueño, como es una historia de fantasmas en un sueño la que relata David Lynch en su película Carretera perdida. En una realidad topografiada (las calles y avenidas de Madrid que cualquiera puede recorrer ahora: Alfonso XIII, María Moliner, M-30, López de Hoyos...) se impone una lógica fantasmal.

Si cuando un miembro del cuerpo es amputado surge el dolor fantasma (un tema que ha ocupado la medicina y la ficción contemporáneas: de Oliver Sacks a Manuel Rivas), Juan José Millás explora la vida fantasma, la que se ha amputado pero todavía duele: donde son más importantes los hijos que no se tuvieron que los hijos que se tuvieron, las vacunas que no se pusieron que las vacunas que se pusieron, los padres que no conocimos que los padres que nos cuidaron. El periodista realiza un reportaje sobre los hijos adoptados e imagina que tiene un hermano gemelo del que fue separado al nacer; Álvaro Abril cree que es hijo de otra madre; Luz Acaso imagina que dio en adopción al niño que tuvo cuando era una adolescente. Donde mejor se instala ese dolor fantasma de la vida que no ocurrió es en el medio familiar: otros hijos, otros padres, otros hermanos, otras mujeres... Y otros yos. La obsesión por el doble, por el gemelo, por el uno escindido en dos, ha estado muy presente en las ficciones de Millás: era el asunto de Volver a casa (Destino, 1990). En Dos mujeres en Praga asume como propia la teoría de Marthe Robert (conocida en España por sus ensayos sobre Freud y sobre Kafka: nombres que no resulta difícil asociar al mundo obsesivo de Millás) de que sólo existen dos tipos de escritores: los que escriben desde la convicción de que son bastardos y los que escriben desde la creencia de que son legítimos. Millás ha resuelto que no quiere renunciar a la bastardía ni prescindir de la legitimidad (y por extensión no quiere eliminar la realidad para instalarse en la fantasía).

Al mismo tiempo que se construye la novela se elabora la teoría de la escritura. Mientras se renuncia a la ficción no se para de producir ficción: la carta a sus madres que escribe Álvaro Abril por encargo de su editor es fascinante. Cuando se niega la realidad una vez tras otra, la realidad se empeña en mostrarse en todo su esplendor. Como las vidas parecen imaginarias el sufrimiento resulta mucho más terrible. En un mundo que simula una apariencia de purgatorio (ese debe ser el lugar donde viven los fantasmas) todos los avances científicos –teléfonos, Internet, las ambulancias o los análisis genéticos–funcionan a la perfección, no se rebelan como en su novela No mires debajo de la cama (Alfaguara, 1999). En el juego de contrarios, Millás se muestra brillante. Cuanto más fabulosa parece la trama en la que están enredados Álvaro y Luz y María José y el reportero más transparente es la escritura (en Visión del ahogado, de 1977, el protagonista estaba divorciado y tenía una hija, exactamente igual que el periodista de Dos mujeres en Praga, pero la oscuridad se había adueñado de la novela). La trama conspirativa que dominaba Eldesorden de tu nombre (Alfaguara, 1986), donde los amantes tenían que soñar con crímenes a lo James Cain, se ha adelgazado porque todo funciona regido por una extraña ley: el orden es posible, quizá es inevitable, y el azar es el encargado de que así ocurra.

Es tan hábil enseñando lo fácil que resulta transitar por una cinta de Moebius sin caerse, mostrando que las cosas irreales también existen, describiendo fantasmas y urdiendo mundos obsesivos que Millás es su propio género y siempre resulta sorprendente. Dos mujeres en Praga es su mejor novela e ilumina un mundo dentro del mundo.

01/05/2002

 
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