Centrismo. Es decididamente un término debilucho y poco excitante y con frecuencia inspira escarnio, como una suerte de pálido purgatorio para quienes temen actuar con audacia o proponer ideas políticas creativas. O incluso algo peor: lejos de ser una filosofía coherente, es un popurrí de consideraciones, quejas y ansiedades relativas a otras filosofías. El centro es ese lugar donde prefieren aterrizar aquellos que no pueden comprometerse del todo con algo. Y el centrista es ese amigo formal que pide pudin de vainilla por miedo a que algo distinto pueda ofender a su delicado paladar.

Estas quejas comunes contienen más de una pizca de verdad, pero el centrismo no es necesariamente gris o incoherente. Propiamente entendido, el centrismo es un sistema filosófico consistente que pretende guiar a los sistemas políticos y culturales a través del cambio sin los paroxismos de la revolución y la violencia. El centrista, en este sentido, cree que ese progreso político y cultural se logra mejor con cautela, templanza y compromiso, no con extremismo, radicalismo o violencia.
Continuar leyendo

Apúntate al boletín de Revista de Libros
BLOGS
EL HEMISFERIO DOLIENTE
Descarge el índice de contenidos del nº 192
 
  Apúntate a RdL
 
Cartas del director
DESDE EL ARCHIVO

Teología y política
Ramón Rodríguez

Tras la indagación antropológica de Lo abierto y la incursión en la Epístola a los Romanos de El tiempo que resta en busca del sentido del tiempo mesiánico, Agamben retoma directamente la línea de trabajo que le hizo, hace ya años, ocupar un puesto de relieve en el panorama del [...]

 
  Archivo RdL
 
Patrocinadores RDL