Post scriptum: los «Caps» ganan la Stanley Cup

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Los Capitals, el equipo de hockey sobre hielo de Washington, la capital de Estados Unidos, han ganado la Stanley Cup de 2018 al ganar en Las Vegas contra el equipo local, los Golden Knights, cuatro de los siete partidos previstos para la final. Fueron miles los aficionados en trance de éxtasis los que asistieron, dentro y fuera del estadio de Washington, a la victoria de su equipo. La primera que cosechan en sus cuarenta y cuatro años de existencia. Y de la financiación de las horas extras del servicio de metro, los cien mil dólares que la compañía exige como compensación para una hora de recorrido extracurricular, contaron esta vez con la aportación de los mismos dueños del conjunto patinador, la empresa llamada adecuadamente Monumental Sports and Entertainment. En días anteriores, había sido el gigante televisivo Xfinity el que había decidido correr con los gastos. Como ya era sabido, los jeques del emirato de Qatar equivocaron sus pronósticos y prefirieron apostar por los de Las Vegas. Los washingtonianos, que no están acostumbrados a estos éxitos, quizá porque no han perdido del todo la humildad de pertenecer a una pequeña urbe de carácter rural y anticuado, no dejarán de tenérselo en cuenta cuando, en los próximos días, en plena Constitution Avenue, entre la Casa Blanca y el Capitolio, se celebren los fastos de la victoria.

Se hacen apuestas por saber si Donald Trump querrá esta vez recibir a los triunfadores en su mansión. No ha querido hacerlo con los vencedores de las ligas de futbol americano y de baloncesto como rechazo a la actitud que muchos jugadores de ambos equipos, en su mayoría afroamericanos, han mostrado contra las políticas presidenciales y, en particular, con lo que estiman mal trato de sus congéneres. Claro que entre los del hielo sólo hay un afroamericano, que además proviene de Scarborough, un barrio de Toronto, en la provincia de Ontario (Canadá), y la mayoría del resto componen un arco iris internacional en el que, además de algún local, figuran rusos, suecos, daneses, checos y canadienses. Pero, en fin, lo que queda es la Stanley Cup durante un año en Washington, Distrito de Columbia, Estados Unidos. Hace apenas un mes nadie, y ciertamente tampoco los cataríes, hubieran pensado que la gesta era posible. Ciento veintiséis años después de que la Copa fuera creada por un gobernador británico de Canadá que llevaba ese nombre. Y cuarenta y cuatro después de que los Capitals aparecieran en la helada superficie. Nunca es tarde si la dicha es buena.

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