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Se vende integridad

Sangre de horchata

Luisa Castro

Alfaguara, Madrid, 2023.

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Una madre cuya presencia se reduce a una torpe llamada telefónica desde un sanatorio. Un padre en silla de ruedas que prepara la herencia de sus hijos en las ruinas de un palacio modernista. Un medio hermano escapista. Y la protagonista, Belén, que a sus 16 años empieza a descubrir una verdad flotante, esa mancha detrás del cuadro que esconden todas las familias, incluso las más privilegiadas. Aquellas que ocupan, como la de Sangre de horchata, una posición moral tan o más desahogada que la económica. Con estos elementos, Luisa Castro, poeta precoz y contadora de historias apegadas a los mundos cotidianos que leímos con atención desde que nos sorprendiera con El somier (finalista del Premio Herralde), regresa a la novela tras varios años de silencio narrativo, que no poético. Su obra tiene un valor generacional porque la suya siempre ha sido una voz valiente y meditada. Una voz capaz de susurrar con un cuchillo entre los dientes.

Fue la publicación de la primera novela de su hija, Xita Rubert, titulada Mis días con los Kopp, la que desencadenó un juego literario achispado por la excentricidad de una burguesía fuera del tiempo. Castro tuvo ganas de plagiar a la hija, de tirar de ese hilo para revolver entre los cajones de la impostura. Y de indagar de nuevo acerca de la estructura de una familia que se va derrumbando igual que las paredes de su palacete. Una familia que, a pesar de parecer privilegiada, despliega un desorden capaz de vulnerar la verdad y maquillar lo real hasta el extremo de vivir en la más absoluta decadencia sin demasiada consciencia de ello.

Castro pone la mirada en aquello que la perturba y la interpela. Y la familia, con sus vasos comunicantes que a menudo se estrangulan, es una de sus piedras filosofales. Familias que parecen sobreproteger a los hijos, pero que en verdad los abandonan. Que cometen una primera y fatal negligencia: la de arrebatarles su verdadera historia y crear un pasado oscuro y a la vez banal, como de cartón piedra. Sangre de horchata apela a la integridad y a la fina línea roja capaz de hacerla pedazos en un mundo donde todo se puede comprar, desde los hijos a los abogados. Y reverbera en la oscuridad ese conflicto que a pesar de la voluntad luminosa ―que en este caso representa la protagonista, Belén― no logrará enderezarse.

En las páginas de esta novela se perciben ecos de Natalia Ginzburg y su Léxico familiar, o de la voz tan distante como sarcástica de Rebecca West. Todo puede comprarse, incluso a los seres humanos, parece decirnos la escritora gallega, quien también recurre a la caricatura, a veces despiadada, de unos personajes vencidos por el peso de su yo. Y, como telón de fondo, la locura coquetea con ellos, a veces de forma latente, otras de puntillas. Cuando Belén ve por primera vez a su madre, cree que es una mendiga. «¿Cómo enfrentarse a esa madre decrépita, mal teñida, una madre apenas añorada conscientemente y que ahora es capaz de avergonzarla?». Pero ¿de qué lado está la cordura? llega a preguntarse el lector.

En la reconstrucción de la vida de Belén, que se narra los acontecimientos a sí misma, y cuya voz, fresca y desinhibida, marca el tono del libro, se intercalan algunos silencios que ella no intenta descifrar: desde la identidad bisexual del padre hasta el valor simbólico que adquiere la burocracia a través de firmas, herencias o testamentos. Castro juega con la verosimilitud dentro de la propia novela, y va destapando el encubrimiento de la verdad como parte de un juego perverso y adulto. Ella no podía más que ser hija de marino, de un hombre que, como aquel personaje de Cunqueiro, se parecía a Orestes, es decir, a Ulises. Castro sabe que el autor solo conjura al relato, o al verso, pero estos terminan armándose para hacerle ver cosas al autor. La literatura como un proceso de creación autoexploratoria, así la entiende ella, conocedora de que es el horror vacui el que te empuja a rellenar el vacío de la página en blanco.

La obra de esta escritora, que debutó con El somier con tan solo 24 años, está construida sobre su propia experiencia: ya se trate de la pérdida de su padre y el amor por él en su último poemario, Un amor antigo, o por su propia experiencia marital en su novela más sonada, La segunda mujer (Premio Biblioteca Breve en 2006). Solo que, en su caso, más que de «autoficción» deberíamos hablar, como sugería ella, de «autoexploración»: «Para mí hay una disociación inmediata (entre vida y obra) al tratar asuntos que haya podido experimentar, porque me distancio de ellos, lo que me permite sonreír ante mis propios sucesos, ser indulgente con otros e, incluso, cruel conmigo misma». Lo que se dice conocerse.

Dice también Luisa Castro que, escriba en castellano o en gallego ―como si lo hiciera en inglés o francés, añado yo― «estoy siempre ante una lengua extraña, extranjera, como diría Proust». Se refiere, claro, a la famosísima máxima del autor de En busca del tiempo perdido, perteneciente no a su heptalogía sino a Contra Sainte-Beuve, el libro que recogió póstumamente sus intuiciones estético poéticas que darían lugar a la mítica novela: «Los libros hermosos están escritos en una especie de lengua extranjera». Y es que, como ella sabe, cada escritor está obligado a crear su propia lengua; y a eso se dedica Castro desde que publicara su primer poemario, Odisea definitiva. Libro póstumo, allá por 1984. Pero, además, del juicio de Proust emana otra certeza que no debemos olvidar y que puede aplicarse a nuestra autora, porque los libros de Luisa Castro están escritos en ese idioma extranjero, la lengua de quien se busca ―y se vislumbra― a través de ellos. Sangre de horchata supone su regreso a la novela, tras años de silencio meditado y sentido, propio de quien no escribe para los focos, sino como una necesidad interior, íntimamente literaria.

Joana Bonet es periodista y escritora. Ha impulsado y dirigido varias revistas y ha trabajado con los principales medios de comunicación nacionales, escritos y audiovisuales. Sus últimos libros son Fabulosas y Rebeldes: Cómo me hice mujer (2019) y Chacón. La mujer que pudo gobernar (2022).

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Ficha técnica

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