Hoy quiero contar, pinceladas de brocha gorda, cómo hemos llegado hasta aquí, quiero decir, cómo es que un día, hace poco, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América dictó una sentencia en virtud de la cual se reconocía el derecho a contraer matrimonio a las parejas del mismo sexo; matrimonio, por cierto, que, en adelante, muchas veces voy a llamar, por distintas razones, entre ellas la económica –el no (ab)uso de excesivas palabras–, «matrimonio igualitario», aunque sea consciente de que la expresión no sea nada precisa, tan imprecisa como el término «matrimonio homosexual» o, mucho peor aún, «matrimonio gay».
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Cartas del director
DESDE EL ARCHIVO

Una ambiciosa panorámica y un resumen indigesto
JOSÉ LUIS GONZÁLEZ QUIRÓS

Ortega y Gasset escribió en cierta ocasión que la «historia sólo puede contarse entera»: claro que Ortega, tan aficionado a desconcertar, dijo eso como de pasada para aderezar mejor la historia que estaba contando, pero nunca se puso a intentar una tarea tan morrocotuda. Como para llevar a cabo [...]


 
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