Centrismo. Es decididamente un término debilucho y poco excitante y con frecuencia inspira escarnio, como una suerte de pálido purgatorio para quienes temen actuar con audacia o proponer ideas políticas creativas. O incluso algo peor: lejos de ser una filosofía coherente, es un popurrí de consideraciones, quejas y ansiedades relativas a otras filosofías. El centro es ese lugar donde prefieren aterrizar aquellos que no pueden comprometerse del todo con algo. Y el centrista es ese amigo formal que pide pudin de vainilla por miedo a que algo distinto pueda ofender a su delicado paladar.

Estas quejas comunes contienen más de una pizca de verdad, pero el centrismo no es necesariamente gris o incoherente. Propiamente entendido, el centrismo es un sistema filosófico consistente que pretende guiar a los sistemas políticos y culturales a través del cambio sin los paroxismos de la revolución y la violencia. El centrista, en este sentido, cree que ese progreso político y cultural se logra mejor con cautela, templanza y compromiso, no con extremismo, radicalismo o violencia.
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La soberanía de Dios: teología y teoría política
RAFAEL DEL ÁGUILA / SANDRA CHAPARRO

«Yo soy el Omnipotente, anda
en mi presencia y sé perfecto»


Gen. , 17/1

I

¿Son los conceptos más importantes de la teoría política, como sugería Carl Schmitt, conceptos teológicos secularizados? El libro que aquí comentamos, producto de una serie de reuniones internacionales y del trabajo de un conjunto de investigadores italianos, españoles, ingleses [...]

 
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