Europa: poder, afecto y utopía


Poder y Derecho en la Unión Europea
José María de Areilza Carvajal
Madrid, Civitas/Thomson Reuters, 2014
275 pp. 45 €

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El último libro de José María de Areilza versa sobre el asunto al que ha dedicado lo mejor de su carrera académica: los avatares de la construcción europea. Su anterior ensayo formaba parte de una obra colectiva titulada Europa después de Europa, dirigida por Emilio Lamo de Espinosa, en la que sus autores desgranaban con lucidez las debilidades de la Unión Europea en un mundo poseuropeo y propugnaban una nueva proyección de Europa sobre el escenario internacional. Se trataba de un proyecto auspiciado por la Academia Europea de Ciencias y Artes, convertida bajo la presidencia de José Angel Sánchez Asiaín en un activo think tank dedicado al análisis de los desafíos que plantea la integración europea. La Academia celebra ahora sus veinte años de existencia con un libro, en el que bajo el título de Europa como aspiración y como tarea, el historiador Joaquín Rodríguez repasa la contribución de esta institución a los grandes debates europeos.

Las elecciones al Parlamento europeo del pasado mes de mayo han marcado un nuevo hito en la creciente desafección del electorado hacia el proyecto de integración europea. Partidos con programas contrarios a la propia Unión Europea han batido a las formaciones políticas mayoritarias en un país, como el Reino Unido, que se interroga sobre su permanencia en la Unión, pero también en Francia, uno de los Estados fundadores del proyecto de integración.

En un momento en el que prevalecen los sentimientos en los debates europeos, el libro de José María de Areilza nos sitúa en los argumentos de la razón. Pero el autor sabe que las ideas necesitan del motor de la emoción para ser verdaderamente movilizadoras. De ahí que su obra empiece y termine con la inquietud por la pérdida del horizonte utópico en el proyecto europeo y la apelación a recuperarlo como condición esencial para que pueda revitalizarse.

Pero, ¿no ha sido precisamente el exceso de utopía en la construcción europea lo que ha llevado ahora a este golpe de péndulo en favor de la recuperación de la soberanía nacional? Lo cierto es que las elites europeas han pecado de arrogancia en sus planteamientos integracionistas y no han sabido detectar las resistencias que iban fraguándose en amplios sectores sociales de algunos Estados miembros. Esta rebelión inesperada estalla en los referendos de 2005 sobre la Constitución europea con el triunfo del «no» en Francia y en Holanda. Y el malestar entonces todavía difuso acaba articulándose políticamente con propuestas contrarias a algunas de las realizaciones más ambiciosas de la construcción europea como el euro, la libre circulación de personas o el espacio Schengen. Entre medias, una severísima crisis financiera había debilitado la lógica de la soberanía compartida y ponía viento en las velas de quienes propugnan la recuperación de la capacidad para controlar los destinos de cada nación. Renace, pues, en Europa el fantasma del nacionalismo, esta vez para conjurar las amenazas reales o imaginarias de la globalización, de la inmigración y de la transferencia de poder a las instituciones de Bruselas.

En este debate tan decisivo para nuestro futuro se sitúa Poder y Derecho en la Unión Europea. El libro, en sus dos primeros capítulos, es una guía para perplejos del entramado institucional europeo, tan exuberante como incomprensible para el común de los ciudadanos. Pero también es una penetrante indagación sobre los motivos de la actual desafección que el autor asocia con el crecimiento incontrolado de las competencias de la Unión Europea y con el persistente problema del déficit democrático de las instituciones comunitarias. En realidad, ambas cuestiones son indisociables: el paradigma de una unión cada vez más estrecha implica una vocación expansiva de las competencias comunitarias. Pero una vez que una función estatal pasa a estar transferida a Bruselas, los ciudadanos pierden la capacidad de controlar con su voto el ejercicio de esa competencia, sustraída ahora a la supervisión directa de los parlamentos nacionales.

Las soluciones que propone el autor para estas deficiencias pasan, en primer lugar, por una unión de competencias limitadas en la que la integración no es la prioridad absoluta ni un objetivo en si mismo. Cuánta integración y para qué se convierten, así, en las preguntas clave para abrir un debate necesario en cada Estado miembro y Areilza no esconde su respeto por la manera en que esta discusión pública se produce en Alemania, al tiempo que brilla por su ausencia en España. En segundo lugar, el ensayo propone dar entrada en el Parlamento europeo a representantes de los parlamentos nacionales con el fin de que éstos puedan ejercitar su función de control sobre las competencias transferidas a la Unión Europea.

Además de estos importantes desafíos para la Unión Europea en su conjunto, el ensayo presta una atención muy especial al caso español en el tercer capítulo. Hay dos ideas que resultan especialmente pertinentes en la actualidad política de nuestro país. Una de ellas es que el Tratado de Lisboa define un régimen antisecesión que situaría a toda región que optara por la independencia en una posición extramuros de la Unión Europea. En consecuencia, se vería obligada a solicitar la adhesión en las condiciones fijadas para cualquier país tercero. Pero, además de este sistema legal, el autor recuerda a su maestro Joseph Weyler cuando argumenta que la secesión es incompatible con el espíritu del Tratado, ya que plantea una contradicción fundamental con el principio mismo de la integración.

La segunda reflexión sobre España se refiere a su papel en Europa. Si, en las últimas décadas, Europa ha sido el gran proyecto de la España contemporánea y los gobiernos españoles más activos han apostado siempre por un liderazgo basado en un sincero europeísmo, esta posición no sería ya sostenible en el nuevo contexto europeo. En la medida en que España quiera seguir influyendo en Bruselas, nuestros políticos no podrán mantener ya el lema de «más Europa» como un mantra que encuentra cada vez menos eco allende los Pirineos. La definición de un nuevo europeísmo más crítico y exigente constituye, así, la condición básica para recuperar nuestra capacidad de ser escuchados.

El libro acaba con una recapitulación de los dilemas europeos a la luz de la reciente crisis del euro, así como con una llamada a reinventar un horizonte utópico como pieza clave para devolver a los ciudadanos el afecto perdido hacia el proyecto europeo. Por lo que se refiere a la primera cuestión, el balance que hace el autor es decididamente mixto. Por una parte, la moneda común ha aguantado los embates de los mercados financieros y la lógica proeuropea ha prevalecido en los cálculos de los Estados miembros. Pero, por otra, se ha puesto de manifiesto la contradicción entre la necesidad económica de completar la Unión Monetaria con nuevas transferencias de poderes y recursos que, sin embargo, no son viables por la resistencia de los electorados a la cesión de competencias y la consiguiente pérdida de control político sobre ellas.

En cuanto a la revitalización del proyecto de integración mediante la asunción de un nuevo idealismo, Areilza traza algunas pistas de futuro: la compatibilidad del proyecto europeo con las democracias nacionales, la proyección de la Unión Europea en la escena internacional y la movilización de los jóvenes mediante un sistema europeo de voluntariado. Si las dos primeras tienen una plena justificación política, la última presenta un componente moral propiamente metapolítico, ya que implica el paso de una cultura que contempla al ciudadano exclusivamente como sujeto de derechos a otra que incluya también la entrega desinteresada al servicio de la comunidad.

La apelación final del ensayo a un europeísmo de nueva generación se ilustra con la cita de Goethe, siempre evocadora y sugerente: «Lo que has heredado de tus padres tienes que merecerlo para hacerlo tuyo». Y es que, como recuerda el autor en las primeras líneas de esta obra, no debe confundirse a la Unión Europea con la civilización europea. En esta última y en su legado moral se hallan las fuentes en que acabará surgiendo esa visión idealista que proporcione a los jóvenes europeos la inspiración para escribir el próximo capítulo de ese gran relato que es el proyecto de integración.

Fidel Sendagorta es diplomático y escritor. Es autor de Europa entre dos luces: ¿declive o resurgimiento? (Madrid, Biblioteca Nueva, 2007) y Décimas de Zamalek (Madrid, Biblioteca Nueva, 2013).

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